Mariano Pérez de Eulate

En el país de las grietas y las polarizaciones, la noticia de que un grupo de gobernadores de diferentes partidos armará un “frente electoral” sacudió bastante el tablero político e interpela directamente tanto al pero-kirchnerismo, hoy la oposición más dura, como al Gobierno nacional. 

Las repercusiones políticas de la caída del proyecto Ficha Limpia en el Senado nacional, trámite en el que el Gobierno nacional quedó salpicado de sospechas por su supuesta connivencia con el peronismo para voltearlo, se proyectan sobre la elección del próximo domingo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la que se juega un duelo crucial: ya no quién ganará el comicio para la Legislatura sino qué fuerza del espectro de centro derecha sacará más votos. Si La Libertad Avanza o el macrista PRO, que es el oficialismo en el distrito. 

El proyecto Ficha Limpia siempre fue incómodo para el gobierno de Javier Milei. 

Tal vez haya sido el mayor revés legislativo para el gobierno desde su asunción. La caída de los pliegos de Manuel García Mansilla y Ariel Lijo para la Corte Suprema interpela en forma negativa directamente al presidente Javier Milei, que absorbió todos los costos previos. 

La pérdida de la capacidad de fijar agenda tal vez sea uno de los mayores temores de los estrategas comunicacionales del gobierno de Javier Milei, que se habían mal acostumbrado a esa dinámica. Es que durante el primer año de gestión, con un Presidente en la cresta de la ola de aprobación popular, les salió muy bien aquella estrategia. Pero el escándalo cripto, que involucró personalmente al jefe de Estado, marcó una suerte de freno. Desde entonces se nota mucho más, incluso con giros desfavorables para la Casa Rosada, la pelea de imposición de la realidad por sobre el relato. Podría decirse que antes era al revés: la narración pesaba tanto que moldeaba la percepción social de los eventos. Hoy el poder procura volver a ese estatus ideal. Lucha por eso. 

No hay forma de que la acordada de la Corte Suprema que no dio lugar la licencia del juez federal Ariel Lijo -rechazando así su ingreso al Tribunal al menos por ahora- no sea leída como una derrota del gobierno, que pretende imponer al polémico magistrado por decreto. En rigor, sería el segundo golpe para Javier Milei: el primero fue cuando no logró que su pliego fuera votado por el Senado, a pesar de contar con el dictamen de comisión correspondiente que habilitaba el tratamiento en el recinto. 

Con el veto a la ley de financiamiento universitario, las reacciones sociales al mismo y la posibilidad cierta de que el Congreso lo deje sin efecto en unos días, el presidente Javier Milei obtuvo la confirmación de que esa es una de las cuestiones más endebles en su cruzada de ajuste que busca un cambio para la Argentina. Un talón de Aquiles que, aún con un argumento acético de lógica fiscalista (no se puede gastar en nada sin una partida presupuestaria que respalde ese gasto), lo pone ante un desafío bastante interesante porque es un tema tan transversal que incluso lo enfrenta a votantes de su propio espacio. 

Ejerce una manera innovadora de gobernar, lo que no necesariamente es un elogio. El desborde, como método. "Diplomacia anraquista" y la "lógica del supehéroe". 

Mientras se enfoca en administrar la escasez por el recorte de fondos nacionales que sufrió la Provincia, a Axel Kicillof se le ha abierto un frente político interno que impacta en la salud de la alianza de facciones peronistas que lo respaldan. A esta altura ya es inocultable la distancia que mantiene con Sergio Massa, cabeza del Frente Renovador. Es uno de los espacios que tienen representación en la Legislatura y hoy se cuentan como parte del oficialismo. 

Después de un par de meses de vacaciones en el sur, Mauricio Macri marcó con rojo el mes de marzo en su calendario político: es cuando se convertirá oficialmente en el presidente de PRO, ese partido vecinalista luego nacionalizado que fundó hace más de 20 años, identificado con el amarillo gracias a la inventiva de un fallecido publicista. Era un color que nunca se había usado en la política local. 

“¿Javier Milei es o se hace?”, se pregunta la política vernácula. El Presidente es una máquina de ganar enemigos. Pero lo hace con la actitud de un jefe de Estado hiper-empoderado, con dominio real sobre la política en general y en especial sobre los otros dos poderes del Estado: el Legislativo y el Judicial. Algo que no es.

No es tanto lo que se dijo. Tampoco quién lo dijo. Lo notable del escandalete en torno a lo que pasó en Gran Hermano es que el Gobierno lo haya tomado en serio; que lo convirtiera casi en un ataque político cuando se trató de un dislate incomprobable pronunciado por un Don Nadie que, desde ayer, y gracias a los oficios de la vocera presidencial Gabriela Cerruti, ha pasado a ser una suerte de celebridad. 

La Argentina arroja postales de país invivible, caótico, en algún punto sublevado. Cualquier zapping devuelve una cierta sensación de orfandad de algo. 

Sergio Massa regresó de su gira por Estados Unidos como si hubiera ganado el mundial de Qatar. Exultante y autopercibido como más fortalecido de lo que estaba antes de irse, que era bastante. Es probable que, hacia adentro del Frente de Todos, así sea: hace rato que el eje de poder interno se ha desplazado hacia el ministro de Economía, en término de gestión, y hacia Cristina Kirchner en relación al liderazgo político. Todo esto, claro, en desmedro de la autoridad del presidente Alberto Fernández. 

De todas las incógnitas que ha dejado el cambio en el ministerio de Economía, el mundo político se pregunta cómo seguirán los equilibrios internos en la alianza oficialista después del fin de semana de furia que se vivió en Olivos. Por ejemplo, ¿seguirá Sergio Massa haciendo el rol de equilibrista entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner después de la decisión, aparentemente no compartida por el diputado, de designar a Silvina Batakis como reemplazo de Martín Guzmán? 

En su trabajo constante de desgaste de la figura presidencial o, lo que es igual, de despegue personal del rumbo errático para manejar la economía que muestra la gestión de Alberto Fernández, Cristina Kirchner avanzó el lunes un paso más allá de la crítica a los “funcionarios que no funcionan”: directamente salió a fulminar a los movimientos sociales que respaldan al Presidente.

Incorporó a gente de su espacio a la conducción provincial del PRO. Tensión con Jorge Macri y otros. La interna con Larreta 

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El sistema político argentino está viviendo algo inédito: no se recuerda en la historia reciente un nivel de influencia tan alto de un gobernador bonaerense en las decisiones de gestión del gobierno nacional como el que parece tener Axel Kicillof. Eso lo ubica en una situación de tensión inevitable con el presidente Alberto Fernández y buena parte de su gabinete, aunque las formas seguirán siendo guardadas al menos hasta las elecciones legislativas de este año.

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