Domingo, 19 Diciembre 2021 11:49

Una novedad: las maniobras de Roberto Feletti con el índice de precios del INDEC - Por Alcadio Oña

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Crece el peso en la estadística oficial del programa Precios Cuidados que el secretario de Comercio regula. Y crece, sobre todo, en rubros clave como los alimentos. 

Sólo la necesidad y sobre todo una necesidad personal y en cierto sentido política puede explicar que el secretario de Comercio, Roberto Feletti, hubiese festejado como un éxito el 2,5% que la inflación marcó en noviembre. Y también que se agrandara por haber cumplido, según sus números, con el 90% del varias veces recauchutado programa Precios Cuidados ahora bajo su control directo. 

Índices del vecindario, ninguno de otro mundo, ponen las pretenciosas afirmaciones de Feletti en el lugar donde realmente van. Los registros de noviembre y los acumulados durante los últimos doce meses dicen, respectivamente, 0,8% y 9,4% para Brasil; 0,5 y 6,3% en Chile; Perú muestra 0,36 y 5,6% y Bolivia, 0,19 y 0,7%.

Como se habrá advertido, no hay allí tasas de inflación de noviembre que lleguen al 1%, ni a la mitad de la argentina, ni siquiera a la tercera parte. Y será para ver qué cuento cuenta el secretario de Comercio en enero, si el índice de diciembre cierra por encima del 3% que proyectan las primeras cifras calculadas por estudios privados.

Llegado ese momento, la salida será nuevamente sarasa y, visto desde lo concreto, el cuadro mostrará más de lo mismo y conocido sobre el resultado de los controles, los recontracontroles y las prohibiciones que la actual versión del kirchnerismo aplica sin respiro. Y encima, sin plan.

Casi seguro, si no definitivamente seguro, tendremos entonces un eslabón agregado a la secuencia iniciada en octubre de 2020 que redondeará 13 meses con índices mayores al 3%, contra apenas dos por debajo del 3%: los 2,5% redondos de agosto y noviembre. La tasa anual terminará, cómoda, en la zona del 50% y más vale evitarse comparaciones bajoneantes.

Hay un dato reciente y llamativo, colado en medio de esta performance oficial: el salto abrupto que pegó la participación de los productos que integran el programa Precios Cuidados en la estadística oficial. O, si se quiere, el espacio que el sistema va ganando en rubros clave elegidos por el Gobierno, como el de Alimentos y Bebidas.

En principio nada asoma en la movida que contravenga la metodología del INDEC, aunque, eso sí, el caso no tiene ni una pizca de casual.

Según publicaciones del propio organismo oficial, en noviembre los Precios Cuidados representaron el 13,1% del total relevado por los encuestadores en el GBA, o sea, en la Capital y el Conurbano. Sin otro dato de la serie que se le acerque ni un poquito, esa participación supera en casi 6 puntos porcentuales al 7,3% de octubre y más que cuadruplica al 3% de noviembre de 2020.

En plan de mostrar hasta dónde llega el avance sobre la estadística, existen números desagregados de una magnitud que impresiona y son, a la vez, una medida del empuje que lleva el operativo y de la estrategia que lo motoriza.

Una prueba fuerte salta en el porcentaje que esta especie de los precios regulados tiene en el valor de algunos productos clave que el INDEC capta en los comercios. Alcanza al 58% en la harina, un 55% en la leche y 79% en el azúcar; en yerba tiene 63,6%; 82% en la llamada gaseosa cola; 77,8% en jugos de fruta y 60,5% para las galletitas de agua.

La lista continúa con las hamburguesas, las papas y la carne, pero en principio ya tenemos un buen lote de productos básicos en los que más de la mitad o mucho más de la mitad del precio final es precio cuidado y, se sobreentiende, precio regulado por la Secretaría de Comercio. De seguido, surge bien previsible la posibilidad de que, así potenciado, el sistema hubiese generado algún efecto en el índice de noviembre.

La historia del INDEC en tiempos de Guillermo Moreno o, si se prefiere una alternativa directa, la decisión de curarse en salud explican un detalle medio oculto sobre el cual los especialistas han puesto el ojo. Esto es, que el director del INDEC, Marco Lavagna, haya resuelto abrir el juego, incorporando a los informes públicos mensuales un seguimiento del impacto de los precios cuidados en los números que capta el índice.

El problema en cualquier hipótesis es que el peso del sistema que administra Feletti se siente fuerte en supermercados e hipermercados, o sea, en comercios que no suelen frecuentar los sectores de bajos ingresos a los que se pretende beneficiar. Entre otras razones, porque les quedan lejos o porque su capacidad de compra no vale el esfuerzo.

Una desventaja relativa adicional es que, sumados, súper e híper apenas capturan entre 34 y 35% del mercado. El resto se lo llevan los comercios de cercanía, los especializados y, por supuesto, los siempre activos mercaditos chinos.

Viene poco menos que cantado, luego, que esta versión recargada de las presiones y los controles no pinta ser un instrumento que pueda detener el tranco largo de la inflación. Y menos si no hay mucho más que Eso o que eso que hay se ha probado ineficaz desde que fue creado por Axel Kicillof, en 2014.

En realidad, ninguna de los artificios que el Gobierno ha ensayado logró correr el foco de la trepada de los precios. Peor: desde que el kirchnerismo volvió al poder sin nada planificado para enfrentar el problemón que heredaba, la técnica de patear la pelota para adelante terminó armando una intrincada maraña de indicadores distorsionados que llevará tiempo desarmar.

Y como normalmente se aconseja empezar por el comienzo, lo primero es el marco general en el que conviven expresiones de lo más variadas, ninguna estimulante.

La inflación acumulada desde enero de 2020 marca 95% hasta el último noviembre, con tendencia a cerrar el bienio en un 100% cómodo. Es decir, entramos en zona del 100%.

Esto es, también, 95% pese a que en el mismo período las tarifas de la electricidad y del gas congeladas o semicongeladas sumaron un raquítico 11,4% o notables 84 puntos porcentuales menos que el índice de precios del INDEC.

Resultado: medidos según el dólar oficial promedio, entre 2020 y los primeros once meses de 2021 los subsidios a la energía significaron un gasto público que equivale a unos US$ 15.700 millones.

Parecidas, aunque de un volumen relativo menor, las tarifas del transporte público de pasajeros marcan un incremento del 45,5% y de seguido una pérdida de 50 puntos respecto del índice de precios. El costo en subsidios canta alrededor de US$ 4.100 millones. Subsidios más subsidios, una montaña de US$ 19.800 millones.

Atraso de las tarifas y en continuado, atraso del tipo de cambio oficial. De enero 2020 a noviembre 2021, la cotización del dólar digamos Banco Central subió 72%, unos 30 puntos por detrás de la inflación.

Ya tenemos las dos anclas presumiblemente potentes con las que el kirchnerismo pensó trabar la escalada de los precios que venía, desatada, desde la era macrista. Obviamente, fracasó y más aún, se enredó con su propia cuerda y paga los costos de la impericia de los funcionarios y, en el fondo, de esa técnica visible todo el tiempo de diferir las decisiones políticamente caras.

Tres últimos números, tres, de la serie de subas de precios desde enero de 2019. Los alimentos cantan 105%; los medicamentos, 109% y, con un fuerte envión final, el costo de la ropa y del calzado sacude un 154%.

De cosas como estas hablamos cuando decimos que la inflación es el gran ajustador de los ingresos y, sobre todo, de los ingresos de quienes no tienen cómo ni con qué defenderlos. Pasados dos años y mirado desde este lugar, cuesta encontrar algo de eso que el kirchnerismo llama inclusivo.

Alcadio Oña

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