Lunes, 17 Agosto 2020 21:00

El acuerdo por deuda no disimula otros problemas económicos - Por José Calero

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El acuerdo con los acreedores mientras se aguarda la negociación con el FMI no disimula otros problemas claves de la agenda económica, como la dramática suba del desempleo, la presión sobre las reservas, el tipo de cambio y la falta de una estrategia para encarar una recuperación del aparato productivo.

 

El dilema más urgente fue llevado al gabinete por el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, cuando alertó sobre la fuerte presión que sufren las reservas del Banco Central.

Solo para atender la demanda de dólar para ahorro, la autoridad monetaria viene destinando unos u$s 800 millones mensuales.

La vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, le recomendó a los argentinos "amigarse" con el cepo cambiario y advirtió: "Los dólares los necesitamos para producir. Lo que no podemos hacer es gastarlos en ahorro que va a parar al colchón".

Fue otra señal de que el Gobierno está analizando con lupa qué hacer con el modesto cupo de u$s 200 mensuales que permite comprar, lo cual fue reconocido por el presidente Alberto Fernández, aunque luego se salió a bajarle el tono a la cuestión por pedido del ministro de Economía, Martín Guzmán.

Habrá que ver si esto se mantiene a fin de agosto, antes del arranque de otro período de compra de divisas, una operación que se realiza mayoritariamente en los primeros días de cada mes.

El Gobierno busca instalar otra agenda y salió a transmitir en los últimos días la aparición de los primeros indicios de reanimación económica, aún en un escenario recesivo.

Desde el Ministerio de Desarrollo Productivo destacaron que se empezó a desacelerar el ritmo de caída en la economía y se empiezan a observar algunos intentos por recuperar la actividad.

Hay coincidencia con organismos internacionales en que si bien el Producto Bruto caerá más del 10% este año, en 2021 podría producirse un fuerte rebote, lo cual le vendrá muy bien al gobierno porque será un año electoral.

El paquete de ayuda que incluyó el IFE, los créditos a monotributistas y autónomos, y el ATP, absorbió 1,4 billones de pesos, lo cual representa el 5,2% del Producto Bruto y contribuyó a profundizar el déficit fiscal, pero evitó una debacle total de la economía.

Según el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, "ahora viene el desafío de la reactivación".

Por eso se analizan medidas destinadas a reactivar el consumo, recuperar la construcción y motorizar la industria.

El Gobierno considera que la Argentina necesita incrementar fuerte sus exportaciones porque el principal factor que genera las crisis recurrentes es la estrangulación del sector externo.

"Se nos acaban los dólares y tenemos crisis", sostiene Kulfas para graficar el fenómeno.

Un punto clave que destacan en la Casa Rosada es que la inflación anualizada de estos siete meses es la mitad de la que había en 2019.

Y, tal vez en respuesta al ex ministro Roberto Lavagna, aseguran que el dólar no está atrasado y crece por arriba de la inflación.

El dólar subió 22% y la inflación 15,8%, destacan en el Gobierno, y aseguran que se trata de un tipo de cambio competitivo que favorece las exportaciones.

Pero admiten que la brecha cambiaria es un problema y prometen ir normalizándola, aunque no se animan a dar plazos, que es lo que reclaman los operadores.

El consumo privado representa el 57%, de modo que, al estimularlo directa o indirectamente, logra traccionar al conjunto de la economía.

El último balance cambiario del Banco Central muestra que, pandemia mediante, en el primer semestre del año ingresaron 28.410 millones de dólares por exportaciones de bienes y servicios, una cifra algo menor a la del primer semestre del 2019 (30.440 millones).

Al haberse frenado gran parte de la fuga de divisas, el ritmo de las importaciones y los pagos de la deuda externa, la balanza de pagos cerró en junio con un rojo de 160 millones de dólares, un monto muy bajo si se lo compara con el déficit de 8.470 millones que acumuló en junio de 2019 la administración Cambiemos.

De los sectores contemplados en el balance cambiario del Banco Central solo seis actúan como oferentes netos de divisas: producen más de las que consumen.

El oleaginoso-cerealero fue el principal oferente: en el primer semestre aportó al mercado cambiario 8.485 millones de dólares netos, seguido por el de alimentos y bebidas (2.820 millones) y la minería (1.186 millones).

En el extremo opuesto -los que piden más dólares de los que producen- las personas físicas fueron los principales demandantes de divisas (2.275 millones de dólares), seguidos por la industria química (2.250 millones) y el comercio (1.560 millones).

Escenario social delicado

Aunque se empiece a observar una luz al final del túnel, el escenario social es muy complejo: hasta fines de mayo hubo unas 740 mil suspensiones y 338 mil despidos en empleos registrados.

Entre 3.500 compañías que releva el Ministerio de Trabajo, el porcentaje de las que han aplicado suspensiones subió del 5% de marzo al 18% en junio.

Entre fines de febrero y fines de mayo se perdieron 388.000 empleos, la mayoría en la construcción; hoteles y restaurantes; industria y comercio.

Proyecciones privadas estiman que este año el PBI caería alrededor del 13% y, para 2021, la economía habría quedado al nivel de 2007 o de 2005.

Un escenario muy delicado que dispara un aumento en la pobreza y el desempleo, y puede sintetizarse en la frase que pronunció Alberto Fernández ante jóvenes industriales: "Si no diseñamos otro país, estamos fulminados".

José Calero

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