Luis Novaresio

Si alguien duda (o hace dudar) de la competencia de Alberto Fernández es su propia coalición

El Presidente y algunos miembros de su gobierno acumularon varios desaciertos en los últimos días

La Argentina atraviesa el peor momento de la peor tragedia sanitaria conocida. Sin las vacunas necesarias, sin testeos masivos no realizados por terquedad inexplicable, con carencia de autoridad para imponer restricciones luego del abuso de ellas en el año pasado, con nadie inspirador y respetado para comunicar lo que ocurre”

El Presidente sostiene blanco en donde antes dijo negro, frío en donde dijo padecer calor

En medio de la segunda ola de COVID-19 y las discrepancias dentro de su propio gabinete, Alberto Fernández invierte tiempos de su enorme magistratura en temas poco importantes que no atienden las necesidades de la sociedad
Las torpezas y caprichos del Presidente menoscaban su credibilidad, incluso ante una realidad que se presenta negra

El fenómeno no es nuevo y parece pétreo. La narcotización de la realidad argentina traerá un peor hecho en el futuro que hará olvidar el de hoy

El episodio Formosa corona un ya no vidrioso sino bochornoso cuadro de situación. Para el Presidente pesa más la estrategia de alianza con un gobernador que los principios de la ley
Fernández sabe la cantidad de dosis, los horarios de los aviones que llegan y van, los médicos que trabajan, ¿y no se enteró de que su ministro da citas privadas para los pinchazos? ¿Ginés pudo atreverse a tanto sola su alma?
¿Creen de verdad que declamar un derecho sin exigir que el Estado lo garantice es de progreso? ¿Qué pasaría si Carlos Rosenkrantz o Ricardo Lorenzetti dijeran mañana que Alberto Fernández es un Presidente muy poco calificado socialmente?

