Una reconciliación política podría ser la solución para el Frente de Todos. Así lo piensan desde el kirchnerismo como en el albertismo. La realidad es que este 1 de junio se cumplen tres meses desde que se cortó el diálogo entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
El último cara a cara del Presidente y su Vicepresidenta fue el 1 de marzo para la apertura de las sesiones ordinarias de la Asamblea Legislativa donde se notó un saludo frío y distante con un breve cruce de palabras. Esa tarde se despidieron con un "chau" en las escalinatas del Congreso y nunca más volvieron a verse.
Las diferencias por el rumbo del gobierno, en especial por la gestión económica, profundizó la crisis interna. Primero por el rechazo al acuerdo con el FMI que derivó en la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque, luego los reclamos por los aumentos de salarios, más ayuda social, las retenciones, las tarifas y la inflación, llevaron a un punto de mayor tensión.
Hace unos días parecía que se había llegado una sensación de tregua ante los reiterados pedidos de unidad del Presidente. Pero Cristina sigue en silencio después del discurso en el Chaco donde afirmó que "no hay pelea sino debate de ideas", al referirse a la tensión con el jefe de Estado.
Tanto del albertismo como del kirchnerismo señalan la necesidad de una reconciliación interna pero ninguno quiere ceder lugares de poder.
La mesa política
Desde La Cámpora reconocen qué hay "conversaciones permanentes" con los aliados. Uno de los líderes de la agrupación, Andrés "el Cuervo" Larroque, volvió a la carga con sus declaraciones contra el Gobierno. "Sin unidad no se puede, con la unidad no alcanza", afirmó el ministro de Desarrollo bonaerense.
¿Qué es lo que reclama con esta frase? Ante la consulta de este medio, el kirchnerismo pide una salida política "con una mesa de discusión" entre todos los sectores de la coalición. "Tiene que ser con Cristina", insisten.
Básicamente que vuelvan los encuentros que se hacían en Olivos con la presencia del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, el ministro del Interior, Wado de Pedro, y el diputado Máximo Kirchner. También del lado del albertismo, con el protagonismo del canciller Santiago Cafiero y los ministros de confianza. La voluntad política de solucionar las diferencias está. Pero el kirchnerismo insiste en que "esa convocatoria tiene que salir del Presidente".
Mientras no se dé una reconciliación interna, reconocen que está en juego la elección del 2023. Ya se empieza a especular que, por la situación económica, Alberto Fernández podría desistir de una reelección. "Puede haber un candidato de unidad que no sea el Presidente ni Cristina", anticipan en el camporismo.
En el albertismo apuntan al kirchnerismo por la crisis interna, y aclaran que principalmente el "problema del gobierno es político". "Todo es demasiado exagerado por un relato", señalan en el entorno presidencial. La Rosada confía en que el Frente de Todos no se va a quebrar, pero deslizan alguna intención de "que alguien quiera que Alberto se vaya antes y profundice la crisis".
En cuanto a la mesa política que reclama el kirchnerismo, los leales al Presidente dicen que ya existe. "Lo que pasa es que los que manejaron siempre quieren que les obedezcan y así no funciona la política y mucho menos con un presidente", se quejan en el albertismo.
El otro interlocutor es el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, que volvió al centro de la escena con una agenda política que condicionó al Gobierno al lograr la modificación del Impuesto a las Ganancias y luego con un proyecto de ley para modificar las escalas de los monotributistas.
Mirada al 2023
Hay ambos sectores de la alianza coinciden que deben solucionar las diferencias sino de lo contrario tendrán una derrota en las elecciones del próximo año. Si bien consideran que falta para el armado de las listas, afirman que "es imposible saber hoy cómo va a ser el desenlace".
Desde el kirchnerismo apuntan a que el principal problema es la situación económica del país. "Lo económico no ayuda en nada. Más difícil aún es pensar en el futuro con estos niveles de inflación", analizan en el territorio bonaerense donde Kicillof peleará por un segundo mandato. "Lo que haga la Nación repercute en todos los distritos", afirman.
En la provincia de Buenos Aires hay una mirada más optimista sobre el futuro electoral. En el distrito más grande del país no hay balotaje y gana el que saca un voto más. Confían en que, si se divide el voto de la derecha, "hay más chances de un triunfo en PBA".
Natalia Vaccarezza


En el Gobierno esperan algún gesto de conciliación de la vicepresidenta luego de tres meses sin hablar. Qué reclama el kirchnerismo 