Domingo, 14 Agosto 2022 11:52

Lo que Sergio Massa elige callar, las balas de Elisa Carrió y el plan reservado de Mauricio Macri - Por Santiago Fioriti

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El debate en el Gobierno sobre cómo hacer el ajuste: en Economía dudan y Cristina monitorea todo. Entretelones de la crisis opositora: la incomodidad de Larreta y la aceleración macrista.

“Les pido un aplauso para Sergio, por favor”, dijo Juan Manzur. Los ministros obedecieron. Fue un instante de algarabía. Eran las ocho y media de la mañana del miércoles. La reunión había sido pactada para las ocho, pero Massa no pudo evitar su viejo hábito de llegar demorado, casi como si fuera parte de la ceremonia. Se trataba de su debut en las reuniones de Gabinete y habían decidido esperarlo para arrancar. “De pie que está llegando el primer ministro”, había dicho, al verlo entrar, uno de los funcionarios. Massa no podía oírlo entre tanto bullicio, pero ingresó al salón Eva Perón de la Casa Rosada con un sentimiento de satisfacción. 

La escena se fue volviendo menos artificial a medida que las voces se fueron apagando para oír solo la del ministro de Economía. Si en el primer encuentro con sus pares Silvina Batakis dijo que se venían tiempos de ortodoxia, su sucesor no pudo menos que retomar aquel hilo. Avisó que los gastos de los ministerios tendrán un tope, se quejó de los organismos públicos que reclaman presupuesto y tienen plata en plazos fijos, avisó que las reservas del Banco Central están tocando fondo por las importaciones de gas licuado y gasoil y ratificó la necesidad de achicar el déficit fiscal.

“No habrá 2023 si no terminamos bien este año”, auguró. En un momento, quizás el más apocalíptico de su intervención, dijo: “Hay números que no quiero decir porque somos muchos y después se filtran”, lo que estaría revelando, primero, que no termina de confiar en sus compañeros y, segundo, que la situación es peor, o incluso mucho peor, de la que él mismo imaginaba antes de asumir.

El 7,4% de inflación registrado en julio marcó un nuevo récord en Argentina. El relato oficial no parecería estar del todo atinado con las penurias de la sociedad. “Hay una sensación de estabilización en muchísimos temas”, sostuvo ni más ni menos que su portavoz, Gabriela Cerruti. Una continuidad del reciente “estamos en una crisis de crecimiento” de Alberto Fernández.

Podrían bastar dos datos para desarmar impresiones tan ligeras. Vestirse y calzarse, en el Conurbano, cuesta 100,5% más que un año atrás. Y la carne aumentó 253,28% desde diciembre de 2019, por encima de la inflación, que, según el Indec, marcó 196,55%. La promesa de la heladera llena para todos y todas puede esperar.

También puede esperar el pronóstico de Martín Guzmán, que fue enarbolado por el Presidente, de que el 6,7% de subas de precios de marzo iba a ser la medición más alta del año y que desde entonces iba a transitarse un camino permanente de descenso.

Ya nadie se acuerda de Guzmán, sí de su hoja de ruta, que se vincula mucho a la de Massa. Solo que la del actual ministro es más urgente, más dura para el bolsillo de la clase media y que, se supone, cuenta con el respaldo de Cristina. ¿Por qué se supone? Porque nunca dejan de ser sugestivos los silencios de la vicepresidenta y porque en las últimas horas han surgido controversias sobre la suba de tarifas y la quita de subsidios para quienes Guzmán había dejado afuera. Massa tampoco da precisiones sobre eso. Se sabe que el anuncio se postergó tres veces desde que asumió y que genera revuelo en la tropa cristinista. Mientras, los empresarios del sector no paran de presionar por las subas. Es lógico: las acciones de Edenor han dado un salto gigante.

El no nombramiento del número dos en Economía es otro signo de interrogación. Se trata de un cargo vital porque recaería sobre él la tarea macroeconómica. En el entorno de Massa habían confirmado el viernes 5 de agosto que el elegido era Gabriel Rubinstein y que sería anunciado esa noche. Horas más tarde, cuando trascendió que Rubinstein había destilado veneno contra la política económica kirchnerista y que se había burlado de las causas de corrupción de Cristina, la movida se enfrió.

El massismo asumió que la elección podía sufrir modificaciones, pero que en el peor de los casos se iba a anunciar el martes siguiente. Pasaron ya cinco días de ese último plazo. La procrastinación es un mal que aqueja al Presidente. Un mal que los ministros y el propio Massa han cuestionado durante buena parte de su mandato. Podría ser una pesadilla para el tigrense empezar a verse reflejado en esas aguas.

En lo que no vacila el titular de Hacienda es en paralizar el gasto de los ministerios, aunque en las últimas horas el massismo empezó a trabajar en algún tipo de asistencia para los sectores más postergados. "Hoy Sergio tiene todo pisado. Hablen con él”, se sinceró un funcionario de Desarrollo Social en una conversación con Eduardo Belliboni, el líder del Polo Obrero y autor intelectual del acampe del miércoles en Plaza de Mayo.

La frase les sirvió a los piqueteros para modificar su estrategia. Dejaron de protestar en la 9 de Julio, frente a la cara de Evita, y se instalaron en la puerta de la Casa de Gobierno. Lo decidieron después de confirmar en Economía lo que les habían dicho en Desarrollo Social. “El ministro está pensando en respuestas sociales”, dijo el representante de Massa en la reunión. Los líderes de las agrupaciones preguntaron si se estaba evaluando el pago de un nuevo bono, como el que implementó Guzmán en mayo y junio -un pago de 18 mil pesos en dos veces-, que benefició a siete millones de personas. “No sabemos”, les dijeron. “¿Eso es todo lo que tienen para decir? Entonces no hay nada más para hablar”, se despidió Belliboni.

Esa noche, los piqueteros durmieron en la Plaza. Las fotos aéreas estremecieron a un sector del peronismo, que no tolera que la izquierda le cope la calle. “Es un hecho histórico y compite con el 17 de octubre”, exageró Carlos “El Sueco” Lordkipanidse, un ex detenido desaparecido que estuvo dos años y medio en la ESMA, en un mensaje por WhatsApp que les envió a quienes dormían a los pies de la Casa Rosada.

El Gobierno no para de acumular problemas, pero tuvo algún síntoma de alivio cuando observó que la agenda mediática se concentraba en las peleas de Juntos por el Cambio, tan descarnadas que se convirtieron en un imán para lectores y televidentes. Un imán y a la vez un lastre para quienes se proponen suceder a Fernández en 2023. “Un papelón”, reconocen las voces más sensatas.

Las balas esta vez las disparó Elisa Carrió. Atacó muy duro a Patricia Bullrich, Rogelio Frigerio, Gerardo Morales, Cristian Ritondo, Emilio Monzó y Facundo Manes. Habló de negocios con Sergio Massa, entre otras cosas, y amenazó con irse de Juntos si no podía decir “la verdad”. Dijo, también, que lo había hablado con Mauricio Macri.

El fundador del PRO estaba empezando a cenar con Martín Lousteau y un grupo de dirigentes de Evolución en la cava de un restorán de la Costanera cuando se enteró de la segunda embestida de la líder de la Coalición Cívica. La primera había sido el lunes en TN; la segunda, el martes a la noche, en LN+. Los mozos estaban por servirle el asado.

—¿No sabés lo que acaba de decir Carrió? —le informó Fernando de Andreis, que estaba a su lado, y le mostró el celular.

A Macri le cambió el semblante. “Y dice que antes habló con vos y que tiene tu aval”, insistió De Andreis, frente a la mirada de Lousteau.

—¿Conmigo? Yo no tengo nada que ver —se desligó Macri.

Al menos tres de los aludidos por Carrió dicen que irán a la Justicia y que iniciarán una querella por calumnias e injurias. Para que se entienda la gravedad del asunto: van a querellar a una de las fundadoras de Cambiemos, con cuyo partido, al mismo tiempo, se preparan para suceder al kirchnerismo en 2023. No sería un buen presagio. ¿Podrían convivir si fueran gobierno?

Para Rodríguez Larreta fue un baldazo de agua fría. El jefe de Gobierno recibió mensajes que lo presionaron a expresarse en público en contra de Carrió. Lo hizo con un comunicado. ¿Se habrá enojado Carrió con él?

No fue la mejor semana para Rodríguez Larreta. La detención de un automovilista que intentó cruzar un piquete lo descolocó. Lo mismo que el acampe en Plaza de Mayo. Desde la Ciudad intentaron impedir que los piqueteros durmieran en la calle. Querían que circunscribieran la protesta a la Plaza y que no se cortara el paso de los coches. No pudieron.

Macri evitó cuestionar a Carrió, lo que generó malestar entre las “víctimas” de la ex diputada. Sobre todo, de uno de ellos, al que tuvieron prácticamente que sedar para que no se pronunciara en los medios. El ex presidente les dijo a sus colaboradores que no era hora de recrudecer las diferencias y que lo primordial es concentrarse en un plan para 2023.

“Mauricio está más puro que nunca. Ideologizado al máximo”, contó uno de sus interlocutores habituales. Asesorado por Nicolás Dujovne, Macri sostiene que hay que ir a un severísimo plan de ajuste, aunque no revela si se ve a sí mismo llevándolo adelante o si piensa que lo puede ejecutar algunos de los candidatos del PRO. Insiste en la reducción de ocho puntos del PBI, lo que equivaldría a cerca de 35 mil millones de dólares de recortes.

¿Cómo piensa hacerlo? El plan se basa en cuatro ejes. Reforma previsional (“revolucionaria”, anticipan), cambio radical en el esquema de subsidios, reforma del empleo público y modernización del modelo de empresas del Estado. Alguien le recordó a Macri las toneladas de piedra que se tiraron en el Congreso por un objetivo más modesto.

Macri respondió que hay que prepararse para eso, y para cosas peores. Pero que esta vez hay que hacerlo.

Santiago Fioriti

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