Miércoles, 05 Mayo 2021 14:35

Vamos por todo, aunque nada quede - Por Omar López Mato

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Cuando la noche del 25 de octubre de 1917, un grupo de Sóviets pudo acceder al Palacio de Invierno, pasaron varias horas recorriendo sus pasillos hasta encontrar la sala en la que se reunían los ministros del gobierno provisional encabezado por Aleksándr Kérenski quien, en esos momentos no se encontraba en el edificio.

Desde su escondite, Lenin había fogoneado la toma del Palacio, a pesar de que los bolcheviques estaban lejos de ser la mayoría en el Congreso de los Sóviets. Su posición era más que comprometida, muchos lo veían como un traidor al servicio de Alemania, cosa que lo obligó a tomar distancia de San Petersburgo (por entonces llamada Petrogrado) refugiándose en Finlandia, desde donde conducía al Partido. Solo su determinación y la convicción de sentirse acorralado lo empujaron a forzar su posición. La política de avanzar hacia su objetivo de tomar el poder, lo inspiró en todo momento. Ante las dudas y vacilaciones de sus opositores, dispuestos a zanjar diferencias o negociar posiciones, Lenin mantuvo una posición casi obstinada. Siempre intentaba imponer su punto de vista.

Desde entonces, el modelo de Lenin ha sido el que han seguido los líderes revolucionarios para tomar el poder. A fin de lograrlo, deben demostrar una férrea conducción, ser implacables, avanzar, aunque se cometan errores, aunque parezca que no cuentan con la mayoría, aunque todos estén en contra. Deben fijar objetivos y seguirlos, porque de no vencer, su suerte será funesta.    

¿Qué más tienen que perder la Sra. Fernández de Kirchner y los suyos? De retractarse, de ceder, de admitir sus culpas, de claudicar ante la justicia, todo su mundo caerá como un castillo de naipes. Un núcleo monolítico la rodea y a pesar de disparates, y aparentes contradicciones, ella marcha a paso firme:  vamos por todo. La ayuda la historia. Lenin, Mao, Castro, Chávez, han marcado el camino. El poder se construye con determinación, jamás con diálogo. Es el poder o la cárcel. No hay grises.

Cometemos el error de considerar la política mundial con la percepción maniquea de la Guerra Fría. Entonces eran los comunistas o los capitalistas. Occidente contra la Cortina de hierro o la de bambú, bolches contra fachos. ...Pues no, el mundo cambió. El comunismo se convenció que su economía colectivista no funciona, la caída del gobierno soviético así lo demostró. El capitalismo percibió que las posiciones ultraliberales no son siempre efectivas, que la competencia despiadada puede conducir al fracaso o mejor dicho, al rechazo de gran parte de la población, que la ley de oferta y demanda solo es válida si las partes tienen acceso a la misma información. Hoy, el comunismo y el capitalismo deben disfrazarse para subsistir.

El gran enfrentamiento del Siglo XXI es entre gobiernos republicanos y gobiernos autocráticos. Cristina Kirchner necesita una autocracia con maquillaje democrático. Hay que dejar que los demás debatan, mientras ella avanza hacia su meta. Su problema es el tiempo y la pandemia le dio la mejor excusa para ir hacia un gobierno de impostura. La pandemia justifica medidas drásticas para combatirla. La democracia, las libertades individuales, el ejercicio económico, todo debe someterse en beneficio de su meta: la impunidad. 

Para concentrarse en su meta, recurre a la marioneta que puso en el gobierno con careta de moderación. La farsa se está cayendo a pedazos, a medida que sus errores, contradicciones y falencias lo desenmascaran. Ante la pésima gestión lo único que puede hacer es mostrar su juego: quieren la suma del poder público, gobernar por decreto. El juego republicano se acaba. Entraron por las urnas, pero ahora pretender imponer su voluntad dejando de lado el balance de poderes.

Todo es válido para concretar el sueño del poder absoluto y autocrático. Es preciso eternizarse en el poder. Lenin, Stalin, Tito, Castro, Chávez lo han logrado .

En la construcción de su poder, para algunos amigos habrá capitalismo salvaje con tal de crear los fondos necesarios a fin de alimentar el distribucionismo oficial. Para otros, solo palo y palo hasta que se fundan o se amansen y no levanten la cabeza. Para otros, solo el exilio.

El enemigo no es la democracia, que puede dominar con medios, con épica, con dinero ... el enemigo es el republicanismo, la diversidad de opiniones, la actitud crítica, la falta de pensamiento único. Aun así, se disfrazan de “diversidad popular y cultural”, en grupos marginados que serán atendidos en cuanto adhieran a la línea institucional de este gobierno. Y después, o, mejor dicho, antes que nada, está la épica, la construcción histórica, la consagración de héroes y villanos, la grieta cultural, el relato K, pletórico de contradicciones, mentiras e hipocresía (con tantos relatos construidos a lo largo de los siglos), una mezcla de medias verdades y flagrantes mentiras, pero que sirven para la concreción de sus metas.

La pandemia les ha servido como excusa para la destrucción de un modelo “aburguesado” de país que no servía a sus finalidades feudales. Destruyen  la economía (tan rápidamente que a algunos de sus  íntimos colaboradores les da miedo), aumentan la dependencia del Estado (acá choca con el ministro Guzmán que pretende algún tipo de planificación para cumplir con las deudas internacionales y por tal razón, resta recursos a los subsidios, un arma poderosísima del armado K), aumenta el control de los individuos y sus movimientos (con la KGV camporista ), politiza todo (aún las vacunas), busca aliados impensados a cambio de prebendas, posterga los actos democráticos que le puedan ser adversos y busca fondos que le sirvan a los fines de mantener una enorme estructura tipo soviética .

Mientras tanto, la oposición se desarma en pequeños debates, en discusiones de cafetín, en mezquindades ...mientras debaten, nada habrá de quedar en pie.

El kirchnerismo sube por las escalinatas del Palacio de Invierno. Por instantes parece perdido en sus corredores, pero busca desesperadamente la permanencia en el poder que le dé impunidad. Si es menester, no le temblará el pulso en destruir a una sociedad, como lo hizo Lenin, como lo hizo Mao, como lo hizo Castro invocando un “hombre nuevo”, que siempre tiene los mismos problemas del “hombre viejo”. Sin embargo, el problema para la oposición también es el tiempo, cuando la sociedad se percate del fraude, ya puede ser demasiado tarde .... Ahora van por todo, destruyendo todo a su paso.

Omar López Mato

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