Viernes, 28 Junio 2024 14:40

El nuevo “proyecto K” está en marcha: el plan para que Kicillof salte a nivel nacional y arme su candidatura presidencial - Por María José Lucesole

En la agenda del gobernador se multiplican las reuniones con sus pares fuera de la Provincia; cultiva la unidad del PJ pese a los embates de La Cámpora y apuesta por la militancia callejera ante Milei 

Axel Kicillof vive en la Casa de Gobierno bonaerense, pero los vecinos de la calle 6 se acostumbraron a cruzarlo como un ciudadano de a pie. Los fines de semana es habitual verlo salir junto a su compañera Soledad Quereilhac y sus dos hijos a pasear o a tomar mate por los parques de La Plata. Sale caminando o en bicicleta y se detiene a saludar a cada vecino que le conversa, le pide una foto o lo abraza. No tiene reelección en la provincia más grande del país, pero vive y gobierna en clave política. El plan no es volver a su casa. 

En tres años, la familia intentará mudarse a la quinta de Olivos, la vivienda oficial del Presidente de la Nación Argentina. El “proyecto Kicillof” para 2027 está en marcha. Hoy el gobernador está abocado a la gestión de la Provincia, pero tiene como meta última ser el nuevo líder del proyecto nacional progresista. “La jugada de Axel es reconstruir un proyecto nacional para 2027. Con una parada obligada en 2025″, admite uno de sus ministros, que lo acompaña a casi todos los actos políticos.

De cara a ese proyecto, Kicillof comenzó a caminar más allá de la provincia de Buenos Aires. El mensaje es que busca coordinar y cooperar con otros gobernadores ante la ausencia o la deserción del Estado Nacional. Bajo esa consigna ya fue a Santa Fe a reunirse con Maximiliano Pullaro y a Chubut para verse con Ignacio Torres.

Este viernes llegará a La Pampa para firmar un acuerdo de seguridad rural con Sergio Ziliotto y la próxima foto será el lunes con el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela. Mientras tanto, sus funcionarios tejen acuerdos de gestión con otros gobiernos, como el de Córdoba. Y abren el camino para una foto con Martín Llaryora.

Los gobernadores peronistas Quintela (La Rioja) y Ziliotto (La Pampa) son junto a Kicillof el tridente más opositor al gobierno de Javier Milei. Pero el bonaerense habla seguido, además, con el peronista Gildo Insfrán (Formosa), el radical K Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y el provincial Gustavo Melella (Tierra del Fuego).

Incluso, a la hora de coordinar la resistencia a determinados puntos de la agenda de Milei, dialoga con los 23 gobernadores en un gesto de apertura que hubiera sido impensado en los más férreos años de militancia ultrakirchnerista. El martes que pasó se sentó con todos sus pares en un acto federal por la AMIA.

La idea de Kicillof es intentar consolidarse como líder de la resistencia al proyecto libertario de Javier Milei. Pero dado que el Presidente mantiene diferencias más allá del peronismo, el gobernador bonaerense dialoga con todos los mandatarios. La semana que termina dialogó incluso con Jorge Macri, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires que, en el plano ideológico, se encuentra en las antípodas de Kicillof.

Desde el llano

Lejos de abocarse sólo a esa construcción, Kicillof tiene más inclinación a mostrarse en el llano. Marchó por las calles de la Capital como abanderado del rechazo a la Ley Bases, como líder aceptado por columnas de intendentes, sindicatos, organizaciones sociales y militantes.

Los intendentes que en 2019 lo resistieron son los que ahora mismo apalancan su proyecto nacional: Mario Secco (Ensenada), Fernando Espinoza (La Matanza) y Jorge Ferraresi (Avellaneda) son algunos de los más activos en el proyecto de instaurar a Kicillof como conductor del movimiento peronista de cara a 2027. Más allá de que en este armado puedan esconder la intención de sucederlo como gobernador de la provincia de Buenos Aires, son activos militantes por instalarlo como referente nacional del peronismo de la resistencia a Milei.

El peso de esos municipios es más importante que el de varias provincias y Kicillof se sujeta a sus avales pese a que en el medio tenga que pagar, como contra moneda, algunos tragos amargos como sacarse fotos con Espinoza el día en que el alcalde de La Matanza fue procesado por abuso sexual.

Kicillof necesita de esta construcción política de alcaldes porque no tiene un partido propio, ni un movimiento: eso es lo que intenta armar, pero sin ocupar un rol formal en la presidencia del Partido Justicialista provincial. Lo de Kicillof es la búsqueda de un espacio más amplio que contenga a sindicatos, movimientos sociales y un cruce transversal de militantes. El actual vicepresidente del PJ nacional no tiene en mente ser candidato para presidir el partido en las elecciones internas de noviembre. Sin embargo, busca ser el conductor del movimiento.

El economista, que llegó a ser nominado gobernador de la provincia más grande del país bajo el designio de Cristina Fernández de Kirchner, tiene por primer desafío salir del escarnio público al que lo sometió quien fuera su mentora. Kicillof se vio relegado en su propia provincia durante el acto de Quilmes el 27 de abril, que marcó el regreso de la expresidenta. Cristina no subió al escenario al gobernador y dejó en claro que ella aún tiene la lapicera y el apoyo de los intendentes de La Cámpora.

Pero Cristina Kirchner no cortó los lazos con Kicillof tras ese acto donde le marcó la cancha. “Hablaron y hasta se encontraron”, aseguró un ministro que sigue de cerca los movimientos políticos del gobernador. “El vínculo entre los dos fue cambiando. Ahora él busca su espacio propio, más allá del respecto que siempre tendrá por la expresidenta y eso naturalmente genera resistencia entre algunos sectores que prefieren que sólo sea un candidato que no opine en el armado”, afirmó uno de los artífices del “proyecto Kicillof”.

El Gobernador hace equilibrio entre los que resisten su conducción. Mayra Mendoza (Quilmes) se atrevió a desafiar a Kicillof dentro de la Casa de Gobierno, por las incursiones de sus armadores en los distritos gobernados por la agrupación juvenil que sólo responden a Máximo Kirchner.

El gobernador resiste los embates y sigue armando y convocando a la unidad. El 1 de Julio -día del 50 aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón- el equipo de Kicillof prepara un acto en la Quinta 17 de Octubre, de San Vicente, para el cual piensa invitar a todos los intendentes e incluso a Máximo Kirchner, presidente del PJ bonaerense. También estarán invitados los gobernadores del PJ.

Quintela fue el primero en confirmar que asistirá. El gobernador de Buenos Aires sueña con que acepten la invitación que hizo personalmente esta semana otros pares peronistas. Por ahora sólo confirmó el mandatario de La Rioja. La foto marcará más las ausencias que las presencias bajo la conducción de Kicillof en esta provincia: hay un grupo de los 80 intendentes peronistas que aún lo resiste. Son los que aún responden al desplazado jefe de Gabinete Martín Insaurralde, a La Cámpora o Sergio Massa.

El mandatario busca una y otra vez eludir los intentos de limar su figura -jugada que observa con un intento de dejarlo afuera del armado de listas de 2025- y posicionarse en cambio como conductor natural de la resistencia, desde las calles. La construcción política de Kicillof es “desde abajo hacia arriba”, dicen en su entorno. Pasó del Clio que lo llevó a recorrer cada pueblo de la provincia en 2019 a la combi que lo trasladó a un encuentro privado con el Papa Francisco en El Vaticano.

Kicillof arma proyecto desde la plaza del Congreso, antes que con acuerdos de cúpulas con Máximo Kirchner, a quien no obstante buscará sumar a la foto de unidad. De hecho, encargó el acto en la quinta de San Vicente a la dirigente de La Cámpora Florencia Saintout, quien invitará a todos los sectores del peronismo provincial y nacional. Será un termómetro del estado de consolidación o rechazo al proyecto de conducción que busca encarnar Kicillof. El nuevo peronismo sin Perón. El nuevo proyecto K.

María José Lucesole

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