Al elegir vivir en un Estado organizado estamos aceptando que parte de lo producido deberá destinarse al funcionamiento de este. Por otra parte, está extensamente estudiado que la productividad del sector público es menor a la del sector privado, por lo que cuantos menos recursos se le extraigan a este último más rica será la sociedad en su conjunto.
Cualquier impuesto genera incentivos a comportarse de una manera para que sea lo menos gravoso posible para el que lo tenga que pagar. En consecuencia, al imponer nuevos impuestos los legisladores deberían estudiar si los incentivos generados promueven el tipo de sociedad o conducta deseado. Lamentablemente, no es así. En general, sólo se busca la manera más simple de recaudar o que, a primera vista, parezca que pagan los más fuertes y ricos. Veamos algunos ejemplos.
Uno de los casos más repulsivos es el de los impuestos al trabajo. El objetivo principal de un gobierno debería ser que no haya desempleo, para ello no se deberían agregar costos al salario neto. Estamos muy lejos de esto. Para que un empleado pueda llevarse $100 a su bolsillo la empresa debe erogar otros $41 en impuestos que se los podría llevar ese mismo empleado. ¿Por qué tiene el Estado que quedarse con parte del esfuerzo del trabajador? No sólo eso, al incrementarse el costo, la consecuencia es que la oferta laboral sea mucho más baja. El colmo de la hipocresía es llamar Contribuciones Patronales a parte de estos impuestos que no hacen otra cosa que reducir el salario de bolsillo del trabajador.
Otro mantra que repiten los políticos es el de favorecer a las PyMEs. Sepan que los impuestos en cascada no hacen otra cosa que favorecer a las grandes empresas. Nombremos sólo los dos más importantes: ingresos brutos y el impuesto al cheque (¡que encima también se cobra sobre el IVA, es el impuesto del impuesto). Dependiendo de la actividad y la provincia, la suma de ambos ronda el 5% de las ventas. Considerando que una ganancia neta normal puede rondar el 10%, esto quiere decir que el estado se lleva la mitad de la ganancia del negocio sin invertir nada. Para colmo, el Estado cobra aunque la empresa pierda. La manera de evitar este saqueo es manteniendo actividades dentro de una misma empresa. Por ende, el Estado le saca posibilidades de desarrollo a las PyMEs que tanto dice proteger.
Veamos los incentivos generados por el impuesto a los bienes personales analizándolo a través de un ejemplo: dos personas ganan lo mismo y pagan los impuestos por esa ganancia. Una de ellas es previsora y decide ahorrar para su retiro, el otro gasta su dinero en viajes y otros placeres. Los ahorros del primero son depositados en el banco, luego prestados a empresas para realizar inversiones que, a su vez, generan nuevos puestos de trabajo. Para la sociedad está clarísimo cual es la conducta más conveniente. El impuesto a los bienes personales premia al despilfarrador y castiga al previsor. El incentivo es a no ahorrar, lo que redunda en menores inversiones y menos trabajo.
Podríamos repasar múltiples impuestos, pero terminemos con las retenciones a las exportaciones. Dependiendo del nivel puede llegar a ser casi equivalente a prohibir la producción, quitándole al país riqueza que puede generar en beneficio de todos. Por las retenciones quedan millones de hectáreas alejadas de los puertos sin cultivar y las cultivadas rinden menos por el menor uso de fertilizantes. También hay fábricas que producen con costos cercanos a los de sus competidores externos que no pueden luchar por el mercado externo por el pie en la cabeza puesto por el Estado. Menos empleo y más pobreza son las consecuencias directas.
En conclusión, los políticos deben ser conscientes que todo impuesto empobrece a la sociedad. Si además, son legislados por demagogia o por su facilidad para ser recaudado no sólo empobrecen, sino que generan incentivos que promueven, muchas veces, conductas que logran resultados opuestos a los supuestamente buscados. Si queremos que Argentina crezca, necesitamos menor presión impositiva, con pocos impuestos y bien diseñados.
Manuel Solanet (h)


En general, sólo se busca la manera más simple de recaudar o que, a primera vista, parezca que pagan los más fuertes y ricos. Pero si queremos que Argentina crezca, necesitamos menor presión impositiva, con pocos tributos y bien diseñados 