Miércoles, 20 Octubre 2021 07:22

La nueva concepción de una economía dual - Por Daniel Marx

Escrito por Daniel Marx

La idea que la economía argentina es dual sigue prevaleciendo en justificaciones de política económica. Esta definición supone la coexistencia de dos tipos de sectores de actividad que se necesitan mutuamente hasta determinado punto, pero que a su vez entran en conflicto dado que requieren condiciones muy diferenciales para su funcionamiento y desarrollo.

En la versión simplificada la dualidad se representa identificando a los sectores como campo en industria. Pero esta caracterización no solo no es fiel reflejo de una realidad sumamente más compleja en las interrelaciones entre los sectores así identificados sino que también existen otras importantes actividades no capturadas en esa definición. Además, hoy nos encontramos que ciertos aspectos de la política económica, incluyendo la cambiaria, está dando lugar a dinámicas (o retrocesos) que llevan a resultados subóptimos para la comunidad al exacerbar diferenciaciones por definiciones de ingresos y otras formas de llevar adelante las diversas actividades comprendidas.

Notamos que hay una economía más identificada con productos y servicios tradicionales que, en términos generales, no termina de desarrollar su potencial ya que enfrenta un ambiente difícil para lograrlo, aunque determinadas empresas lograron mejoras de productividad y avanzaron en la introducción de innovaciones.

También hay otros tipos de desarrollos saludables que aprovechan determinados recursos y situaciones, pero que no terminan encontrando el ambiente propicio para su inserción en el país y, crecientemente, ubican en el exterior valor agregado que podría generarse en el país. Las iniciativas digitales y del conocimiento (intangibles) son un fenómeno para analizar al ejecutar políticas económicas con miras al mediano y largo plazo.

La concepción tradicional de economía dual

En esta visión, el sector agrícola es exportador, competitivo a escala internacional. En contraste, en la industria y los servicios la identificación de ventajas y el grado de competitividad son más difusos. El primero de los sectores ocupa relativamente menos mano de obra, representa un componente relevante del consumo de la población, con efectos sobre su costo de vida, y su producción es función de un recurso natural (tierra). El resto de la economía funciona sobre parámetros muy distintos: no existe un factor natural (tierra), ocupa una porción mayor de mano de obra y sus costos aumentan si sube el precio de los alimentos por el impacto en los salarios.

El primer sector prevalece en la generación de divisas y su oferta es implícitamente inelástica en el corto plazo (no hay cambios significativos de volúmenes asociados a precios). En consecuencia, esa visión pretende justificar la existencia de diferenciaciones en el tipo de cambio efectivo (neto de retenciones) que rige para la formación de precios domésticos. Según ese punto de vista, se implementaría un tipo de cambio más bajo (peso más apreciado) para el agro y otro más alto (peso más depreciado) para el resto de los sectores.

Sin embargo, la realidad productiva y sectorial de nuestra economía es más compleja que esa visión simplificada del esquema dual.

Para la actividad agrícola, el insumo tierra va perdiendo peso relativo ante el aumento de la ponderación de otros factores de producción (por ejemplo fertilizantes, tipos de semilla, aplicaciones tecnológicas, ...). Se aplicaron fuertes innovaciones expandiendo la frontera de producción, incluyendo nuevas zonas geográficas, y aumentando la productividad con la utilización de nuevos insumos. En paralelo, hay integraciones en cadenas de valor con otras actividades.

La compleja actualidad y los intangibles

Además, actualmente existen importantes sectores de actividad, empleo, y con alto dinamismo que no están capturados por la definición tradicional de economía dual. Ejemplos de estos van desde la las actividades de producción energética hasta servicios varios. Varios de esos sectores también son competitivos y fuentes de fuentes de ingresos externos.

Además de la tierra, existen otros factores naturales de participación relevante en los procesos productivos. La introducción de cánones o regalías en concesiones pretenden capturar la remuneración correspondiente al uso de esos recursos naturales, como es el caso del gas, petróleo y minería.

Más recientemente, observamos que los productores intangibles (economía del conocimiento y digital entre otros) son sectores muy dinámicos. Estos actúan en contextos de economías abiertas (globalización), aprovechan economías de escala y utilizan referencias externas con mínimas fricciones, incluyendo gran movilidad de factores. La combinación de recursos humanos calificados, su remuneración, y un espíritu emprendedor pujante dio lugar en Argentina a actividades de vanguardia a nivel mundial, exportadoras de servicios. A la fecha se registran 11 unicornios nacidos en el país. La valuación de mercado de este conjunto de empresas es casi 20 veces la del Merval en su totalidad. Crecientemente, el valor agregado de estas empresas se va desplazando al exterior ya que han armado allí desde su domicilio legal hasta el traslado de personal calificado. Independientemente de su localización, sus ingresos y costos de producción se rigen proporcionalmente más por los "tipos de cambio libres" (no el "oficial").

Una revisión saludable

Un funcionamiento más simplificado, menos errático de la economía y sus políticas, incluyendo la cambiaria, evitaría consecuencias (retrocesos en determinadas circunstancias) que exacerban diferenciales en el desarrollo de actividades. Observamos que hay posibilidades para desarrollos competitivos en numerosas actividades. Sin embargo, son muy variadas las bases de su remuneración e incentivos prácticos. Muchas veces, esas definiciones no responden a evaluaciones que incorporan elementos basados en lo productivo.

Ello implica salir de la vieja definición de economía dual en la que se basan determinadas decisiones de política y avanzar hacia un esquema con reglas que den lugar a que Argentina sea un "código postal" deseable no solo redundaría en notables mejoras en ingresos, oportunidades y desarrollo de actividades que pasaría del estado actual a un círculo virtuoso de resolución de los desafíos vigentes.

Daniel Marx

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