El aforista norteaméricano Mason Cooley decía: "Las excusas no cambian nada, pero hacen que todos se sientan mejor". Inundar la calle de pesos parece ser la nueva estrategia del Gobierno, ante los distintos desajustes que se encuentran pasando en la economía, y no solo ejerce presión sobre las distintas variables económicas como el dólar oficial, riesgo país, déficit fiscal entre otros; sino que imprimir pesos siempre dispara la inflación más rápido que temprano.
En ese sentido, si tomáramos la serie histórica del BCRA vamos a poder observar cómo se aceleró la circulación de billetes de todas las denominaciones, pero si ponemos mayor énfasis en el billete de mayor denominación, que es el de $1.000 (puesto en circulación a partir del 2017), veremos que éste se aceleró mucho más aun que los de $500, $200 y $100.
En otras palabras: con la misma velocidad con la que se imprimen billetes, el valor del peso va perdiendo su valor adquisitivo.

La pérdida del valor adquisitivo del peso es una de las principales consecuencias que genera los actuales niveles de inflación (según el último dato de INDEC es de 52,5% interanual), y evidentemente es lo que más impacta al bolsillo del ciudadano de a pie.

En el gráfico de abajo podemos observar lo antes mencionado: por ejemplo, en noviembre del 2011 cuando se efectuaban las elecciones legislativas se podía comprar harina con levadura a $4,98 pesos, para luego seis meses después, tener que pagarla a $5,67 pesos; es decir si lo ponemos en términos de un billete, en el 2011 con $1.000 se podían conseguir 201 unidades de harina, mientras que 6 meses después solo se podían comprar 176 unidades.
Lo mismo ocurrió con los demás rubros, tales como bebidas, artículos de limpieza o cuidado personal. Merece una mención especial el rubro de electrónica, en donde por ejemplo una TV Smart LED 52" en el 2013 se conseguía a $19.479, para luego, 6 meses después, tener que pagarla a $24.445: en términos de billetes, en el 2013 se necesitaban 19 billetes de $1.000 para conseguir esta TV, mientras que en el 2014 se necesitaban 24 billetes.

Por lo que, si analizamos los cuadros vistos anteriormente, se puede inferir que los costos de vivir con una moneda tan devaluada como el peso y además de no tener un salario que acompañe el nivel inflacionario, generan que una persona pague cada vez más por el mismo producto, lo que se traduce en una pérdida del valor adquisitivo.
Pero la situación no solo afecta en períodos eleccionarios. Si hacemos un breve recorrido histórico, el nivel inflacionario tuvo una relación directa con las medidas de política económica, debido que al finalizar cada mandato presidencial la inflación se disparaba; esto tenía un denominador común: el uso de restricciones para poder aminorar las consecuencias de la inflación, pero no atacando claramente a las causas.
Una de ellas fue el congelamiento de precios (herramienta favorita de los hacedores de política de esos años), dejando como resultado una mayor tasa de inflación.

Por ejemplo, en el cuadro de abajo vemos uno de los casos más sonados de nuestra historia sobre "congelamiento de precios", que fue en el año 1973, donde ya se vivía un nivel inflacionario cercano al 80% por lo que el ministro José Ber Gelbart comenzó a intervenir en la formación de precios lo cual en un cortísimo plazo funciono, pero al no existir consistencia en material fiscal y monetaria, se produjeron huelgas, desabastecimiento de productos básicos y una fuerte devaluación del peso que disparó el nivel inflacionario al 276% en 1976. Este es el primer precedente de la una crisis hiperinflacionaria en nuestro país.

La situación es clara: la batalla contra la inflación se encuentra perdida si siempre atacamos las consecuencias con medidas regulatorias, ya que siempre han tenido un efecto de desinflación de corto plazo, pero en el largo plazo nunca solucionó nada, porque los desequilibrios fiscales no fueron resueltos.
Es por eso que a medida que se deja pasar más tiempo en solucionar estas cuestiones, el billete de $1.000 será solo la punta del iceberg de la cantidad de billetes de mayor denominación que se necesitará para afrontar la crisis. El salario siempre intentará correr detrás de la inflación sin lograr alcanzarla, los productos en góndolas serán cada vez más escasos, es decir una serie de consecuencias que son perfectamente evitables si ajustáramos cuentas, porque de lo contrario, quien ajustará por la fuerza será el mercado.
En la edición reciente de La Noche de los Museos concurrí al Museo de Quinquela Martín y en una de las actividades del espacio había una pizarra donde los niños podían escribir y expresar lo que desearán. Nicolás de 16 años escribió lo siguiente: "'La inflación es siempre y en cualquier lugar un fenómeno monetario', Milton Friedman". Hasta un adolescente ya sabe luego de leer economía de tercer año que la inflación no tiene resolución por qué los políticos no quieren ordenar las cuentas fiscales y su Gasto Público. Es la sociedad que se viene. El pensamiento y racionalidad es la mejor arma para combatir la ignorancia del presente y del pasado. Hay futuro.
Quinquela Martín otorgaba la distinción de la "orden del tornillo" con la intención que todos los miembros a los cuales el homenajeaba sean cultores de la verdad, el bien y la belleza. Pocos políticos lo recibieron en aquel entonces. Ninguno lo recibiría ahora. Lo locos son más cuerdos en sus decisiones que la falsedad, el mal y la deformidad que promueven nuestros políticos con su accionar diario.
Damián Di Pace


Con la misma velocidad con la que se imprimen billetes, los pesos van perdiendo poder adquisitivo. Y en épocas post elecciones, esto se agravó