Cambiar los chicos de escuela, a una más barata o a la pública en cuanto se pueda hacer el trámite. Mudarte a algo más económico si no lográs renegociar el precio. Resignar el plan de la prepaga por otro más módico, o abandonarla, si total con el coronavirus te llevan al Polo Sanitario, que es público. Deber varias boletas de luz, ahora que se puede. Esperar el IFE, que parece que no llega nunca. Arrepentirte por no haberte ido en 2001 y alentar ahora a que al menos se vayan los chicos. Endeudarte y, cuando se te acaba, vender el auto para pagar el súper.
Además, agradecer que haya un montón de cosas cerradas. No las podríamos pagar y, entonces sí, la crisis tomará su magnitud real.
Esas son algunas de las sensaciones que atraviesan hoy a las familias argentinas, signadas todas –quien más, quien menos– por las dificultades económicas derivadas del coronavirus.
“Se está subestimando el impacto de la crisis económica porque la cuarentena lo tapa, pero, cuando despejes eso, la gente se va a encontrar con lo que implica que en un año el PIB caiga 12%. Hasta ahora pasó una sola vez en la historia”, dice con contundencia Guillermo Olivetto, especialista en consumo y lector habitual del pulso de la clase media.
Esta caída, que para muchos puede incluso llegar hasta el 15%, será más grave que lo que fue en 2001. Ese año, etiquetado como el de “derrumbe”, el PIB se contrajo 10,9%.
En el durísimo quinquenio 1998-2002 cayó 14,8%, el mismo pozo en el que se estima que se hundirá este 2020. La desocupación de 2002 escaló al 19,7% y la inflación de ese año se estacionó en 41%. Cacerolazos al ritmo del “que se vayan todos”, desesperación en los bancos y caos social completaban entonces el panorama.
Nada de eso ocurre ahora. El desplome de la economía sería el gran denominador común entre aquella crisis de hace 20 años y está, al menos en términos macroeconómicos. Seguramente inflación y empleo tendrán guarismos similares.
“La primera diferencia está en el origen de la crisis: aquella fue una crisis de financiamiento que terminó con una corrida bancaria y cambiaria, y eso generó problemas de liquidez del sistema financiero, que terminó en corralito-corralón. Todo eso sumado a una devaluación asimétrica, por lo que hubo una transferencia de recursos de acreedores a deudores que terminó en default”, resume el economista Fernando Marengo, socio del estudio Arriazu Macroanalistas.
La razón del hundimiento económico hoy está en el hecho de que “se apagó” la economía. Como hizo el mundo, aunque acá lo experimentamos con un confinamiento muy prolongado y sin las espaldas que tienen las grandes economías. “El aislamiento atenta contra la base de la economía moderna, que es la circulación y el intercambio”, agrega.
Diferencias
El sistema financiero hace dos décadas representaba el 40% del PIB y hoy no llega al 15%, es mucho más pequeño y casi exclusivamente transaccional.
En 2001, el 65% de los depósitos estaba en dólares y la gran mayoría tenía deudas en dólares con ingresos en pesos. Hoy sólo se endeudan en dólares quienes tienen ingresos en dólares y el grueso de los billetes ya se fue de los bancos luego de las Paso de 2019. Hoy hay 19.480 millones de dólares depositados y reservas por 43.409 millones. En 2001 había 15.232 millones de reservas y 44 mil millones depositados.
Un punto de contacto entre ambas crisis está en el déficit fiscal, pero es una foto muy sesgada. Argentina partió de casi un equilibrio fiscal en 2019 y terminará con un déficit más grande que en 2001. “Este será el más alto déficit desde el Rodrigazo, del 8% primario y del 10% financiero”, anticipa Marengo.
“Pero este déficit está motorizado por una situación extraordinaria como la pandemia, cuando se caen los ingresos y tenés que hacer contención social y sanitaria, que en algún momento se va a revertir”, describe. “Si se recupera la economía, se recupera la recaudación y, por ende, algo del gasto se va a acotar”, subraya.
La gran pregunta es a qué velocidad vendrá esa recuperación.
“Habrá una recuperación rápida porque es una crisis muy especial”, dice el economista Miguel Kiguel, en referencia a que habrá movimiento en cuanto pase el parate obligado. Los problemas están en que las herramientas usadas en 2002 no son viables ahora.
Kiguel remarca que no hay superávit fiscal para hacer una política fiscal expansiva ni para aumentar el gasto público, que hoy es del doble del que había hace dos décadas. “No hay plan económico, ni objetivos económicos. No se sabe cómo se va a resolver el déficit fiscal, cómo se va a resolver la emisión monetaria, cómo se va a insertar Argentina en el mundo y qué va a pasar con el gasto público”, remarca.
“El único aliciente es que es una crisis muy rara y a nivel mundial, porque lo que se hizo es apagar la economía. Acá hay que ver hasta dónde se levanta y cuánto rompiste en el medio”, dice Olivetto.
La gran diferencia
Una enorme diferencia entre ambas crisis está en la deuda. Hace dos décadas se festejaba el default, sin plena conciencia de lo caro que le costaría al país. Ahora el consenso generalizado era que había que evitarlo y Argentina, en tiempo de descuento, logró evitarlo. La percepción es que al menos dejó de cavar en el pozo.
Otro punto es el tipo de cambio. La recuperación de entonces vino de la mano de una devaluación abrupta del peso, sobrevaluado al extremo en los últimos años de la convertibilidad. Hoy los problemas están más en la brecha y en el cepo que en el tipo de cambio real.
No hay que soslayar las percepciones políticas. Están los que dicen que con el peronismo en el poder es imposible que haya otro 2001. Es más, hasta arriesgan con que hubo un 2001 porque no estaba el peronismo en el poder.
Si bien preocupan la convivencia de la dupla Alberto Fernández-Cristina Kirchner y el grado de condicionamiento que pueda imponer la vice, muchos creen que las reformas estructurales que hay que hacer y que seguramente el FMI demandará sólo las puede hacer el peronismo.
El relato puede ir por otro lado, pero lo que importará en definitiva es lo que quede después del tamiz. Valen dos ejemplos: se suspendió la fórmula de movilidad previsional que expandía peligrosamente el gasto público y se logró que los gremios nucleados en la CGT aceptaran una rebaja del 25% de los salarios a cambio de mantener el empleo. ¿Podría otro gobierno haber logrado eso?
Es cierto que esta vez hay una red de contención social que no existía en 2001. Desde los planes y AUH preexistentes hasta el IFE y los ATP de la cuarentena y los comedores que sostienen organizaciones civiles.
Desazón simbólica
De todos modos, hay más que variables macro para comparar en esta crisis y en la anterior. Ahí aparece la desazón, esa angustia profunda que surge cuando tantos llegan a una conclusión desgarradora: que este país no tiene arreglo.
En ese contexto, aparece otra vez la idea del “me voy”. Aunque, a diferencia de 2001, el mundo también está complicado y es menos amigable con los extranjeros. “Estamos condicionados por la opresión de esta situación, que es la suma de todos los miedos: el miedo a la pandemia, la crisis económica, la inseguridad, el temor de perder el empleo. Se juntaron todos los temores y es natural que estemos hipersensibles y que aparezca como posibilidad la idea de emigrar”, reconoce Olivetto.
En términos de ingresos, estamos igual de pobres que hace dos décadas.
“Después de 20 años tenemos el mismo poder de compra que a inicios del nuevo milenio”, resume Laura Caullo, investigadora del Ieral de Fundación Mediterránea. En 2001, antes del estallido, a precios de hoy, el salario promedio privado arañaba los 50 mil pesos. Hoy está en 48.377 pesos.
En términos de dólar, la comparación es todavía peor: 880 pesos/dólares en octubre de 2001 a 638 dólares hoy, tomando el tipo de cambio oficial. Si se considera el dólar blue, son apenas 355.
20 años para estar parados en el mismo lugar. Dos generaciones completas.
En el mismo lugar, dos décadas después
Ingresos y poder de compra en 2001 y en 2020.
Según cifras del Ieral de la Fundación Mediterránea, a precios de hoy, antes del estallido de 2001 el salario privado promedio se aproximaba a los 50 mil pesos. Hoy está en 48.377 pesos.
Cuando esas cifras se comparan con el dólar, en 2001 el sueldo promedio alcanzaba para comprar 880 dólares y hoy alcanza para comprar 638 dólares al cambio oficial (no pueden adquirirse por el cupo de 200 dólares mensuales). Si se considera el dólar blue, alcanza apenas para 355 dólares.
Laura González


La caída del PBI será peor: pronostican una baja del 15% frente al 10,9% de 2001. Habrá recuperación, pero más lenta que en 2002. Las diferencias: se alejó la posibilidad de “default” y el sistema bancario no presenta el nivel de riesgo que tuvo en 2001. La desesperanza es similar.