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Después de un par de meses de vacaciones en el sur, Mauricio Macri marcó con rojo el mes de marzo en su calendario político: es cuando se convertirá oficialmente en el presidente de PRO, ese partido vecinalista luego nacionalizado que fundó hace más de 20 años, identificado con el amarillo gracias a la inventiva de un fallecido publicista. Era un color que nunca se había usado en la política local. 

La reunión fue a agenda abierta; el funcionario norteamericano y el Presidente saludaron desde el balcón de la Casa Rosada 

Tres dirigentes que se mostraron cercanos al kirchnerismo para acceder a fondos públicos sin controles ni auditorías para vender el sueño de la casa propia. 

Hubo escasas auditorías y demoras en las revisiones que permitieron que se manejara como una caja política; distintas universidades y organismos públicos quedaron en la mira 

Javier Milei reveló en Corrientes que estimula controversias con dirigentes y artistas para destacar los supuestos excesos de “gobernadores e intendentes “con “recursos usurpados al sector privado.” Pero el Presidente omitió una ventaja adicional del método aconsejado por Santiago Caputo para promover ese debate dicotómico con lo que denomina la casta. Contribuye a evitar que esa agenda incluya temas cuya difusión resultaría perjudicial para el gobierno. 

¿Aguanta? La pregunta es, por estas horas, la más recurrente. No hace falta explicar a qué nos referimos. La reaparición de Cristina Kirchner con un texto extenso, emulando sus largas cadenas nacionales o las presentaciones de su libro Sinceramente, dejaron la posibilidad de varias conclusiones. Por un lado, la extrema polarización del escenario político argentino y su continuidad pueden darle un aire adicional a Javier Milei. Agitar la idea de que podría no terminar su mandato genera el efecto contrario.

Congreso va, Congreso viene, Unión por la Patria vuelve a tensarse. Sergio Massa aplazó el suyo cuando se enteró que Máximo Kirchner había convocado al PJ. Kicillof, al margen, mira perplejo.

Néstor Otero, concesionario de la Estación Terminal de Ómnibus de Retiro, es un hombre de suerte. Quizá sea el único argentino que ha logrado pagar el mismo alquiler, sin modificación alguna, desde septiembre de 2020. Nadie se atrevió a tocar el sagrado monto que el empresario tiene que pagar todos los meses para explotar 12 hectáreas, un edificio de casi 400 metros de largo con tres niveles y alrededor de 15.000 metros cuadrados, con amplios estacionamientos, un lote que se alquila a una estación de servicio, un centenar de dársenas y 206 boleterías, además de los locales comerciales. 

La ministra de Capital Humano le anticipó a su equipo que quiere renunciar, acechada por las críticas de las organizaciones sociales y la negativa de su par de Economía a darle más fondos. 

De las cooperativas de Juan Grabois a los negocios de Lázaro Báez y los planes de Boudou. Un invento del menemismo que terminó en el show de la corrupción 

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