Viernes, 01 Julio 2022 09:24

Ortodoxia en microdosis: en qué consiste el nuevo plan de Guzmán - Por Florencia Donovan

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Cerca del ministro reconocen que no tiene demasiado margen de acción, por eso ahora solo apuesta por hacer algunos movimientos puntuales para sostenerse en su cargo 

No fue solo el súper cepo cambiario. El fin de semana pasado, el ministro Martín Guzmán mantuvo tensas negociaciones en el Palacio de Hacienda con representantes de empresas cerealeras. La clave para frenar la corrida financiera insistía, no pasaba sólo por lograr la renovación de los vencimientos de la deuda en pesos que operaban el martes pasado. 

Había que conseguir dólares, aunque más no fuese con algo de contabilidad creativa. El objetivo de Guzmán era acercarse lo más posible a la meta de reservas que le fijó el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el primer semestre del año. Al 15 de junio pasado, estaba US$2903 millones abajo.

“Nunca habían pedido nada hasta la semana pasada –admitió el CEO de una empresa internacional–. Esta vez nos pidieron que adelantemos unos US$1500 millones de julio”, confió.

Las negociaciones se siguieron por WhatsApp a lo largo de toda la semana. Los mensajes fueron y vinieron varias veces al día. Cuando finalmente bajó el martillo, Guzmán había logrado su cometido. Ayer, último día del mes, el Banco Central (BCRA) compró US$536 millones y sumó en junio compras netas de reservas por US$950 millones. En el semestre, la cuenta arrojó US$1800 millones a favor de la autoridad monetaria. En Economía y en el BCRA no perdieron oportunidad de comunicarlo. La meta de acumulación de reservas con los aportes del sector privado estaba cumplida. Las cerealeras liquidaron en junio US$3800 millones, levemente por debajo de su registro de mayo, pero 13% por encima de lo que habían vendido en el mismo mes de 2021.

El Gobierno tuvo que contentarse, sin embargo, con varios millones de dólares menos de los estimados en el acuerdo con el FMI porque el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no cumplió con los desembolsos comprometidos. El presidente de la entidad, el norteamericano Mauricio Claver-Carone, no oculta su antipatía hacia Fernández. Y, pese a lo acordado con el FMI, decidió dilatar el tratamiento de la linea de Financiamiento Especial para el Desarrollo (SDL, por sus siglas en inglés) para la Argentina, que se había pautado en unos US$500 millones. Un oasis en el desierto de reservas.

El BID tiene reuniones de directorio los miércoles. A sabiendas de la necesidad de reservas del país, Claver-Carone tampoco habilitó esta semana a que se tratara el tema; era la última oportunidad para sumar a la meta de junio. Nadie sabe ya si en algún momento lo hará. El funcionario republicano, un halcón que formó parte del gabinete de Donald Trump, ya le había hecho a Fernández un sonoro desplante en pleno acto de asunción, cuando corroboró que un enviado de Maduro también formaba parte del convite en la Argentina. Fernández, por su parte, no sólo intentó jaquear la candidatura de Claver-Carone en el BID, postulando a Gustavo Béliz, sino que además desde su entorno se ocuparon de hacer transcender el video en el cual Claver-Carone deslizaba la intención de Estados Unidos de favorecer la reelección de Mauricio Macri vía la asistencia millonaria del FMI. La de Fernández y Cristina Kirchner no es la única relación que parece no tener retorno.

En el mercado, con todo, queda la sensación de que la corrida contra los bonos quedó atrás. Aunque a un costo monumental para la Argentina: el consenso es que la devaluación deberá ahora acelerarse –el dólar por debajo de los $220 quedó en el archivo–, y que la inflación, que hasta hace apenas semanas se ubicaba en un piso del 65% para 2022, podría incluso terminar siendo un número de hasta tres cifras. Lo que es peor, ya nadie se anima a descartar el peor escenario: la híper. Por ahora, coinciden los economistas, no parece estar cerca, pero ninguno dice que no vaya a suceder.

Para sostener los precios de los títulos, el BCRA volcó en el mercado este mes $760.000 millones, según estima Adrián Yarde Buller, economista y estratega en Jefe de Facimex Valores (ayer siguió interviniendo, comprando bonos por unos $13.000 millones). El impacto sobre el índice de inflación no demorará en evidenciarse. El presidente del BCRA, Miguel Pesce, lo sabe. Si bien culpa en privado a Guzmán por lo que sucedió en junio –la relación con el jefe de Economía sigue tan fría como siempre–, también considera que, en el escenario actual, no hay demasiado margen para rebeldías. Pesce es, ante todo, un cuadro político.

En el Gobierno igual no se habla del largo plazo. Pese a la severidad del paciente, la realidad es que la política no piensa hoy en acompañar reformas de fondo como las que demandaría la macro. No lo hará la oposición, que ve en la implosión de la coalición de Gobierno una oportunidad, ni el oficialismo, que no logra si quiera ponerse de acuerdo en las cuestiones más básicas de la gestión.

Más allá de sus errores, cerca de Guzmán reconocen que no tiene demasiado margen de acción. El plan de ahora en más pasará por microdosis de ortodoxia. De ahí el viaje este fin de semana para avanzar con la negociación con la deuda del Club de París. O la vocación por informar el cumplimiento de la meta de reservas del FMI. Acercarse lo más posible a las metas del Fondo –aunque sin cumplirlas a rajatabla– es el escenario de máxima anotado en el cuaderno rojo del ministro.

También hay gran expectativa cerca de Alberto Fernández por la reunión bilateral que a fines de julio tendrá con el presidente norteamericano, Joe Biden. “Alberto es uno de los primeros presidentes de la región en ser recibidos por Biden. Esperamos que esto sea un salto en la calidad de la relación bilateral y que contribuya en materia de inversiones”, explican. Los colaboradores de carrera de Cancillería sólo ruegan que Fernández no cuele en ese encuentro frases que sólo apunten a congraciarse con Cristina Kirchner. Le recomendaron esta vez no hablar de las cuestiones de Venezuela, Cuba o Nicaragua. Está por verse si Fernández obedecerá. No suele ser afecto a los libretos.

Los desequilibrios y la desconfianza de los inversores, no obstante, sigue intacta. No más basta ver lo que sucede con los bonos de la deuda argentina reestructurados hace apenas dos años: se operan en el mercado a apenas US$20. Ni los bonos de Rusia, ahora en guerra, ni los de la Venezuela de Maduro pre-default valieron tan poco. Así y todo, dice Santiago López Alfaro, presidente de Patente Valores, siguen sin aparecer los compradores. Ni los buitres se animan todavía a la Argentina.

Ajuste violento

Está claro para los inversores que, junto con el súper cepo, también los niveles de actividad se resentirán y mucho. El ajuste, aun si el Gobierno logra hacerlo por las buenas, será violento. La falta de dólares es una restricción que no habilita demasiadas alternativas. El secretario de Comercio Interior, Guillermo Hang, acordó con los bancos prorrogar el plan Ahora 12 a partir del 17 de este mes con fuertes subas de tasas de interés. Esta vez, reconoció un banquero, no fue tanto porque los bancos patalearon para sostener sus hojas de balance, sino más bien por la necesidad de Economía de desalentar la demanda de bienes importados. No porque el plan financie productos made in China, sino porque todo lo que se produce en la Argentina tiene algún componente importado. Las tasas del nuevo Ahora 12 pasarán del 33% al 42%, y para el Ahora 18 treparán del 38% al 49%.

Con la aceleración de la inflación, la estrategia de Hang con el programa de Precios Cuidados, en tanto, pasará por negociar una canasta más acotada, con aumentos relativamente bajos: 3% mensual, aunque las empresas pujan por al menos 4%. Son conversaciones que deberán terminar de definirse estos días. Una alternativa que esbozaron ante algunos interlocutores desde el equipo de Guzmán es que las remarcaciones se dosifiquen semana a semana y no todas de una vez. Las declaraciones que hace algunas semanas pusieron al supermercadista Federico Braun en el centro de la polémica ya no escandalizan tanto.

Para Guzmán, al menos, el objetivo de la semana está cumplido. El espíritu de supervivencia es naturalmente miope. El economista frenó la corrida y ganó un mes más de vida en el Gobierno. Ya agosto luce de nuevo complicado. Y es que las micro señales de ortodoxia sólo garantizan la paz hasta la siguiente corrida

Florencia Donovan

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