Lunes, 14 Marzo 2022 09:17

Divorcio en la Casa Rosada: ¿quién se queda con la caja? - Por Guillermo Laborda

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La Argentina está frente a un nuevo divorcio entre su Presidente y la Vicepresidenta. Nuestro país es rico en este tipo de crisis: Fernando de la Rúa con Chacho Álvarez, la misma Cristina Kirchner con Julio Cobos y rebobinando aún más, Arturo Frondizi con Alejandro Gómez en 1958. En esta ocasión, el tercero en discordia no fue la Banelco, ni el campo ni las petroleras extranjeras sino el FMI. ¿Qué sucederá de ahora en más? 

Para los mercados, todo lo que sea kirchnerismo espanta. Por ello es que Cristina se aleje de los círculos de poder es bienvenido. Pero con la gran cantidad de incertidumbres que tiene la Argentina, no hay margen para fuertes alzas en bonos y acciones. ¿Estamos en presencia de la agonía del kirchnerismo? No todavía. Aún en retirada pueden conservar cerca de 20% de los votos con la bandera de ser "anti FMI" y el recuerdo tan lejano como imaginario de que el auge 2003-2007 fue por sus políticas económicas. Ese 20% puede ser decisivo en una presidencial. Pero hay otro escenario que puede ser decisivo para un alza importante en los papeles argentinos: que para julio o agosto, el BCRA haya recompuesto sus reservas netas hasta los u$s 8000 millones y que la alta inflación, de 65% anual, esté haciendo estragos en las chances del Frente de Todos. Es decir que una situación económica no tan apocalíptica y una situación política más celestial para mercados (la certeza de un triunfo de la oposición en 2023) alienten la reducción del riesgo país a 1400 puntos y una mayor recuperación en acciones. Habrá que ver. 

Por lo pronto esta semana se aprobará en el Senado el proyecto de ley dando luz verde al financiamiento que otorgue el FMI. El apoyo de Juntos por el Cambio más los votos del FdT que se sumen, bastarán para obtener un cómodo aval a la iniciativa. Luego irá al directorio del FMI en Washington, donde habrá, como en el Congreso argentino, algunas cuitas y recelos, pero se alcanzará la mayoría necesaria con comodidad. Tras la invasión rusa a Ucrania, no son tiempos en Washington para sumar conflictos.

La crisis política en el oficialismo se define por la actitud que tomen los gobernadores del PJ. Por lo pronto, la mayoría buscará adelantar las elecciones 2023 para no sumarlas a las nacionales y así evitar verse salpicados por el castigo que habrá al "Frente de Todos residual". Habrá cerca de 13 provincias con elecciones entre el segundo y tercer trimestre del año próximo.

En este divorcio surge otro interrogante no menor: ¿quién se queda con la casa y el auto? Las cajas en poder del kirchnerismo son apetecibles. Van desde Anses, PAMI, YPF hasta Ieasa, la ex Enarsa que ahora debe pagar las importaciones de gas licuado. La Cámpora sostiene que son bienes propios, en el sentido amplio de las palabras y que por más divorcio que se produzca, deben seguir en su poder. Alberto Fernández no tiene el carácter para avanzar sobre las cajas del kirchnerismo. De hecho, fue el kirchnerismo el que planteó el divorcio a Alberto Fernández y no en sentido opuesto. La única posibilidad de ese avance sobre los bienes propios K es que se haga a pedido de los gobernadores del PJ, deseosos de quedarse con ese botín.

La oposición cuenta con sus propios problemas maritales. Mauricio Macri salió envalentonado del paso por el Congreso del proyecto de ley para el FMI. Fue Nicolás Dujovne el que lo alimentó con que sólo era necesario legalmente aprobar -por la ley de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública impulsada por Martín Guzmán en 2020- el financiamiento del FMI al país y no el programa o las medidas incluidas en el acuerdo. Ello fue el germen para que hubiera luego acuerdo en Diputados. La UCR versión Gerardo Morales buscó salpicar a Macri en la votación del Congreso haciéndolo nuevamente responsable de la deuda contraída con el organismo. Y también están los "super halcones" que votaron en contra del acuerdo, como Ricardo López Murphy, Fernando Iglesias y otros. En ninguna pareja todo es color rosa.

Una alternativa política que se barajará en el corto plazo es la posibilidad de reformar la ley de las PASO, para hacerlas voluntarias y con la excusa de reducir costos. Ya se lo están proponiendo a Alberto Fernández algunos de sus colaboradores. Pero es ley y para ello deberán seducir a la oposición con agregados como boleta única y/o ficha limpia.

Pero como la Argentina es una caja de sorpresas, quizás antes de todo lo arriba mencionado se abra un frente de tormenta no nuevo, por cierto, pero sí inesperado: la reedición de una guerra con el campo que termine uniendo al matrimonio oficial. Ayer el Gobierno cerró el registro de exportación de aceite y harina de soja y Martín Guzmán pretende subir dos puntos las retenciones al complejo agroindustrial. El viernes la Mesa de Enlace emitió un duro comunicado advirtiendo que si ello ocurría se iban a repetir los cortes y enfrentamientos del 2008. Si la siembra de la próxima campaña de trigo ucraniana se complica, el trigo puede convertirse en un metal precioso. Lo peor que puede pasar es que la alta inflación argentina se vea principalmente como culpa de la invasión rusa a Ucrania y no por la mala praxis oficial.

Así una guerra oficial contra el campo apunta al botín de las retenciones. "Que el FMI no separe lo que el campo puede unir" se podría decir en este nuevo matrimonio oficial. Quizás el Gobierno, como Putin, subestima la reacción de esta embestida. Como siempre, son tiempos difíciles para la economía.

Guillermo Laborda

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