Sergio Berensztein
El principal interrogante es si el Gobierno podrá, en apenas dos trimestres, mejorar un humor social caracterizado por la pesadumbre respecto de la situación económica
Alfonsín, Menem, Néstor Kirchner son apenas algunos ejemplos de presidentes o líderes políticos que, como ahora Milei, han buscado oxigenarse y recuperar iniciativa apelando a la esfera internacional
Faltan 14 meses para las elecciones presidenciales de 2027 y tanto el denominado “círculo rojo” como los mercados no hablan de otra cosa
¿Ganaría o perdería el oficialismo si articulara un discurso más empático, sensible y alineado con los problemas que hoy son prioritarios para la mayoría de los votantes?
El Presidente respalda a Federico Sturzenegger y se concentra en la economía y la batalla cultural. Su hermana controla la gestión política, el armado electoral y las decisiones de poder
A más de un año de los próximos comicios, los actores políticos y sociales se enfrascan en especulaciones para, según los escenarios posibles, desplegar estrategias que les permitan acotar riesgos y maximizar ganancias
La sesión de ayer en el Congreso dejó mucho más que una votación ajustada. Expuso, una vez más, las dificultades que tiene el Gobierno para recuperar la iniciativa política después de varios meses en los que quedó atrapado en errores propios. La aprobación de la ley de propiedad privada llegó, es cierto, pero lo hizo a costa de resignar buena parte del proyecto original. Cuando un gobierno debe retirar capítulos enteros para conseguir una mayoría, obtiene una victoria formal, pero también deja al descubierto sus limitaciones.
La política argentina vuelve a demostrar que las tensiones internas muchas veces terminan siendo tan importantes como los conflictos entre oficialismo y oposición. Mientras el debate público continúa girando alrededor de la polarización, la economía y las elecciones de 2027, el oficialismo enfrenta una situación que hace apenas unos años parecía impensada: una ruptura política y personal entre el presidente Javier Milei y su vicepresidenta, Victoria Villarruel. Esa fractura obliga a revisar cómo se construyen las fórmulas presidenciales y qué ocurre cuando la convivencia en el poder deja de funcionar.
El presidente Javier Milei ha decidido ponerse nuevamente al frente de la campaña política con el mismo estilo que lo llevó a convertirse en un fenómeno electoral. A pesar del desgaste lógico que implica casi tres años de gestión, del cansancio que una parte importante de la sociedad empieza a manifestar y de una imagen negativa que también crece, el Presidente parece convencido de que la mejor estrategia consiste en profundizar su perfil confrontativo. Es un Milei recargado, que vuelve a ocupar el centro de la escena con declaraciones explosivas y con un protagonismo absoluto.
A menudo es injusto incluso hablar de “provincias” como una unidad, dado que existen matices y diferencias no menores en la mayoría de ellas
La política argentina atraviesa un momento muy particular. Cada vez que observo el escenario nacional y lo comparo con lo que ocurre en las provincias, me convenzo de que estamos frente a dos realidades completamente diferentes. Mientras en Buenos Aires predominan la confrontación permanente, los gestos de alto impacto y una agenda marcada por los conflictos políticos y mediáticos, en buena parte del interior del país se desarrolla una dinámica mucho más pragmática, enfocada en la gestión y en la búsqueda de acuerdos.
Las recientes declaraciones del vocero presidencial, Adrián Ravier, sobre la posibilidad de que el dólar alcance los $1.700 o $1.800 reavivaron un debate que, en realidad, nunca desapareció de la economía argentina. Más allá de la polémica por la interpretación de sus dichos, el verdadero problema no pasa por una frase aislada, sino por la persistente incertidumbre cambiaria que caracteriza al país. La dolarización de activos no nace de una declaración, sino de una larga historia de inestabilidad monetaria y de la falta de confianza en las reglas de juego.
El viaje de Javier Milei a Brasil volvió a instalar un debate que excede la política exterior y se mete de lleno en la estrategia electoral del Gobierno. Cada movimiento del Presidente en el escenario internacional es observado con lupa por oficialismo y oposición, especialmente cuando coinciden con un contexto económico complejo y el inicio de la carrera hacia las elecciones de 2027.
Existen sin dudas bolsones de racismo e intolerancia en nuestro país, pero si algo funcionó de forma magnífica fue la convivencia e integración de inmigrantes provenientes de las culturas más diversas y que muy pronto se sintieron sincera y pasionalmente argentinos
Finalizado el Mundial, la política argentina recupera el protagonismo. El Gobierno ya no oculta que su prioridad es la reelección de Javier Milei, una intención que Karina Milei dejó explícita y que empieza a ordenar cada uno de los movimientos del oficialismo. Sin embargo, el punto de partida dista de ser ideal: el Presidente llega a esta etapa con una imagen desgastada, una sociedad profundamente preocupada por la economía y una marca política que también sintió el impacto de los últimos tropiezos.
Los casos de corrupción vuelven a instalarse en el centro de la escena política y reabren un debate que atraviesa a todos los gobiernos. Desde las denuncias que involucran a exfuncionarios hasta las investigaciones que alcanzan a actuales dirigentes, la discusión ya no pasa únicamente por los nombres propios, sino por un problema estructural que, según el análisis, la Argentina nunca logró enfrentar con políticas públicas sostenidas. La sucesión de episodios alimenta una sensación de repetición permanente y profundiza el deterioro de la confianza ciudadana en las instituciones.
Hay una regla no escrita en la política que rara vez falla: un gobierno no debería impulsar proyectos que sabe de antemano que no tiene posibilidades de aprobar. No se trata solamente de una cuestión legislativa; se trata de autoridad política. Cuando un oficialismo presenta una iniciativa sin haber construido previamente los consensos necesarios, lo que termina exhibiendo no es fortaleza, sino debilidad.
El gobierno apura su reelección, la oposición sigue confundida y aletargada - Por Sergio Berensztein
El Gobierno comienza a dejar atrás el impacto político de las últimas semanas y vuelve a concentrar sus esfuerzos en el objetivo que ordena toda su estrategia: construir las condiciones para la reelección de Javier Milei. Con ese horizonte, la gestión busca recuperar la iniciativa política mientras procura consolidar la estabilidad económica, consciente de que ambas dimensiones estarán estrechamente vinculadas durante el año electoral que se aproxima. La celebración del 9 de Julio en Tucumán, con una amplia convocatoria de gobernadores, refleja ese intento de fortalecer alianzas y exhibir gobernabilidad.
La política suele analizarse desde las ideas, las estrategias, las alianzas o los números de las encuestas. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que existe una dimensión que muchas veces subestimamos y que resulta decisiva para comprender cómo gobiernan los líderes: la emocionalidad. Durante años estudié sistemas políticos, campañas y comportamiento electoral, pero debo reconocer que la formación tradicional de la ciencia política deja enormes vacíos a la hora de entender el peso que tienen las emociones en la toma de decisiones.
Todos los gobiernos enfrentan situaciones de crisis similares a las que abruman a la administración Milei, pero la experiencia indica que puede aprovecharse la oportunidad para relanzar áreas claves si se implementan planes de contingencia
Vuelven a usarse lugares comunes, metáforas y acontecimientos históricos como referencia ineludible para culminar el reciente esfuerzo de “reperonización” de CFK, una identidad con la que siempre tuvo diferencias
Aunque no parece haber tenido aún impacto electoral, un gran número de actores sociales demanda transparencia; por otro lado, parte de la ciudadanía parece hacer oídos sordos a los gritos, las groserías, los insultos
El oficialismo se convirtió, desde comienzos de año, en un generador de problemas; a fuerza de errores no forzados (el discurso de Davos, $LIBRA, las agresiones, ficha limpia), causó una erosión en la opinión pública
La relación especial que el Presidente estableció con su par de EE.UU. fue hasta ahora útil para el país, pero cabe preguntarse si es posible que un líder tan polémico como el estadounidense se vuelva un activo tóxico
La simpatía y las consonancias entre Trump y Milei son determinantes en la ayuda que recibió el país, pero más importante es que el presidente estadounidense pretende una Argentina aliada en su confrontación con China
El país y el mundo revelan la primacía de proyectos políticos personalistas - Por Sergio Berensztein
Un problema fundamental afecta al conjunto del sistema: el debilitamiento de los partidos; las ambiciones personales, generalmente de cortísimo plazo, prevalecen sobre los objetivos colectivos
Una elección clave que expone cambios profundos en nuestro sistema político - Por Sergio Berensztein
El ciclo electoral 2025 se ha transformado en la variable fundamental de la vida pública del país; esa obsesión desplaza otros debates mucho más relevantes desde el punto de vista estratégico e institucional
Los gestos autoritarios de Milei y su entorno, tolerados por buena parte de una sociedad que los veía cuestionables pero valoraba el compromiso con la austeridad fiscal, se volvieron una preocupación creciente
La naturaleza y la eficacia de las reglas del juego formales e informales que una sociedad se da a sí misma es la variable más importante para comprender los procesos de desarrollo económico en el largo plazo
“Si debatimos el presupuesto en extraordinarias no podemos sostener el superávit fiscal”, confesó un diputado radical “con peluca”, es decir, que acompaña siempre al oficialismo. ¿Implica esto que volveremos a cumplir con el procedimiento correcto solo si La Libertad Avanza puede imponer su proyecto en el Congreso? ¿Puede un país vivir sin la “ley de leyes” porque la correlación de fuerzas que surgió de la voluntad popular obliga a un debate y a alcanzar un consenso que el Presidente se niega a encarar?
La dinámica y las contradicciones que siempre se encuentran en los procesos de cambio, que a menudo incluyen más elementos que se “arrastran” del pasado de los que sus protagonistas y sus exégetas preferirían reconocer, han sido un tema de recurrente atracción para el conjunto de las ciencias sociales.
¿Hay un “vamos por todo” libertario que reemplaza, y en algún sentido reivindica, el abortado intento cristinista de 2012/13?; ¿puede existir un proyecto hegemónico que prescinda del aparato del Estado?
Parece que se minimizan los significativos costos del esfuerzo que viene haciendo la sociedad argentina y que podrían reflejarse en el debate y el comportamiento electoral de un importante segmento de la ciudadanía
Dilemas de las fuerzas de oposición ante un gobierno meritorio y afortunado - Por Sergio Berensztein
Sería prematuro afirmar que Milei ya derrotó a la inflación, pero vencerla constituye un pilar en términos de legitimidad de ejercicio y puede contribuir al menos por un tiempo a lograr victorias electorales
El Presidente tiene todo el derecho de criticar nuestro actual ordenamiento institucional y de fomentar su modificación, pero mientras la Constitución esté vigente, está obligado a respetarla y defenderla
Los Estados que avanzan con decisión en programas sistemáticos de transformación, bien diseñados y respaldados, logran mejoras significativas y sostenibles en el ingreso per cápita; ¿será el país uno de ellos?
Dirigentes políticos: una cosa es convencer a la ciudadanía de que se tiene la vocación de hacer tabula rasa con el pasado y otra muy distinta es hacerlo; hay valores y conductas tan arraigados que toma generaciones modificarlos
Lo que no pudo una fragmentada oposición podría producirse como fruto de combinar mala praxis, inflexibilidad y una tendencia a redoblar la apuesta de un conjunto de líderes con escasa experiencia política y práctica
“¿Qué escucharemos mañana de tu presidente?”, indagó el lunes pasado una experimentada diplomática latinoamericana con casi 30 años en las Naciones Unidas. “Necesitamos que la Argentina se mantenga involucrada en las cuestiones más sensibles de la región y del mundo”.
Luego de haber experimentado su big bang con la emergencia del fenómeno Milei, la fragmentación es el aspecto más saliente del sistema político argentino. Esto le permitió al gobierno nacional, con acotado esfuerzo, evitar que el Congreso insistiera con la fórmula de actualización jubilatoria, lo que habría implicado una severa derrota, ya que esa mayoría calificada de dos tercios representaba una potencial amenaza a la gobernabilidad. No solo coartaba el uso del veto presidencial ante otras iniciativas parlamentarias que pretendieran condicionar el accionar del Poder Ejecutivo, en especial en el plano fiscal, sino que representaba una bomba de tiempo ante la eventualidad de un pedido de juicio político.
Para un país tan volátil e incierto como el nuestro, resulta entre absurdo e insensato especular con el ciclo electoral del año próximo o, más aún, con el de 2027. Sin embargo, y a pesar de que no terminó de aquietarse el fragor del debate por la Ley Bases, casi toda la política ya está pensando en eso.
¿Qué vimos estos días sobre el funcionamiento del sistema político argentino? Nuestra identidad nacional tiene infinidad de valores positivos, pero la humildad no es, lamentablemente, uno de ellos
La definición de Cristina Kirchner que mostró sus diferencias con Alberto Fernández tal vez sea su mayor aporte para comprender la decadencia de la política argentina, de la que es en gran parte responsable
El debate sobre las condiciones, los requisitos o los apoyos políticos necesarios para avanzar con la agenda de reformas que propone Javier Milei está sobre la mesa. Los principales ejes de discusión son cuatro.
El Milei polemista y preocupado por sostener su narrativa de confrontación se convirtió en el principal enemigo del Milei presidente con su ambiciosa agenda de transformaciones
Más allá de las idas y venidas, las resistencias y los reacomodamientos que puede producir, ocho semanas en el poder fueron más que suficientes para que Javier Milei advirtiera que no podía continuar con su esquema original de gobierno y con su endeble presencia tanto en el Congreso como a nivel territorial, considerando provincias y gobiernos locales.
Javier Milei construyó una singular narrativa en su exitoso camino a la Casa Rosada. Interpretó como ningún otro candidato el humor social predominante. En especial, el hastío frente a un aparato estatal tan gigantesco como ineficiente. Definió un enemigo poderoso, “la casta”, con privilegios inaceptables consecuencia de su capacidad para controlar los resortes de la política, responsable de todos los males del país. Más aún, se alineó con los arquitectos de la Argentina próspera y moderna de la generación del 80, de quienes quiere ser su heredero y exégeta, sobre todo de Juan B. Alberdi y Julio A. Roca.
Construir autoridad presidencial y avanzar con el ajuste, desafíos de Milei - Por Sergio Berensztein
El problema de la gobernabilidad se desplaza ahora hacia la “factibilidad” de las medidas anunciadas: que un gobierno que apenas comienza a asentarse proponga un programa tan severo es un hecho muy inusual
Cualquiera sea la decisión de la ciudadanía expresada en el voto popular, este domingo podríamos comenzar a transitar una etapa sin precedente en la convulsionada historia política argentina. Lo que hasta hace poco parecían escenarios impensables o inviables en menos de 72 horas formarán parte de una intrigante realidad. Habrá de acotarse, al menos en el margen, el enorme marco de incertidumbre que viene caracterizando a este singular proceso electoral: sabremos quién será el nuevo presidente, si no surgen cuestionamientos a la transparencia y legitimidad de los comicios. Pero aun cuando eso no ocurra (crucemos los dedos para que así sea), quedarán serias dudas sobre el futuro político, económico y social de esta Argentina fragmentada que está a punto de cumplir cuatro décadas de continuidad institucional.
“El peronismo se divide, el radicalismo desaparece”, repetía, provocativo, el sociólogo Torcuato Di Tella. No pasó. Probablemente, tampoco esta coyuntura crítica que vive la política argentina luego de las elecciones finalice con ese escenario. Pero puede estar configurándose un sistema de dos coaliciones con componentes ideológicos y valóricos bien definidos de centroizquierda y centroderecha.

