Domingo, 05 Abril 2020 21:00

El virus, Argentina, Brasil y Chile: tres colapsos tan enormes como inevitables - Por Germán Fermo

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El shock que este virus representa no es uno temporario como muchos analistas todavía remarcan. Este shock es permanente y generará un cambio de paradigma mundial a nivel social, político, institucional y económico, y no estamos ni cerca de poder anticipar sus múltiples y nefastos impactos.

 

Esta pandemia del Covid-19 le va a costar la presidencia a mucho personaje político, merecidamente o no y ante la desesperación, las masas eligen culpables y en esta coyuntura seguramente habrá muchos que a lo largo y a lo ancho del inmenso Planeta Tierra serán tildados como tales.

No es tiempo de políticos improvisados y para aquéllos que así lo están, prepárense porque van a tener que pasarse la vida explicando, esta es una emergencia de vida o muerte, literal. El mundo todavía sigue leyendo el diario del 2019 cuando hace rato ya nos llegó el tiempo de imaginarnos el 2021, un 2021 que estará marcado por todo lo que se nos viene en breve en 2020. No existe un solo humano en este planeta que pueda seriamente predecir los infinitos equilibrios dinámicos que nos deparará esta pandemia del coronavirus que tendrá muchas etapas, todas dolorosas a pesar de que ningún político quiera reconocerlo.

Pero bueno, cualquier persona medianamente adulta sabe que si hay algo en lo que nunca creer es en la retórica de un político y más aún en un contexto en donde todos ellos sienten el mismo miedo, el de hacerse cargo de una realidad que los trascendió en tamaño, drama, urgencia y sarasa.

Esta crisis biológica que nos carcome el alma simplemente nos superó en toda dimensión posible de análisis y predictibilidad. Especialmente me preocupa la dinámica sanitaria que el virus tendrá en todo el mundo emergente, aspecto que comenzaremos a conocer en los próximos 20 días, un mundo mucho más pobre, con muchos menos recursos y capacidad sanitaria. Lo peor para gran parte del mundo emergente, ni siquiera comenzó aun, sólo podemos usar al escalofriante espejo de Europa, como mera aproximación de lo que se aproxima y Europa a diferencia de emergentes, es muy rica. ¿Cuáles serán entonces las curvas de aceleración en países emergentes si naciones opulentas como Italia y España viven hoy una calamidad bíblica? ¿Está el mundo emergente siquiera preparado para medir esas curvas? ¿Podrá el mundo emergente cuantificar al menos cómo crece el enemigo?

En este nuevo orden, no veo nada que no sea un futuro muy muy gris para toda Sudamérica una vez que el virus haya pasado y nos deje con todas sus múltiples y duraderas secuelas y el mercado financiero internacional parecería estar descontándolo. Si creen en algo, el tiempo de mirar al cielo y pedir es ahora y si no creen en nada, al menos préndanle una vela a emergentes.

Un virus que exacerbó todo lo imaginable. Por razones radicalmente diferentes, las economías de Argentina, Brasil y Chile vienen navegando una dinámica de sumo estrés en el último año. De Argentina conocemos bastante y el tiempo o el diablo dirán que nos deparará en este bendito país en el que vivimos. Respecto a Brasil, un país del cual cuelga muchísimo la actividad económica de la Argentina, la aparición de la pandemia ha exacerbado ciertos comportamientos que a esta altura suenan como verdaderamente dramáticos. Por ejemplo, el mercado accionario de Brasil representado por el EWZ (ETF que replica acciones brasileñas medido en dólares) ha tenido una performance muchísimo peor que sus pares de emergentes.

En lo que va del año, el EWZ exhibe un retorno negativo del 55% cuando el EEM (ETF que replica acciones diversificadas de emergentes medido en dólares) está 26% abajo implicando que el beta con el que Brasil se comportó a la baja ha sido bestial. Dos aspectos vienen castigando al EWZ: por un lado, una permanente depreciación del real brasileño que en lo que va del año está 32% abajo contra el dólar y un castigo puntual a las principales acciones que conforman al mercado brasileño. Esta dinámica que ya había comenzado antes de que la pandemia fuera descontada en precios de activos globales fue claramente exacerbada desde que el S&P comienza su corrección en los primeros días de febrero. La depreciación del Real denota un fuerte éxodo de capitales que hace rato ya viene saliendo de riesgo Brasil vendiendo su moneda local y dolarizando, en una dinámica que quizá tenga algo de parecido con el “evento LEBAC” que vivió la Argentina entre abril y mayo del 2018.

Pero la cruel historia de Brasil no termina aquí. La aparición de la pandemia seguramente incrementará un grave problema que el Presidente Bolsonaro intentaba corregir con bastante poco éxito: enorme déficit fiscal y crónica incapacidad para crecer, ambas historias muy familiares para nosotros, los ciudadanos de Peronia. La principal razón por la que los activos brasileños venían subiendo desde inicios del 2018 era la expectativa de que este nuevo gobierno pudiera implementar una serie de reformas monumentales y contundentes que permitiesen reducir el aspecto estructural del gasto y por lo tanto, del déficit. Con el virus amenazando a todos, claramente el 2020 no será un año de reformas en ningún país emergente y mucho menos en Brasil.

Por lo tanto, postergar la temporalidad de las reformas implica un enorme castigo para un mercado de acciones que como en la Argentina del 2017 venía subiendo no por la realidad de los sucesos sino por la expectativa de lo que se esperaba a futuro. Operar al mercado de acciones brasileños con la “historieta de las reformas de Bolsonaro” es a esta altura leer el diario del año pasado, esa historia ya fue, hace tiempo que viene siendo necesario cambiar el casete.

Y a esta secuencia de promesas descontadas pero incumplidas se le suma la posibilidad de que este shock virósico cambie incluso el destino político de Brasil en el futuro mediato, más aún con un Lula libre. ¿Podrá a Bolsonaro sucederle la mismo que a Mauricio Macri? ¿Estará el mercado de acciones descontando un final anunciado? Hay ciertos niveles preocupantes que me dan la sensación de que lo peor todavía no llegó al mercado de acciones de Brasil. El EWZ cotiza hoy en la zona de u$s 22. En la crisis de Lehman 2008 llegó a un mínimo de u$s 28 aproximados y en la crisis brasileña del 2015/2016 llegó a un mínimo de u$s 18. Como se observa, el castigo a Brasil fue muchísimo más agudo que el observado en muchos otros países emergentes. Un nivel fundamental a observar en las próximas semanas es si el mercado se anima a quebrar los u$s 18 de fines del 2015, si eso ocurre, el mercado accionario brasileño no tiene un solo soporte razonable y puede colapsar en caída libre.

En otro orden de cosas Chile, con todo lo observado a nivel social y político durante el 2019 también fue severamente castigado en términos relativos. De hecho, en abril 2020 Chile enfrentará un plebiscitico en donde se decidirá si la ciudadanía quiere una reforma constitucional. Por lo tanto, por razones muy distintas a las de Brasil, el mercado accionario chileno también fue vapuleado en términos relativos. El ECH (ETF que replica acciones chilenas medido en dólares) hoy exhibe al igual que Brasil niveles inferiores que durante el mínimo alcanzado en la Crisis de Lehman 2008. Actualmente el ECH cotiza en la zona de los u$s 22 cuando durante la crisis 2008 lo hacía en 26. Insisto, no es un detalle trivial que tanto Brasil como Chile estén hoy cotizando a niveles inferiores a la crisis del 2008 que por el momento se considera como lo peor que aconteció en los mercados financieros desde la crisis de 1930.

Si comparamos esta dinámica de Brasil y Chile con lo observado en mercados emergentes diversificados, la historia es totalmente diferente. Por ejemplo, el EEM alcanzó un mínimo de u$s 18 durante la crisis del 2008 y hoy cotiza muy por encima en la zona de 33 USD. Lo propio le ocurre al FXI (ETF que replica acciones chinas medido en dólares) que en 2008 alcanzó un mínimo de u$s 19 y hoy cotiza en u$s 37.

Se observa claramente entonces que mientras Brasil y Chile cotizan debajo de los mínimos del 2008, el mercado accionario de emergentes diversificados y China cotizan muy por encima de los mínimos del 2008. Claramente el mercado diferencia entre aquellas historias de mercados emergentes muy complicadas relativas a otras que en este contexto impensado que de golpe se nos vino encima no lo parecen tanto. Pero cuidado, me pregunto si esta vez los niveles del FXI no estarán subestimando la desglobalización que se le viene a China muy en breve a cargo de un Occidente que pagará un precio infinito por la pandemia que se nos vino encima.

El tiempo de pasar la factura va a llegar y será muy pronto para un mundo que nunca más volverá a ser el mismo de antes. Y culmino con el inicio: el shock del virus no es uno temporario como muchos analistas todavía remarcan. Este shock generará un cambio de paradigma mundial a nivel social, político, institucional y económico, y no estamos ni cerca de poder anticipar sus múltiples impactos. Esta crisis biológica que nos carcome el alma simplemente nos superó en toda dimensión posible. Especialmente me preocupa la dinámica sanitaria que el virus tendrá en todo el mundo emergente aspecto que comenzaremos a conocer en los próximos 30 días, un mundo mucho más pobre, con muchos menos recursos y capacidad sanitaria. ¿Cuáles serán las curvas de aceleración en esos países si naciones ricas como Italia y España viven hoy una calamidad bíblica? En este nuevo orden, no veo nada que no sea un futuro muy muy gris para toda Sudamérica una vez que el virus haya pasado y nos deje con todas sus múltiples secuelas en el equilibrio general. Como siempre, llegará el tiempo de posicionarse fuertemente en acciones, pero no complicaría la jugada, todas las fichas esta vez en USA en empresas de altísima calidad.


Germán Fermo
Director Maestría en Finanzas, Universidad de San Andrés

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