James Neilson

El avance del Gobierno para expropiar a la empresa Vicentin alarma a los mercados.

Los más golpeados por los encierros motivados por la cercanía de la covid-19 han sido los que, para sobrevivir, dependen de trabajos que requieren cierta proximidad física.

No extrañaría del todo que Alberto Fernández ya sintiera nostalgia por los días en que la gente lo aplaudía por su presunta negativa a tomar en cuenta el impacto económico del encierro.

Covid-19 no es más mortífero que otros virus. Algunos han sido decididamente peores. Lo que lo hace diferente es la voluntad ecuménica de frenarlo a virtualmente cualquier costo.

Los científicos son tan proclives como cualquiera a dejarse cautivar por ideologías despiadadas. Esta comunidad incluye a activistas políticos que tienden a favorecer esquemas autoritarios.

Es tanto el miedo al Covid-19 que la metodología china para enfrentarlo ha sido adoptada por casi todos los países democráticos, a veces de mala gana, pero en otras con entusiasmo.

Mal que nos pese, todos dependemos de un modo u otro del estado de la economía tanto local como internacional.

A veces el remedio es peor que la enfermedad. ¿Es tan peligroso el virus que sería mejor empujar la economía mundial hacia una depresión que tratarlo como un patógeno parecido al de la gripe común al cual tendremos que acostumbrarnos?

Tarde o temprano los contrarios a las reformas podrían estar en condiciones de una contraofensiva encaminada a restaurar lo que en su opinión es la normalidad.

En su discurso ante el Congreso, el Presidente se mostró más conciliador que los K.

Los resueltos a apoderarse del lenguaje y, esperan, de lo que piensa la mayoría, han montado una serie de ofensivas contra aquellos que, a pesar de todo, insisten en reivindicar la libertad de expresión.

Por qué en algunos temas Alberto Fernández se parece más a Mauricio Macri que a Cristina Kirchner.

Las claves de las dos primeras visitas internacionales del Presidente a Medio Oriente y Europa. El factor FMI.

Las contradicciones de un gobierno atrapado en sus múltiples relatos.

Como Macri, Fernández, cuyas ideas son más “ortodoxas” que las de Cristina, ha apostado a una estrategia gradualista por entender que otra sería políticamente suicida.

Mauricio Macri aún no consigue hacer pie en el llano.

El ministro de Economía Martín Guzmán lanzó un paquete de medidas que genera resistencia.

