Loris Zanatta

Loris Zanatta7La Argentina necesita una cultura capitalista, pero pensar en imponer como fe lo que depende de la razón no la generará 

Loris Zanatta7Su mundo no está poblado por individuos autónomos y responsables; está dividido en nosotros y ellos, buenos y malos, amigos y enemigos. 

Loris Zanatta7Para actuar como una potencia hay que ser una potencia; hacerse el grande sin serlo daña la reputación y la credibilidad, expone al ridículo y a las represalias 

Loris Zanatta 24El ambiente del Mundial 2026 nos recuerda que “para gran parte de la especie humana y durante decenas de milenios la humanidad se detiene en las fronteras de la tribu” 

Loris Zanatta7La inteligencia de Milei es ajena a la inteligencia liberal y democrática; es fruto de otra planta, de la exuberante planta del antiliberalismo occidental

 

La manipulación ideológica de la historia genera monstruos, los monstruos utopías, las utopías ideologías, las ideologías fanatismos, los fanatismos tragedias.

La condena a Cristina Kirchner por corrupción pone a prueba la “cultura de la ilegalidad” que Argentina comparte con muchos países.

Similitudes y diferencias en distintos espacios históricos.

Ebrio de gloria, el Presidente anuncia para celebrar su primer año de gobierno otra cadena nacional. Un ritual plebiscitario, un abuso de poder estatal, nada mal para alguien que odia al Estado. Se ve que lo disfruta. Será que la Argentina nunca derrotó al fascismo. Crecidos juntos en el seno del peronismo, el fascismo de izquierdas y el de derechas sobreviven en la cultura política del país, renacen a cada crisis, se pasan el testigo a cada giro histórico.

“Quienes buscan remedios económicos a los problemas económicos van por el camino equivocado”, decía Luigi Einaudi. Un camino que “sólo puede conducir al precipicio”. “El problema económico”, observaba, “es el aspecto y la consecuencia de un problema espiritual y moral más amplio”. No era un aficionado, un académico bueno para soltar sentencias: era un liberal de 18 quilates, un economista de cultura humanista, de los de antes. Fue presidente de la República Italiana en los turbulentos años de la posguerra, luego senador hasta su muerte. Sabía de lo que hablaba.

Mientras Cristina y Kicillof se pelean por la “izquierda” peronista, en el Gobierno se pelean por la “derecha”. De ahí el intenso trajín entre Buenos Aires y Roma, entre Argentina y el Papa.

Como el viejo nacionalismo, como el peronismo más derechista, Milei piensa que el destino del país es restaurar la vocación cristiana de Occidente, redimirlo de los pecados de la modernidad secular

El gobierno de Milei es cada día menos liberal y más conservador, menos cosmopolita y más nacionalista, menos libertario y más autoritario, menos laico y más mesiánico; y se parecerá cada vez más a la derecha tradicional

El adversario se vuelve enemigo; el disidente, herético, zurdo o cipayo da lo mismo; ha ocurrido mil veces, sigue ocurriendo: en la Argentina, en Europa, en todas partes

Estamos tan magnetizados por los excesos de Milei, vertemos tanta tinta sobre sus rasgos grotescos, que esquivamos la pregunta más espinosa: ¿por qué gusta a tantos, ricos y pobres, cultos e incultos? ¿Qué encuentran en él?

Mondino está haciendo lo que era oportuno hacer; ¿puede decirse lo mismo del Presidente? Para nada; se diría que se propone destruir de noche lo que la canciller construye de día con gran esfuerzo

El presidente argentino tendrá que elegir entre moderar su vena mística, al estilo Meloni, o jugar al caballero del apocalipsis, al estilo Trump.

¿Y ahora? El que piensa mal peca, pero a menudo adivina. Como todos somos pecadores, todos pensamos mal. Y al hacerlo, quién sabe, capaz que adivinamos. Ante el triste final de la famosa megaley que debía revolucionar la Argentina, al convertirse la guerrilla parlamentaria en derrota epocal, surge la pregunta: ¿fue realmente impericia? ¿Tanta y tan evidente que pareció un monumento a la impericia? Tal vez. O no. Quizá el presidente Milei jugaba a perder. Prefería la derrota total a la victoria parcial. Dicen que es un genio; vaya uno a saber cómo piensan los genios.

Milei quiere “defender los valores de Occidente”; democracia, pluralismo, derechos humanos, libertades civiles, laicidad, respeto a las minorías: en Davos no los mencionó, solo la “libre empresa”. ¿No será una visión mezquina de la historia occidental?

El bien mal hecho no es bueno. Peor: inhibe la posibilidad de hacerlo mejor después. Quizá sea conveniente que el pragmatismo prevalezca al mesianismo, el sentido común político al dogmatismo tecnocrático.

Milei todavía no asumió en la Casa Rosada y ya quieren desalojarlo; si fuera por ciertos activistas políticos, culturales y gremiales, ni siquiera tendría que tomar posesión 

Empresas protegidas, sindicatos privilegiados, militantes subsidiados: cada golpe de motosierra provocará una reacción corporativa. El presidente electo tendrá que mostrar dotes de político y estadista para responder a las demandas y expectativas que cosechó.

Ni el juicio es final ni la historia tiene un rumbo fijo; ¿qué queda después del triunfalismo o la exaltación? El abismo entre hablar y gobernar, entre los sueños y la realidad; nada es para siempre y la sociedad tiene anticuerpos

Predije que el ascenso de Milei favorecería un repunte peronista. Pero no pensé que ocurriría tan pronto.

¿Se puede hacer con las urnas lo que otros hicieron con las armas? ¿Con consenso popular y respeto a la democracia lo que en otros lugares se hizo con hierro y fuego, muerte y tortura? Está claro que Javier Milei sueña con la réplica argentina de la vía chilena a la economía abierta, con una especie de pinochetismo civil destinado a abrir de par en par las puertas de la libertad y el progreso. Pero ¿será posible? ¿Deseable, oportuno, correcto? ¿O la forma cambia el contenido, el contenido debe adaptarse a la forma?

La grieta argentina es más profunda y de otro tipo: enfrenta a un supuesto pueblo contra un supuesto antipueblo, uno y otro con su derecha y su izquierda.

El voto a Milei expresa la revuelta de la clase media, que explotó y contagió aun a las más pobres; a sus muchos daños, los populismos suman el de fabricarse adversarios opuestos, pero parecidos

"La democracia es un concepto relativo”, según Lula da Silva. Puede ser. Jair Bolsonaro, su enemigo, no podría decirlo mejor. Donald Trump tampoco. Ni hablar de Putin. Sagrada cuando estaba en la cárcel, la democracia le parece aleatoria ahora que está en el poder.

Los peronistas esperan no perder postulando al menos peronista. Los no peronistas ¿esperan ganar votando al más peronista? Lo dirán las PASO. ¿Por qué no? ¿Acaso las elecciones no se ganan “en el centro”? ¿No sería el paso hacia una grosse koalition? ¿Hacia un gobierno sólido con amplia mayoría parlamentaria y fuerte mandato popular? ¿El ansiado fin de la grieta?

Iglesia: mientras su predicación suene partidista, su autoridad moral será mermada; mientras consideren al peronismo más legítimo que los demás partidos, habrá grieta y más grieta

¿Qué busca Cristina Kirchner? ¿Por qué? El acto del 25 de mayo impone la misma pregunta de siempre, fuerza las mismas respuestas. Ella suena, nosotros bailamos. Se vé que funciona.

En el feudalismo no hay gobierno de la ley, sino ley del gobierno, y puede darse en vastas dimensiones, como Formosa o Santiago del Estero, con comunidades cerradas y pueblo en lugar de individuos

Aquí vamos de nuevo: después de nosotros, el diluvio. ¡Como si no diluviara ya y la Argentina no tuviera agua al cuello! Aníbal Fernández nos lo recordó, por si lo habíamos olvidado, Juan Grabois lo anunció hace meses: o ganan ellos o habrá “sangre y muerte”. 

Bergoglio parece anunciar la muerte del “colateralismo” de la Iglesia con el peronismo, como murió hace tiempo el que existía en Italia entre la Iglesia y la Democracia Cristiana

Los argumentos de la Carta de Madrid replican, invirtiéndolos, los de la orilla opuesta: el Grupo de Puebla.

El ataque a la Corte no es un plato del día sino la sopa de siempre, la reedición del juicio político de 1947 con el que Perón se cocinó un tribunal a la medida

Sus jugadores dan vueltas al mundo y en el mundo compiten, la competencia los mejora, las mejoras dan resultados y animan a emularlos, el éxito genera confianza y libera energía estimulando el progreso. Lo contrario de la Argentina nacional popular, tan cerril y autárquica.

En la cultura política peronista, en el sistema de valores de la tradición populista, el victimismo es un sabroso capital político; escapar de la ley de los hombres es la vía más eficaz para invocar la ley de Dios 

El futuro del peronismo es siempre el pasado. No el pasado como historia, sino como mito, reluciente y perfecto. Un invento.

Alrededor de la Reina hay un clima de bajo imperio, de sálvese quien pueda.

Sujeción o ciudadanía, obediencia o responsabilidad; de esto se trata en Ucrania ahora como en Polonia antes, con Putin como con Hitler, en la Argentina ayer y hoy; no es una cuestión de “derecha” o “izquierda”

No es por “amor” que el peronismo aprovechó para exprimir del crimen hasta la última gota; fue para sacar ventaja política, deslegitimar a la oposición, atacar al Poder Judicial, rehacer su maquillaje

La política por mano judicial conduce a la justicia por mano política. Y viceversa. Un desastre para el estado de derecho.

No es raro que algunas fotos nos recuerden el pasado menemista de tantos kirchneristas puros y duros de hoy; ¿quién dice que varios no estén listos para hacer el mismo viaje al revés, para subirse al bote salvavidas de Massa antes de que se hunda todo el barco?

Evitismo: nada en esa mentalidad económica promueve la autonomía personal, la movilidad social, la iniciativa individual; todo fomenta la dependencia, el oportunismo, el clientelismo

De Heráclito a Hitler, de Platón a Marx, de Esparta a La Habana, el profetismo siempre incubó el totalitarismo; la historia, en el mejor de los casos, es el doloroso viaje de la humanidad entre errores y correcciones

No se puede tener un estado de bienestar de país escandinavo con un sistema productivo de socialismo real y un sistema sindical de corporativismo fascista

Para entrar en la UE, Portugal y España tuvieron que completar la transición democrática; para la comunidad latinoamericana, la democracia parece opcional; ¿es el mensaje de la polémica por las invitaciones a la Cumbre?

Si fuera sólo un vicio kirchnerista, paciencia, uno más o uno menos, cambia poco. Pero es una costumbre extendida en las diversas latitudes políticas y en todos los estratos sociales.

El año pasado, cuando mi hijo, un joven estudioso de cosas rusas, me mostró un breve ensayo sobre Alexandr Dugin, me morí de risa: ¡otro peronista! ¡Ruso esta vez! Pobre hijo, le tomé el pelo, te fuiste a las antípodas para “matar al padre” y caíste en el mismo embudo. Es así: todas las historias son locales, todos los fenómenos son universales.

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