Florencia Donovan

Sin certezas sobre quién comandará el Gobierno a partir de diciembre, algunos empresarios nacionales buscan garantizarse influir sobre quién conducirá la economía a partir de entonces

La escasez de dólares desvela al equipo económico, ya que se trata de un problema que los técnicos que rodean al ministro de Economía no pueden resolver con facilidad 

Al ministro de Economía empieza a complicársele el frente económico mucho antes de lo que hubiera deseado 

Los caudillos provinciales han puesto a funcionar su creatividad para que la crisis al menos no se coparticipe tanto; en muchas jurisdicciones comenzó a gestarse una suerte de plan platita 3.0; Massa, en tanto, busca oxígeno para un año que se ve movido 

Entre los inversores financieros más avezados empieza a instalarse la idea de que es momento de meter algunas fichas en la Argentina

La asunción de Lula hace ilusionar a algunos con algún préstamo puente para sortear turbulencias; mientras, en Economía atribuyen el alza del dólar a la demanda de los van a veranear al balneario uruguaya 

El temor al abismo hizo que el kirchnerismo -que tan solo en marzo había vapuleado el acuerdo con el Fondo en el Congreso- termine siendo en 2022 el mejor alumno de Washington 

Ante la necesidad de financiamiento, en la mesa chica del Ministerio de Economía se debate seriamente por estas horas volver a apelar a la ventanilla de pesos del Banco Central 

Sin mucho más que obtener por el lado de China, en el Gobierno ya tienen decidido sacar la semana que viene un decreto instaurando un nuevo dólar soja 

Conseguir pesos y terminar de cerrar el programa de Precios Justos con las empresas son algunas de las aspiraciones que tiene el ministro de Economía para diciembre 

El margen de maniobra del ministro de Economía es limitado y lo será aún más a medida que se aproxime el calendario electoral del año próximo 

Mientras Massa y Tombolini agotan las estrategias para contener el costo de vida; la deficitaria Aerolíneas Argentinas ya ofrece pasajes al país del Mundial por US$5500, al dólar oficial 

La prioridad para el Gobierno sigue siendo el mercado cambiario; el ministro y su equipo debaten cómo seguir cuando finalicen las liquidaciones por el dólar soja 

Massa prometió que conseguirá dólares, pero en su entorno ya avisan que, si quiere lograr que la paz cambiaria de las últimas ruedas se sostenga, será necesario cortar el gasto público más de lo deseado 

La esperanza del nuevo equipo económico es que el fuerte apretón monetario, vía la suba de tasas de interés y el ajuste fiscal, todavía tibio, hagan todo el trabajo 

Sin piloto, hace meses que el gabinete de Alberto Fernández apuesta sortear la tormenta económica casi de forma automática. Pero con condiciones que empeoran con el correr de las horas, el equipo económico se encuentra ahora con que ya se ha quedado no sólo sin piloto, sino también sin instrumentos. La política no termina de asumirlo. 

Cerca del ministro reconocen que no tiene demasiado margen de acción, por eso ahora solo apuesta por hacer algunos movimientos puntuales para sostenerse en su cargo 

La corrida de las últimas 48 horas en el mercado de bonos ajustados por la inflación es cuanto menos una señal de alarma

Al tiempo que el Gobierno y la oposición se enfrascan en la politiquería doméstica, las principales potencias mundiales se adaptan al mayor cambio geopolítico en décadas

El BCRA transfirió al Tesoro otros $92.000 millones y suma $380.500 millones en el año, casi la mitad de lo admitido por el Fondo

Siempre suele suceder que en el Ministerio de Economía hay una visión de la realidad que no termina de coincidir con lo que ven los especialistas del sector privado; allí se apuesta a que para fin de año el Presidente pueda mostrar una economía en crecimiento, con aumento del empleo y una inflación que se irá desacelerando 

La falta de dólares, la escasez de combustibles y la elevada inflación hacen prever que la economía empeorará a medida que pasen los meses; por eso, los propios kirchneristas descuentan que la batalla de 2023 está perdida 

La situación no le dará tregua al Presidente, cuya debilidad es percibida a esta altura por propios y ajenos; en el círculo rojo creen que un cambio de signo político es inevitable en 2023 

Las señales de improvisación en la gestión no parecen precisamente culpa de la vicepresidenta, aunque está claro que sus ataques cada vez más manifiestos a las políticas del Gobierno tampoco ayudan

El acuerdo es uno de los últimos boletos que tiene el Gobierno para no quedar fuera del radar global, pero no resuelve muchos de los problemas de fondo que tiene el país 

La decisión de Máximo Kirchner de diferenciarse abiertamente del acuerdo que el ministro Martín Guzmán está negociando con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no sólo provocó un tembladeral dentro del Frente de Todos, sino que terminó por confundir a un gabinete que gestiona cada vez más en modo anárquico. En la diaria, los ministros y secretarios funcionan como células, que, por momentos, se repelen. Y que ahora, ante la falta de lineamientos claros, se sobregiran para capturar la atención de algún padrino autorizado. 

La economía argentina entró en tiempo de descuento. Si el Gobierno de Alberto Fernández no logra aprobar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para marzo, no hay plan B. No lo tienen los funcionarios del equipo económico, pero tampoco los burócratas del FMI, quienes como gran parte del establishment de Washington hablan con cierta resignación sobre la Argentina. 

La inflación es una amenaza constante para los planes del ministro de Economía, Martín Guzmán; los datos preliminares de diciembre dan cuenta de una aceleración de los precios; la demora del acuerdo con el FMI inquieta a los empresarios 

La más grande es creer que son tan malas las variables nominales de la Argentina –tan bajos los precios de los activos– que, con sólo administrar algunas medidas y “tranquilizar la economía”, será suficiente para sostener el rebote y apuntalar la actividad 

Las negociaciones con el organismo se han acelerado –vendrá una misión técnica a comienzos de diciembre– pero los dos años de procrastinación de Martín Guzmán no son gratuitos; el ministro ha perdido credibilidad entre sus interlocutores

Para el sector privado, no sólo la palabra presidencial ha perdido toda credibilidad, sino que el mandatario tampoco puede dar garantías de las cartas que piensan jugar los otros participantes de su coalición

Cerca de Alberto Fernández esperan que las gestiones ante el gobierno de Estados Unidos del embajador en Washington, Jorge Argüello, y del secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, surtan efecto; un exfuncionario del Fondo pronostica que la Argentina no pagará su deuda con el organismo

El flamante secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, no anduvo con vueltas. La velocidad con la que les comunicó a las empresas de alimentos, de higiene y limpieza su propuesta para congelar precios por 90 días puso a otras industrias en alerta. Entre los laboratorios, el tema escaló en la agenda hasta transformarse en prioritario.

Las expectativas de que haya un cambio de rumbo o un shock de confianza en la economía son nulas; nadie imagina ya a un Martín Guzmán liderando una transformación económica ni atacando los problemas de fondo que desde hace años arrastra la Argentina

Las alarmas volvieron a encenderse por la posibilidad de que algunas prácticas del kirchnerismo no cambien: si es que existe un giro hacia el centro, no será sin desvíos

El plan acelerado de transformación política del ministro incluyó esta semana un viaje a Tucumán y a Salta con el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro; el jefe del Palacio de Hacienda aspira a mantenerse en el cargo después de las elecciones

En el kirchnerismo suelen decir que en solo dos años de mandato les tocó lidiar con dos pandemias: la de la herencia de Macri –omnipresente en todos los discursos, aún hoy– y la del Covid-19. Pero podrían enfrentarse a una tercera: el fenómeno de La Niña.

La economía electoral ya está en marcha. Pero, para los empresarios, comenzaron los días de hibernación. Algunas de las operaciones de compra venta de activos que estaban encaminadas se ralentizaron, lo mismo que algunos éxodos de compañías internacionales –aunque en los próximos días se conocerán algunas salidas más, que se cerraron hace sólo algunas semanas atrás–. Las elecciones son, una vez más, el hecho revelador que esperan los hombres y mujeres de negocios para definir sus inversiones en el país.

Una vez más la política energética amenaza con poner en riesgo el plan económico del Gobierno para llegar a las elecciones sin sobresaltos cambiarios. Ese talón de Aquiles que aquejó a la administración de Cristina Kirchner hace flaquear ahora a la gestión de Alberto Fernández, que ya es consciente de que deberá, en los próximos meses, hacer una gestión todavía más fina de las reservas para poder transitar el calendario electoral con el dólar bajo control. En otras palabras, en el equipo económico ya se analizan más restricciones cambiarias.

Son muchas las variables que afectan la economía, pero hay una que en la Argentina pesa más que cualquier otra, y es el dólar. No hay posibilidad de sostener la desaceleración de los precios de cara a las elecciones si los dólares financieros se mueven. Es en gran medida lo que terminó sopesando el Gobierno esta semana cuando acordó pagarle al Club de París US$430 millones a cambio de no caer en default. Nadie quiere despertar a la fiera en un año electoral.

Inversores del exterior que hasta hace no mucho habían eliminado a la Argentina de sus agendas están desempolvando algunos viejos contactos; aunque todavía golpeados por los últimos cimbronazos de la economía local, la súper liquidez que hay en el mundo invita a asumir riesgos

Paradójicamente, aquello que minó la relación del ministro Martín Guzmán con el kirchnerismo más duro es el capital más valioso que por estas horas tiene la Argentina para ofrecer en la mesa de negociaciones y sortear un default con el Club de París.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se sinceró esta semana: “En este momento, para nosotros, la mejor política económica es conseguir vacunas (contra el Covid-19)”. Sabe, después de todo, que tiene poco margen de acción. En privado, en el equipo económico admiten que no tienen previsto realizar grandes movimientos hasta después de las elecciones. No porque la economía argentina no los demande, sino porque temen que cualquier movimiento ponga en riesgo la frágil estabilidad con la que el Gobierno confía navegar estos meses hasta las elecciones legislativas.

El Gobierno de Alberto Fernández parece decidido a quemar puentes, no sólo con la oposición después de anunciar la suspensión de las clases presenciales de forma unilateral, sino que también terminó de dinamitar en las últimas horas su vínculo con gran parte del sector privado. Las medidas difundidas ayer para contener la suba de precios no son más que la confirmación para muchos de ellos de que no hay dentro del gabinete económico margen para el diálogo.

Una vez más, en el equipo económico existe la convicción de que el súper ciclo de las commodities ayudará a llegar a octubre con la economía en marcha. Lo anticipó el ministro Martín Guzmán esta semana, en una conferencia con un puñado de inversores: en el Gobierno esperan que la economía crezca este año 7%, por encima del 5,5% establecido en el presupuesto y más que lo que pronosticaron para el país organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero en el mercado temen que hacia fin de año el viento de cola vea mermada su capacidad para maquillar los desequilibrios macroeconómicos que heredó Alberto Fernández y que en lo que va de su gestión se empeña en profundizar.

Hacía tiempo que los bancos de inversión en la Argentina no tenían tanto trabajo. Pero también, que no les costaba tanto poder cerrar algún negocio. Se está dando un fenómeno por estos días en la Argentina: hay una gran cantidad de activos argentinos en venta y no hay quién quiera comprarlos. Son muchas las compañías que buscan achicar su exposición en el país o directamente abandonarlo por completo. No hay industria que sea ajena al fenómeno. La Argentina está de remate. Aunque el Gobierno no parece todavía haber tomado nota de ello.

El presidente Alberto Fernández perdió en su primer año de gobierno un activo que podrá no valer demasiado en política, pero que tiene un peso determinante en la economía: el valor de su palabra.

Para los empresarios, la línea A de subte no termina en Casa Rosada. Sino que apenas comienza allí para luego hacer su parada más relevante en Congreso. Es allí donde para ellos reside en gran medida el poder real, y ahora también, donde se materializa gran parte de la gestión oficialista. Las medidas más importantes -y muchas de las que más los incomodan- se incuban y se materializan en el Palacio Legislativo, incluso en ocasiones a espaldas (o contra la vocación) de los ministros del gabinete, con quienes los empresarios tienen un diálogo abierto.

El presidente Alberto Fernández empezó a escribir su propia carta. A diferencia de la de Cristina Kirchner, no está dirigida al corazón de su coalición, sino que apunta al hemisferio Norte.

"Alberto Fernández destruyó al sector privado y todavía no se dio cuenta", dice el número uno de un laboratorio líder, que el año pasado fue uno de los tantos empresarios que impulsó la candidatura del presidente. La frase es dura, pero expresa el malestar que existe entre muchos hombres y mujeres de negocios, a los que por estos días les cuesta encontrar motivos para ser optimistas.

Página 3 de 4

Top