Lunes, 28 Junio 2021 11:41

Están extraviados - Por Luis Novaresio

 

El Presidente y algunos miembros de su gobierno acumularon varios desaciertos en los últimos días

Sigue siendo irrefutable la etimología aún en una nación en donde se desafía hasta la ley de gravedad.  Están extraviados. Fuera de la vía, hacia afuera del camino.  Si no, no se explica el desatino del acto de ayer domingo ¿recordando?, ¿homenajeando? a las 92360 víctimas argentinas del COVID-19.

Una opción para interpretar este acto es que Alberto Fernández se haya querido auto infligir otra humillación recordándose ante el país, ante los gobernadores, que supo estamparse con lo prometido al lanzar la cuarentena más larga del mundo. “Prefiero 10% más de pobres antes que 100 mil muertos por coronavirus”, dijo el año pasado. Logró los dos objetivos: catapultar a mucha gente a la pobreza y cosechar todos esos muertos. Alberto lo hizo.

El gobierno está extraviado. El jefe de gabinete asume manu militari el rol de infectólogo y considera que es mejor una dosis de una vacuna que prevé dos “antes que la que se dio Macri”, en alusión de desprecio a la de uno de los laboratorios más importantes del mundo, Johnson y Johnson, con el que se trata de conseguir algún acuerdo. Los dueños de la empresa, imagino, felices por el buen trato.

De paso, sería oportuno que esta teoría epidemiológica de Cafiero (“Una dosis nuestro vale más que dos de las de los gringos”) se la comunicaran a los 41 funcionarios del gobierno nacional que corrieron a buscar la segunda dosis de la Sputnik como explicó la estupenda nota de Infobae firmada por Mariel Fitz Patrick y Sandra Crucianelli. Y a los azorados y angustiados cientos de miles de a pie que esperan en la cola viendo este nuevo desatino que bien podría constituir el “Vacunatorio Vip parte II”, ¿cómo les explica el gobierno que la consulesa en Guatemala, un asesor presidencial o un funcionario del ministerio de cultura tengan más derecho a tener su segunda dosis que un jubilado de la mínima?

El extravío gubernamental no es solo en materia de salud. Van un par de ejemplos demostrativos, para nada exhaustivos. El presidente cancela las exportaciones de carne para que haya más oferta local y baje el precio y, por supuesto, hay menos carne y más cara, sin contar el descrédito internacional ante los que habían pactado con nuestro país un acuerdo defaulteado de buenas a primeras. Ahora, se propone exportar esperando que se nos crea la palabra y se imagina desde la Casa Rosada si en la mesa de un argentino se comerá lomo o carnaza.

Argentina no se alinea con los países del mundo que creen que en Venezuela no hay estado de derecho y que en Nicaragua se violan libertades esenciales o se encarcela presos. Extraviados. El brazo pesado del Estado recae sobre los argentinos que se fueron al exterior, muchos a vacunarse ahorrando las escasas dosis que llegan a la Argentina, y se los controla domicilio por domicilio, haciendo cruces simbólicas en las puertas de los viajeros, pero no controla a los funcionarios que no proveyeron de las vacunas que hubieran evitado los viajes.

Argentina se desconectó del mundo, digámoslo sin eufemismos.  Que sólo puedan ingresar 600 personas por día por Ezeiza es admitir dos aviones de pasajeros diarios seleccionados a dedo por el gobierno.    Extraviados. Claro que hay que controlar que no ingresen las variantes potentes del virus.  Controlar. No cerrar el país.  Es como si para evitar accidentes viales se prohibiera la circulación de autos.

Y para coronar el extravío, el acto de “recordación” de los muertos por COVID. ¿Cuántos familiares de los fallecidos fueron convocados para honrar a sus muertos y hacer escuchar sus voces? Si se recuerda a los que no pudieron salvar sus vidas, ¿deben hacerlo los gobernadores y el presidente a cargo del sistema que no los contuvo? Puesta en escena extraña, a destiempo, con un discurso pobre, obvio, que pretendió centrar su idea fuerza en esto de que muchos se detienen en una posición egoísta antes que la necesidad de la mayoría agobiada por la corona.

¿Cuál egoísmo? ¿El de calificar como imbéciles importantes a los que disienten, pifiar por millones las perspectivas del plan de vacunación, carecer de explicaciones públicas y propias de la república por la marcha del plan sanitario en materia de testeos, vacunas y otros aspectos? Si el fondo del acto fue insípido, las formas tampoco se quedaron atrás.

La presencia de gobernadores pareció un coro de hombres y mujeres que asentían a este libreto sostenido por la simpática actriz Laura Novoa que creyó que hablarles a “todes” era moderno e inclusivo sin notar que, tras cartón, (¿machiruleó?) excluyó de peso propio a Fabiola Yañez, presentándola como “primera dama”, puesto banal, sin entidad más que ser la decorativa compañera del que importa, el presidente.

Al menos la música de Lima Quintana, Piazzolla, Eladia Blázquez y la enorme Patricia Sosa invocaron a los poetas que saben de recordaciones.  No dejó de ser sugestivo (o premonitorio) que el organizador haya elegido la irrepetible voz de Susana Moncayo para cantar un fragmento de una de las pasiones de Bach. El “erbame dich”, que significa tener compasión.  Todo un mensaje subliminal o, si no querido, a la medida del acto.

Luis Novaresio

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