Maria Sylvina, tenia 21 años y estudiaba abogacía. Como toda adolescente en plena etapa de madurez se había lanzado a descubrir Europa y ese Paris que desde el kinder le habían enseñado a amar sus educadores del Colegio Francés. En esa conquista de reencuentros con sus ancestros italianos y en esa ansiedad por conocer el sentir, el sabor y el color de cada piedra con la que se fue construyendo el viejo continente, recaló un día en Florencia.
Enamorada de la ciudad de los palacios, le dijo a la encargada del hotel que partía a visitar un museo en el centro de la ciudad. La señora le advirtió que tuviese cuidado en esa zona ya que todo estaba muy derruido. No hubo más diálogo. Minutos después, Maria Sylvina era herida mortalmente en la cabeza al desprenderse un farol de la mampostería de un viejo edificio. Los medios de comunicación ya habían llamado la atención muchas veces a la alcaldía sobre el estado de ese predio y nunca nadie se había hecho eco de los reclamos.
El artículo publicado el día de hoy sobre la caída de un andamio en Villa Devoto que mata a una joven de 20 años que caminaba por la vereda, me hizo revivir esta narración. Como parte de las primeras diligencias del caso, desde la fiscalía imputaron al arquitecto encargado de la obra en construcción de la que se habría desprendido la estructura de madera. También la empresa constructora está ahora bajo investigación.
Mientras tanto, más allá de especular sobre quien tiene la culpa de este fatal accidente y mientras las disyuntivas burocráticas decidan que van a hacer, es imprescindible advertir a los transeúntes, por medio de carteles, o fajas de seguridad, sobre los riesgos que presenta el inmueble y protegerlos de algún otro fatal accidente. Que luego no sea demasiado tarde. Mi pesar a su familia. María Sylvina era mi hermana, falleció el 7 de agosto de 1978.
Gentileza para
