Jueves, 17 Junio 2021 13:07

Una historia de huevos y gallinas en el sistema de salud - Por Omar López Mato

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La pandemia ha dejado al desnudo a varios reyes, y entre ellos a la misma salud que, en su hora más álgida, comienza a discutir problemas que arrastra desde hace, por lo menos, sesenta años.        

 

Pasada la mitad del siglo XX, los hospitales nacionales no satisfacían el aumento de la demanda en calidad y cantidad de la población. Fue entonces que, ante las variaciones ascendentes de los costos de la medicina privada, aparecieron las primeras “prepagas” y las obras sociales.

 

El gobierno del presidente Onganía, en un esfuerzo para congraciarse con la dirigencia gremial, le regaló a “los muchachos” la llave de la felicidad, otorgándole el manejo de la salud de sus afiliados. Esta era una decisión inédita, un invento argentino como el colectivo o el dulce de leche. En ningún país del mundo, menos aún en uno comunista, la salud de casi la mitad de la población está en manos de los gremios. En ninguno.

El general Perón, que conocía bien a sus “muchachos”, sostenía que eran buenos chicos “pero si los controlamos serán mejores”. El general jamás les hubiese dado a los compañeros la “cajita feliz” que los eternizó en el poder. En estos años los muchachos se cebaron y pasaron a ser "los gordos " ¿De qué se creen que viven “los gordos”? ¿De su trabajo? ¿De sus jubilaciones? ¡NO! Viven de la salud de sus afiliados, dinero que les da los medios para vivir en la abundancia.

Desde el comienzo de la cuarentena el gobierno les ha otorgado 1.500 millones de pesos mensuales a una estructura burocrática y redundante, onerosa e ineficiente, pero “leal” a la causa, aunque subsistan algunos viejos rencores entre el peronismo sindical y el peronismo de izquierda, que en algún momento (como en el famoso episodio de Ezeiza) se resolvieron a los tiros. Pero no es cuestión de reditar viejas rencillas (o si, depende del huevo y la gallina). Ahora son todos compañeros combatiendo al capital.

Como el sistema sindical tenía sus defectos (nada es perfecto en la vida, pero en Argentina todo es más imperfecto que en otros partes del planeta), se crearon las prepagas, donde una persona en cómodas cuotas compra su pedacito de salud o su nube en el cielo. Y menciono la nube porque el 80% de lo que uno paga a lo largo de su vida se va en los últimos meses de vida. Como ese no es un buen argumento de venta, las prepagas recurren a avisos (quizás muchos avisos) con bellas mujeres, tiernos infantes y jóvenes deportistas (si son exitosos futbolistas o jugadores de Polo, mejor).

Las pautas terapéuticas y diagnósticas desde los años 70 a la fecha, han aumentado en forma exponencial, aunque no así las retribuciones. Todos quieren la medicina de los Supersónicos al precio de los Picapiedras (metáfora solo apta para mayores de cincuenta)

Cuando los números no empezaron a cerrar (los sistemas funcionan muy bien con jóvenes y sanos y no con viejos ni enfermos), tanto las obras sociales como prepagas buscaron variables de ajuste y naturalmente surgieron los prestadores médicos, uno de los pocos grupos que carecen de organización gremial fuerte (los gremialistas no iban a caer en ese error con su mayor fuente de ingresos).

En un país con alta inflación, la economía tiende a deteriorarse rápidamente, y si la empresa en un año pierde el 50% del valor de su facturación, ya puede ser tarde para salvar la situación.

En un contexto inflacionario, un retraso en los pagos es como robar. Un bien nacido no roba, no se queda con la plata ajena; pero nadie ve con malos ojos retrasar un pago, aunque el resultado sea el mismo, pagarle menos al otro. Un 4%un mes, un 8%dos meses y quién sabe más adelante. La inflación nos hace a todos deshonestos. 

Este año, el gobierno nacional trasladó solo una fracción de la inflación al sistema privado de salud. En cambio, a los sindicatos le dan 1.500 millones de pesos mensuales. ¿Cómo se entiende?

El año pasado el aumento de las paritarias fue de casi el 40% y el aumento a las prepagas fue menor al 10%. ¿Cómo creen ustedes que continúa la película? Quien pueda bancar este desfasaje que levante la mano ¿Y qué sucederá si seguimos otro año más así?

Mientras tanto, sordos ruidos oír se dejan: Vamos a cambiar el sistema de salud. Vale preguntarnos... ¿Ahora? ¿Cuándo el Titanic se hunde vamos a discutir sobre el diseño de los transatlánticos?

También es bueno saber qué será de nuestra salud. Usted que pagó por 30, 40, o 50 años su sistema privado de salud para contar con recursos en lo que le resta vivir, ahora, por decreto va a atenderse… ¿En dónde? ¿Con quién? ¿Como?

Corresponde debatir las políticas, pero también corresponde enunciar las; esto, ¿quién lo anunció? ¿En qué campaña dijeron que se debía discutir el sistema de salud privado, cuando entre todos estamos pagando las obras sociales? Alguna vez será bueno saber qué estamos votando.

El tema reconoce varias aristas porque acá no hay ángeles. Las prepagas están pagando a sus médicos con las actualizaciones que no se corresponden con el índice inflacionario. El desfasaje en los últimos cinco años entre gerenciadores y prestadores médicos llegó al 156%. Cuatro veces más que lo que reclaman las prepagas ...Más huevos y más gallinas...

De allí que la salud este al borde del colapso, cualquier desequilibrio termina con la quiebra del sistema cuando más se lo necesita.

Evidentemente, la salud privada es una caja muy tentadora para un gobierno que está siempre necesitado de dinero fresco y de éxitos mediáticos que alimenten la épica del "vamos por todo “. Basta imaginar las banderas nac and pop sobre los edificios y clínicas de las prepagas dirigidas por los chicos de la Cámpora, con la misma eficiencia con la que han manejado la pandemia y la vacunación.

Sería muy bueno que cuando se discuta la mecánica del nuevo sistema de salud, estén todos sentados a la mesa porque la salud funciona con todos, con gerenciadores, financiadores ,administradores y también con médicos y enfermeras ,instrumentadoras ,psicólogos , kinesiólogos , técnicos , etc., etc., etc. que son los que han puesto y ponen el cuerpo a la pandemia .

Y cuando se debata el tema de volver al sistema único de salud, recuerden que todo empezó porque el sistema de salud único que existía entonces era ineficiente, obsoleto y a todas luces ineficiente.

Los huevos y las gallinas.

Omar López Mato

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