Miércoles, 20 Octubre 2021 08:51

Miserias, chicanas y trompadas, en el día de la grieta peronista - Por Fernando González

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El 17 de octubre mostró alejados a Alberto Fernández, Cristina Kirchner y la CGT. El peronómetro de Berni y la pelea con Albistur.

Además de ser la figura más importante de la política argentina, hay que reconocer que Juan Domingo Perón era dueño de una notable percepción. En 1973, el año de su regreso al país y de su retorno al poder, modificó esa suerte de bitácora del movimiento que son las 20 verdades peronistas.

Es que la verdad número 6 decía en forma contundente: “Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”. En la Argentina pasaban cosas siniestras y la interna del peronismo se venía dirimiendo a trompadas en el mejor de los casos, o con secuestros, o con atentados a balazos. Por eso, el líder, que moriría apenas un año después, le hizo un remiendo al sexto postulado. “Para un argentino no puede haber nada mejor que otro argentino”, agregó optimista. Pero no resultó. El peronismo y la Argentina toda terminaron en un baño de sangre que se llevó puesta hasta la endeble democracia.

Afortunadamente, los tiempos de los cadáveres como trofeos de guerra han pasado. Y hasta el peronismo ha aprendido algunas lecciones de aquellos días de intolerancia. Sin embargo, de tanto en tanto asoma el fantasma de la división y las derrotas electorales resucitan entre sus integrantes el demonio interno de la confrontación. Algo de eso pasa en estas semanas, agigantado por la debacle interna que ha generado el derrumbe en las PASO.

La celebración del Día de la Lealtad es una fotografía perfecta de lo que es este peronismo a la deriva. Alberto Fernández, Cristina Kirchner y la CGT no pudieron ponerse de acuerdo en compartir un festejo único para este descolorido 17 de octubre. La Vicepresidenta hizo su acto el viernes en la sede de la ex ESMA, junto a La Cámpora. El Presidente hizo volver al helicóptero que el domingo lo llevaba desde la Quinta de Olivos a la Casa Rosada, y no llegó a la Plaza de Mayo porque escuchó cómo lo maltrataba en su discurso Hebe de Bonafini.

Y la CGT prefirió hacer su encuentro el lunes, pese a que Máximo Kirchner les había pedido a los sindicalistas que no lo hicieran. Y que postergaran también el congreso para renovar autoridades previsto para el 11 de noviembre, solo 72 horas antes de las elecciones que pueden alumbrar otra derrota impactante para el peronismo. No hubo oradores para evitar más fricciones. Y se leyó un documento que denunció los “signos de ajuste económico” y el “destrato hacia la CGT”. La fría declaración elogió a Perón, pero jamás mencionó a Alberto ni a Cristina. Quien quiera oír, que oiga.

Los excesos de este verdadero “Día de la grieta peronista” tuvieron como protagonistas al flamante Jefe de Gabinete bonaerense, Martín Insaurralde, quien entró a la Plaza de Mayo custodiado por la barrabrava del club Los Andes de Lomas de Zamora (identificados con sus camisetas mil rayitas) e insultando a los gritos a la madre de Mauricio Macri. Y a los energúmenos que rompieron los carteles y pisotearon las piedras que recordaban a los muertos por la pandemia. Un pecado incomprensible para un movimiento político que ha sufrido como pocos la muerte en carne propia.

En medio de tanto despropósito, apareció Sergio Berni para agitar el peronómetro. El ministro que no logra ponerle ningún límite a la inseguridad bonaerense la emprendió primero con Alberto Fernández. “Yo no creo que sea peronista; se fue del peronismo, formó un partido propio y después volvió”, agitó en una charla por radio. Y después cargó contra Sergio Massa. “Creo que haber levantado la mano para endeudar al país no es una postura peronista”, lo provocó al presidente de la Cámara de Diputados. La paradoja peronista es que Berni ya anunció que abandonará al Frente de Todos, una vez que se conozcan los resultados (si son adversos, claro) de las elecciones del 14 de noviembre.

El domingo pasado, una crónica boxística e imperdible de Nicolás Wiñazki relató en Clarín como se trenzaron Berni y Máximo Kirchner después de la derrota del 12 de septiembre. Al ministro le gusta presumir de sus habilidades como karateka y de sus gritos militares para arengar a policías malpagos. Si se observan en detalle las estadísticas de delitos y crímenes cometidos en ocasiones de robos, se verá que el rigor que exudan sus relatos todavía no alcanza para atemorizar a los delincuentes reales.

Evidentemente, el nerviosismo por lo que pueda suceder con el peronismo en los comicios legislativos ha puesto a muchos de sus dirigentes en estado de exasperación constante. La semana anterior, fue la designación de la flamante portavoz (Gabriela Cerruti) la que enfrentó a dos viejos amigos como el Presidente y el publicista peronista Enrique “Pepe” Albistur. Según lo cuentan personas muy cercanas a los protagonistas, el empresario lo acusó a Alberto de no tener las agallas (quizás no dijo exactamente agallas) para ubicarla en un lugar menos relevante de la estructura burocrática porque se lo había ordenado Cristina. Esos mismos allegados impidieron allí que la discusión deflagrara en un triste combate amateur a trompazo limpio.

Homenajes divididos, frases ofensivas en público y alguna que otra gresca de ribetes decadentes y amagos de golpes de puño. El peronismo dirime sus miserias agresivamente porque intuye que lo peor está por venir. Tal vez, haya llegado la hora de volver a aquellas 20 verdades peronistas. El libro que las recuerda, firmado por Pablo Fernando Passano, se vende a $ 490 en Mercado Libre. Incluso se puede acceder en doce cuotas de $ 90 para esquivar al monstruo invencible de la inflación.

Tal vez, Perón agradezca no haber sido tan longevo como para comprobar el deterioro notable de aquel experimento político nacido hace setenta y seis años, en un país mucho más ingenuo y que soñaba con otro futuro. 

Fernando González

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