Domingo, 17 Enero 2021 13:41

Con Fernández, la economía crecería 0% - Por Alcadio Oña

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El Gobierno va y viene, con decisiones y argumentos desordenados y sin que se sepa dónde quiere ir. Mientras, la economía se hunde, y tanto que si no hay un viraje fuerte los datos anticipan que crecería 0, nada, durante la gestión de Fernández.

Viene casi cantado, si no definitivamente cantado, que el Gobierno le escapará como quien escapa del Covid-19 a un ajuste económico duro con el Fondo Monetario, aunque algún tipo de ajuste deberá aceptar porque eso está en la esencia de los pactos del FMI. Quienes cuentan cosas así hablan, también, de un fenómeno propio de negociaciones muy promocionadas desde despachos oficiales, pero en los hechos bastante preliminares: que entre funcionarios de primera línea poco se sabe, todavía, qué piensan en el Fondo de la estrategia argentina ni cuál sería su contragolpe.

Previsible, la posición del Gobierno es pariente directa de las elecciones parlamentarias de octubre y, sobre todo, del impacto cruzado que el cuadro económico-social puede tener en el resultado. Decir impacto cruzado, o sea, hacia un lado o hacia el opuesto, significa hablar del continuismo kirchnerista y del tiempo que le quedaría para el uso de la botonera del poder, arbitrario y a la medida de sus necesidades.

La incógnita que toca al FMI se llama Estados Unidos, o la necesidad de entrever cómo votaría el poderoso director norteamericano en el caso argentino antes de mover cualquier ficha. Y eso, que arrimaría información sobre qué piensa Joe Biden del gobierno de Alberto Fernández-Cristina Kirchner, se empezará a develar a partir del miércoles próximo, cuando él asuma y cuando, además, surjan indicios de cuán útil fue que la Argentina respaldara su presidencia y repudiara la violencia de Donald Trump, en la OEA.

Dice, bien concreto, un consultor que pasó por el directorio del Banco Central y atravesó experiencias parecidas: "Ir a un default con el Fondo sería catastrófico y seguir pateando para adelante una negociación que nosotros mismos promovimos generaría sacudones cambiarios. Pero debiera quedar claro que el FMI no arreglará lo que hemos desarreglado durante años, ni ordenará las cosas que desordenamos todos los días. Y también que, en algún sentido, resulta contraproducente tenerlo metido acá y que fue apresurado tocarle la puerta tan pronto".

Una muestra de ese mundo dislocado, donde conviven varios comandos y ninguna estrategia ordena, es que frente al aumento de algunos alimentos se resuelva paralizar las exportaciones de maíz por completo. O que, en un mismo día, con el argumento de la crisis sectorial, un decreto autorice subir 7% las tarifas de la medicina prepaga y, sin ningún argumento y firmado por el mismo presidente, otro decreto borre la suba de un plumazo. O que, de un momento para otro, se prohíban importaciones consideradas suntuarias después de que durante meses y meses no lo hubiesen sido.

Dentro de ese universo confuso, cambiante, tenemos una suspensión de los despidos y una doble indemnización que muchos no saben si siguen vigentes, ni tampoco por qué no se aplican en caso de que sigan vigentes. Tenemos también precios controlados o cuidados desde el arranque de la nueva era K que, desde el arranque de la nueva era K, han subido 57, 58, hasta 64%. Y tenemos un gobierno que se horroriza del endeudamiento macrista y, sin horrorizarse, paga tasas del 16% en dólares -11 puntos más que Paraguay- para frenar al paralelo y no frenarlo.

Nada existe ahí que pueda ser asimilado a un verdadero plan antiinflacionario, a una política fiscal, monetaria y cambiaria articulada y menos todavía a un programa de desarrollo. Abundan, eso sí, improvisación, cortocircuitos personales, déficits de gestión evidentes con un año gestionando y salidas del tipo cierro todo sin haber trabajado, previamente, en alternativas más elaboradas y menos draconianas.

Peor, si se quiere, es que Carla Vizzotti, la denominada secretaria de Acceso a la Salud a cargo de la conexión rusa hubiese anunciado un cambio rotundo en la campaña de vacunación y, trascartón, dicho todo lo contrario: que no habrá ningún cambio. Por si hace falta un poco de contexto del serio, los casos de Covid-19 ya se acercan a los dos millones y las muertes superan las 45 mil.

El salto que los contagios pegaron estos días recuerda, instantáneamente, al golpe que la actividad económica y el desempleo sufrieron en el segundo trimestre del año. Esto es, caída del PBI del 19% y 3,4 millones de puestos de trabajo perdidos en apenas tres meses que explican, justamente, el temor subido que a Fernández le provoca la segunda ola.

Martín Guzmán, el ministro de Economía, siente un temor adicional: el de verse obligado a reponer los programas de asistencia a las familias y al trabajo u otros similares, que había sacado del Presupuesto 2021 y que el año pasado le costaron al Fisco alrededor de $ 479.000 millones. Desaparecería, así, la pata potente del ajuste que se le pensaba ofrecer al FMI.

Entretanto, otra pieza clave de las negociaciones con el Fondo sigue en el limbo: el descongelamiento de las tarifas o, concretamente, la magnitud en que se aumentarán la electricidad y el gas. Si en lugar del 30% presupuestado ronda el 9% que plantea Cristina Kirchner, la contrapartida será un fuerte incremento de los subsidios energéticos, largamente por encima de los ya largos $ 400.000 millones que se fueron en 2020.

¿Y cuál podría ser salida fiscal con los tantos jugados de ese modo? La clásica, siempre a tiro, es otro guadañazo a la inversión pública, aunque viene con un par de contraindicaciones. Una es que el Gobierno pensaba en darle un gran envión que alimentara la reactivación económica. Otra, que de caída en caída la infraestructura cruje por todos lados y descoloca a las actividades productivas más diversas: hoy la inversión estatal, que es toda la que hay, no llega ni al 1% del PBI, contra el 2 y pico de 2008-2011 y el 3,9% que promedia en América latina.

Es más, de lo mismo, atraso más decadencia, como canta un dato impresionante: con el retroceso de 2020, el PBI por habitante habrá acumulado un bajón del 18% en los últimos diez años. Otra década perdida a la cuenta de la Argentina.

Hay también una notoria, infaltable dosis de deterioro del salario real en esta lista: 32 meses consecutivos para atrás y 22 puntos porcentuales por debajo de la inflación, desde 2018.

Otro ajuste acaba de ser remachado por el Gobierno: no habrá compensaciones para las jubilaciones si pierden contra los precios, como perdieron el año pasado. Otro ajuste, y otro fallido del Presidente: "Dije que los jubilados no iban a perder más contra la inflación y lo cumplí; cada jubilado y jubilada sabe que no estoy mintiendo", afirmó el 3 de enero antes de que se conociera el 4% del índice de diciembre.

Si es por la inflación, tenemos problema tupido para rato. Según los especialistas consultados por el Banco Central, seguiría instalada en la zona del 3-4% mensual hasta junio y orillaría el 50% en el año, esto es, 14 puntos porcentuales por encima de 2020 y 21 más que el índice proyectado en el Presupuesto Nacional de 2021.

Y si cuesta encontrar un dato que refuerce las expectativas electorales del kirchnerismo, mejor no buscarlo en la economía real. Los pronósticos privados y aún los oficiales dicen que en 2021 apenas se recuperará la mitad de la caída del 10-11% que hubo el año pasado y que recién a fines de 2023 se habría remontado el total.

Conclusión: la economía crecería un 0% redondo durante la gestión de Alberto Fernández.

Alcadio Oña

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