Domingo, 05 Diciembre 2021 12:17

La reunión de Martín Guzmán con Cristina Kirchner y la presión del Círculo Rojo a Horacio Rodríguez Larreta - Por Santiago Fioriti

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El ministro fue a verla al Senado: de qué hablaron y por qué siguen los rencores. La visita de la vice a Olivos. Los encuentros del jefe de Gobierno con empresarios y las preguntas incómodas. 

El miércoles pasado, a las 14.45, Martín Guzmán estaba sentado entre dos sillas con apoyabrazos, solo, en una de las salas que conduce al despacho de Cristina Kirchner en el Senado. Media hora después, el ministro seguía allí, esperando, con una carpeta en la mano, mientras revisaba los mensajes en su celular. Hubo algunos comentarios malintencionados de quienes pasaban y lo veían, pero por suerte en un momento se abrió una puerta y un colaborador de la vicepresidenta le dijo a Guzmán que podía pasar. 

A pedido de los protagonistas, la reunión no se comunicó. Los temas centrales fueron la negociación de la deuda con el FMI y el plan plurianual que se presentará en el Congreso, aunque no los únicos: la jefa del Frente de Todos está preocupadísima por la pérdida constante de reservas, por la presión de los ahorristas sobre el dólar, por la tendencia inflacionaria que el año próximo podría marcar un récord y por la inestabilidad social. Ve una bomba a punto de estallar y cree que no todos son conscientes de ello. Se refiere a algunos actores de su espacio, pero también de la oposición, a la que juzga irracional.

Cristina recibió por parte del economista un informe detallado del estado de situación de las tratativas con el Fondo y de la misión que viajaría a Washington (lo hizo ayer) para cerrar el “entendimiento técnico” que sería la base del nuevo programa de facilidades extendidas. Ella siempre tiene sospechas de que Guzmán le retacea información. Que no termina de entender quién tiene la lapicera y quién la última palabra. Su malestar no es nuevo y no solo está vinculado a la gestión. Por un lado, le sigue achacando el ajuste del primer semestre del año y su cercana relación con el FMI. Por otro, le molestan asuntos menos trascendentes para el país: lo que ella llama operaciones mediáticas. Le reprocha su vínculo con algunos medios y puntualmente con algún periodista crítico del kirchnerismo.

Pese a esas diferencias y a que alguna vez le dijo a Alberto que Guzmán era su “enemigo”, Cristina quiere llegar a un acuerdo con el Fondo y ahora entiende que ese compromiso debe acelerarse. Es el mal menor, según sus exégetas, que recuerdan que el kirchnerismo siempre ha honrado los vencimientos de deuda.

La Cámpora también da señales: en los últimos días se ha llamado a silencio sobre la cuestión, que es lo máximo que puede hacer hasta que el tema llegue al Parlamento y haya que votar después de haber difundido un video de Máximo Kirchner, bailando y cantando en contra del pago.

El diputado estuvo la semana pasada en Olivos. La relación con el primer mandatario sigue fría y va más allá del FMI. Máximo y su madre han dejado de hablar de una renegociación a 20 años de los 44 mil millones de dólares contraídos en la era Macri, que está prohibido por los estatutos del Fondo, y que era uno de sus caballitos de batalla internos a la hora de condicionar los movimientos de Guzmán. Esos pedidos quedaron en manos de grupos como Soberanxs, que está integrado por Amado Boudou, Gabriel Mariotto y Alicia Castro.

Aunque han dado un giro en los últimos días y toman distancia de esos movimientos marginales, Cristina y La Cámpora monitorean el humor social. Los inquieta el futuro, incluso si hubiera un acuerdo pronto con el Fondo. Temen que el ajuste que haya que hacer -que ellos niegan y acaso seguirán negando- detenga el incipiente repunte de varios indicadores de la economía.

Porque si bien es cierto que la inflación está altísima y que los desajustes macroeconómicos hacen inviable cualquier proyecto serio de crecimiento, en paralelo han aparecido ciertos datos alentadores. Chiquitos en medio de una crisis fenomenal, pero existen. El consumo masivo lleva cuatro meses consecutivos en alza, se ha recuperado el 75 % del empleo que se perdió en la pandemia y hay industrias -como la automotriz- que no dan abasto con la producción. Estos datos van de la mano de otro: este año el PBI crecerá en torno a los 10 puntos, que fueron los que cayó en 2020.

El Gobierno pretende recrear un clima de recuperación. Apunta a cerrar el año con un mimo a los jubilados, cuyos aumentos -por decreto- deprimen los ingresos de quienes ganan más de un haber mínimo. Sin revelar a quiénes beneficiaría, la titular de la ANSeS, Fernanda Raverta, anunció que se está estudiando el pago de un bono antes de fin de año. Eso fue el viernes. Unos días antes, Gabriela Cerruti había dicho exactamente lo contrario. En general, los portavoces de los gobiernos contradicen a las áreas o funcionarios que dicen algo de más. Fijan posiciones. En este caso fue al revés. No es un buen augurio para quien llegó al cargo con la premisa de concentrar la información y terminar con los off the record.

El mismo miércoles de la reunión de Cristina y Guzmán en el Senado, Alberto Fernández recibió en la Quinta de Olivos a su vice. Tampoco se comunicó, pero el encuentro fue confirmado a Clarín por altas fuentes de la Casa Rosada. Alberto, Guzmán y Cristina empiezan a cerrar el círculo. “Estamos todos en el mismo barco. Hay que firmar con el Fondo”, dicen quienes hablan con ellos.

Otras fuentes aclaran: “El acuerdo es inevitable y de imposible cumplimiento”. Se ve que Kristalina Georgieva lo intuye. La jefa del organismo acaba de decir que “todavía hay mucho por hacer” antes de firmar.

La oposición debate qué hará cuando el proyecto arribe al recinto. Si el oficialismo llega unido sería más fácil. “No podemos no acompañar”, dicen las voces más moderadas de Juntos por el Cambio. Pero ninguno dirá demasiado hasta que no se expresen las distintas agrupaciones que integran el kirchnerismo. Si hay ruido en las propias filas K podría complicarse el diálogo con la oposición, que no estaría dispuesta a votar una iniciativa que tenga cortocircuitos dentro del oficialismo.

Horacio Rodríguez Larreta, al que mucho miran para ver qué hará la oposición, baja el perfil. No quiere quedar en el centro de las discusiones ni ocupar el rol de principal oponente al poder de turno. Es parte de su estrategia rumbo a 2023. Le sirve, además, para no tener que expresarse frente a las internas permanentes de su espacio. Algunas escenas parecen un papelón, como las peleas de los radicales por los cargos en el Congreso.

Así lo dijo Gustavo Valdés, uno de los cuatro gobernadores de Juntos por el Cambio. El mandatario correntino arrastra enojos desde el domingo de la victoria, cuando los responsables de la seguridad de Costa Salguero le exigían una pulsera para poder pasar al escenario y él tuvo que gritar “¡yo soy gobernador, yo soy gobernador!”. Todavía le dura la bronca con Eduardo Macchiavelli, lo mismo que a Patricia Bullrich, que ese día pateó una puerta para entrar a una conferencia. Valdés ha hablado del tema con Gerardo Morales. El jujeño también resiste el estilo PRO.

El jefe de Gobierno se concentra en citas que no salen a la luz. Mantiene encuentros con diferentes actores del Círculo Rojo. Por momentos siente la presión. Antes del proceso electoral que terminó el mes pasado, el alcalde dijo que le gustaría ser presidente de una fuerza que albergue al 70 por ciento de la clase política. Ahora los empresarios le piden precisiones anticipadas sobre su modelo de país y sobre cuál será su vínculo con el kirchnerismo.

Elisa Carrió no lo ayudó demasiado en la previa de los festejos por los 20 años del ARI y la Coalición Cívica. En una entrevista con Clarín dijo que le “espanta” la relación de Larreta con Sergio Massa. Es una coincidencia notable con el pensamiento de Mauricio Macri. El jefe de Gobierno llamó ese día a Carrió para pedirle explicaciones. Lilita lo contuvo, pero no se desdijo. Al otro día volvieron a verse en Luján. Hubo más críticas.

Hace poco, Larreta se reunió a solas con Eduardo Eurnekian, uno de los empresarios más poderosos del país y uno de los cinco más ricos, según el último ranking de la revista Forbes.

Muchacho, ¿para qué querés ser presidente? —preguntó Eurnekian.

Larreta fue lacónico:

Quiero ser presidente desde los cinco años.

Santiago Fioriti

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