Miércoles, 23 Marzo 2022 10:47

Tasa de interés y emisión: ¿cuál es el principal error de diagnóstico del Gobierno con respecto a la inflación? - Por Carlos Arbía

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Tasa de interés, el fogonazo de precios que se viene y el error de diagnóstico de Martín Guzmán: los alimentos no son los culpables de la inflación 

La futura suba de la tasa de inflación, de acuerdo a las principales consultoras, será en promedio un 5,5% este mes y se espera un 6% para abril. Esto puso en estado de alerta al presidente Alberto Fernández, que la semana pasada lanzó la llamada "Guerra contra la Inflación". 

Nuevamente el equipo económico se equivoca en no atacar de entrada el problema de desequilibrio macroeconómico por mantener el concepto de inflación multicausal que ha mencionado el ministro de Economía Martin Guzmán desde que llegó al Gobierno. 

El principal error es de diagnóstico ya que el problema de la inflación en Argentina es unicausal y producto del desequilibrio macroeconómico que provoca la emisión monetaria sin respaldo para financiar déficit fiscal.

A favor del Gobierno, conviene destacar la nueva suba de la tasa de interés de referencia de las Leliq del BCRA anunciada ayer.

Es la tercera suba en el año y marca un cambio en la política monetaria importante.

Aumento de la tasa de interés

El 6 de enero, luego de un año sin ningún movimiento, subió del 38% al 40%; el 17 de febrero dispuso otro movimiento del 40% al 42,5%.

La nueva tasa de referencia implica que se eleven también las tasas para plazos fijos para personas físicas, cuyo nuevo piso será de 43,5% anual para los depósitos a 30 días hasta 10 millones de pesos, lo que representa un rendimiento de 53,3% de tasa efectiva anual (TEA).

“Para el resto de los depósitos del sector privado, la tasa mínima garantizada se establece en 41,5%, lo que representa una TEA de 50,4%. Las tasas de interés activas se mantienen en niveles favorables, en especial para la inversión y la producción, y el sector MiPyME. Adicionalmente, el BCRA seguirá regulando ciertas tasas claves para el consumo de las familias”, señaló el BCRA en un comunicado.

Con este diagnóstico equivocado de Guzmán, y la serie de medidas anunciadas, se apunta a desacoplar los precios externos de los alimentos de los internos para defender la llamada “mesa de los argentinos” que cada vez está más cara.

Sin embargo, tanto cuando se mira el salto inflacionario de febrero como cuando se revisa la inflación interanual de los últimos doce meses, los alimentos no son los principales causantes de la inflación.

¿Cuál es el origen de la inflación?

El alza permanente de la inflación de estos últimos años es de origen macroeconómico donde sube todo, no solo los alimentos.

No se va a solucionar con retrotraer algunos precios al 10 de marzo pasado ni aumentar retenciones a algunos derivados de la soja.

El shock externo le pega muy duro a la macro local y a las metas del acuerdo con el FMI.

En los últimos días desde la declaración de guerra, el Gobierno le echa la culpa del salto inflacionario de febrero al shock internacional de precios de alimentos y energía y a los comportamientos especulativos de “los formadores de precios locales”.

Pero el gobierno debería empezar a analizar que los aumentos de los precios internacionales llegaron después del 24 de febrero cuando el Indec ya prácticamente tenía relevados casi todos los puntos de venta de su encuesta de precios.

Habrá que estar muy atentos con el arrastre estadístico de febrero y con el rubro Alimentos y Bebidas que podría aumentar más del 10 por ciento mensual este mes. El aumento de la inflación de febrero es producto de la fuerte emisión monetaria del segundo semestre del año pasado.

Fogonasos inflacionarios

Un reciente trabajo de la consultora M&S explica que este no es el primer fogonazo inflacionario de los últimos años y desde que se entró en un régimen de alta inflación al 50% anual, se produjeron cinco fogonazos: uno en 2018, dos en 2019, uno hacia finales de 2020 / principios de 2021 y el actual.

El último fogonazo fue el de fines de 2020. A medida que la economía salió de la cuarentena y en el marco de una macro más desbalanceada recrudeció la inflación.

Fue 4% en diciembre 2020 y enero 2021, aflojó apenas en febrero y resurgió a 4,8% en marzo.

Por unos meses, mezcla de más controles y una política fiscal y monetaria algo menos expansiva, la inflación se estabilizó otra vez en el rango del 3% promedio mensual (con un par de meses puntuales en 2,5%).

Hasta que se llega al fogonazo inflacionario actual. Diciembre y enero pasados arañaron 4% mensual, el febrero de 4,7% y marzo que se encamina a empezar con 5.

Es altamente probable en las actuales circunstancias económicas, políticas e internacionales, que este fogonazo ponga a la tasa de inflación en un piso más alto: el ya habitual 3% promedio mensual de los últimos años quedará más cerca de 4; el 50% anual se correrá a 60%.

El 30 de enero pasado luego de anunciar el nuevo acuerdo con el FMI Guzmán manifestó que le llevó dos años convencer al Fondo de que las causas de la inflación en la economía argentina son "multicausales", más allá de que el programa técnico acordado con el organismo incluirá metas exigibles de reducción del déficit fiscal y de la emisión monetaria.

Guzmán y la política monetaria

"Hubo una construcción que duró dos años de entendimiento entre el gobierno argentino y el staff del Fondo Monetario Internacional, buscando pasar de la página vieja en la visión sobre cómo atacar la inflación, que fue parte del programa stand by del gobierno anterior, a una página distinta", mencionó Guzmán.

Además, agregó que "el acuerdo anterior consideró que la inflación era un fenómeno puramente monetario y que la forma de atacarla era, básicamente, congelando la emisión, congelando la base monetaria. Bueno, ya sabemos que el resultado fue absolutamente fallido. La inflación, en lugar de bajar, subió", dijo Guzmán.

Hoy el resultado es el mismo: en lugar de bajar, subió y mucho más que en la vez anterior.

En el análisis de Guzmán hay tres factores que explicarían la persistencia y el aumento de la inflación.

El primero está referido a la estructura productiva, consecuencia de decisiones políticas en la historia argentina que han impedido que el país pueda diversificar su estructura productiva.

El segundo punto tiene que ver con cómo se financian las políticas públicas y en particular los déficits públicos. "Es en ese punto donde aparece la emisión monetaria, que para nosotros es importante bajarla. No llevarla a cero de golpe, pero sí que hay que ir bajando la emisión monetaria", explica.

El tercer aspecto es un problema de anclar las expectativas en una sociedad que ha tenido que convivir por tanto tiempo y de forma tan errática con problemas inflacionarios.

"Por eso es tan importante que se puedan alcanzar acuerdos de precios, para que funcionen como un ancla más, para que aquello que es factible desde la macroeconomía, no quede desactivado o desanclado por expectativas muy nerviosas", sostiene el ministro.

La reducción de la asistencia del BCRA al Tesoro será gradual

Mientras en 2021 fue del 3,7% del PBI; en 2022 se apunta a que sea del 1%, en 2023 del 0,6% y que en 2024 se aproxime a cero.

Respecto al déficit, el acuerdo técnico contiene un sendero de reducción del déficit fiscal. Para el año 2022 prevé un déficit de 2,5% (desde el 3% con el que arrancó el año); para 2023 del 1,9% del y para 2024 del 0,9% y llegar al déficit cero en 2025. La reducción de la asistencia del BCRA al Tesoro será gradual. Mientras en 2021 fue del 3,7% del PBI; en 2022 se apunta a que sea del 1%, en 2023 del 0,6% y que en 2024 se aproxime a cero

Antes del estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania esas metas de política fiscal, monetaria y cambiaria acordadas con el FMI eran solo cumplibles licuando deuda en pesos y emitiendo con una tasa de inflación resultante similar e incluso algo más alta que la del año pasado.

Pero, ahora luego del shock de precios internacionales por el que aumentaron el precio de los alimentos y la energía a escala global, varias consultoras locales proyectan para este año una inflación de este año más cercana al 60 por ciento anual

En su análisis el informe de M&S describe que “en el 4,7% de febrero, los alimentos registraron la suba más pronunciada. Pero el 70% del IPC se aceleró fuerte contra el bimestre anterior diciembre – enero. Saltaron la nafta, los colegios, las prepagas, los electrodomésticos, los autos, entre otros. Solo se desaceleraron puntualmente y por motivos estacionales el turismo, la recreación y la indumentaria”.

Además, destaca que si se revisa la inflación interanual de los últimos doce meses por ejemplo el 52,3% de febrero contra el de febrero 2021), entre los diez rubros que más subieron sólo un hay un solo subrubro de Alimentos que es verduras en el puesto cuatro con una suba de 79% anual.

Los rubros que más aumentaron

El primero del ranking es hoteles con 92% y le siguen licores, vinos, autos, reparaciones en el hogar, indumentaria, restaurantes, pasajes de avión, entre los primeros.

Y entre los quince rubros que más subieron aparecen sólo dos alimentos: verduras y lácteos.

Carne aparece en el puesto dieciocho, pan en el veinticinco y aceites en el veintisiete. Definitivamente, sube todo: también los alimentos, pero no es lo que más subió en el último año.

Por otro lado, hay un conjunto de precios que subieron más o menos como el promedio general. Y hay una porción de precios (alrededor del 20% del total) que subió por debajo del 52,3% promedio.

Son todos rubros que de una u otra manera están o estuvieron regulados por el gobierno: ejemplos, alquileres, correo, algunos medicamentos, cigarrillos, boleto de colectivo y tren, electricidad, gas, agua, etc.

Es un grupo de precios que más temprano que tarde tenderán a actualizarse por imposición de la realidad e implica un riesgo/desafío para la política de precios del gobierno.

En este camino para una inflación mensual por encima del 4%, se produjo un aumento de la nafta del 10,5 por ciento por el temor al desabastecimiento y para no complicar más de la cuenta las finanzas de YPF.

Pero aun con el aumento recientemente anunciado que llevó el litro de nafta súper a $ 110 y aun con el esquema del precio interno topeado por el "barril criollo" en alrededor de US$ 60 / 65, la nafta sigue atrasada: tendría que irse a unos $ 130 (aumentar entre 15 y 20% más).

La nafta sigue atrasada: tendría que irse a unos $ 130 (aumentar entre 15 y 20% más)

Con el precio internacional del barril y no el criollo, en un esquema de precios libres la nafta súper debería costar hoy $160/170

Con la mira puesta exclusivamente en el precio de los alimentos, el gobierno subió dos puntos (de 31 a 33%) las retenciones a la exportación de subproductos del complejo soja para nutrir con más fondos los fideicomisos de la harina y el aceite que financian subsidios al precio interno del aceite comestible y el pan.

Con los precios internacionales actuales más altos, los fideicomisos se iban a agotar a mitad de año; había que hacerles un “refilling”.

Inflación, alimentos y retenciones

Se decidió no subir las retenciones del trigo, el maíz y la carne para evitar conflictos más severos con el sector del campo. Esta es una medida apenas para que el aceite y el pan no suban tanto.

Asimismo, seguramente vendrá una nueva avanzada oficial de control de precios de consumo masivo y presión para retraer precios al nivel de pre-guerra básicamente en el rubro alimentos.

Para entender el error de diagnóstico del gobierno, es importante destacar las recientes declaraciones de la portavoz Gabriela Cerruti que manifestó: "no es lo mismo la inflación que teníamos hasta ahora, que lo que va a empezar a pasar a partir de nuevo escenario internacional".

Y recordando ciclos económicos similares de la historia del país, sostuvo que "la inflación es un fenómeno endémico, casi un maleficio ya que tenemos una inflación muy fuerte, que no logramos bajar desde que se fue Macri (Mauricio) -con una inflación de casi 54%-, hubo dos años de pandemia", y cuando la inflación empieza a bajar, se aprueba el acuerdo con el FMI, y empieza a haber variables macroeconómicas que se pueden manejar y empezó la guerra en Ucrania".

Cerruti, admitió que el problema del alto índice de inflación que registra Argentina se agravará por el "nuevo escenario internacional", a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania, y defendió el aumento de retenciones y la creación del Fondo de Estabilización del Trigo.

Previo al fogonazo de 2018, la inflación venía de un 2017 al 1,5% mensual. El desequilibrio del mercado de cambios decantó en un proceso devaluatorio que se trasladó a precios.

En agosto 2018 la inflación fue 3,9%, saltó a 6,5% en septiembre y 5,4% en octubre. Tras estos tres meses de aceleración inflacionaria, el acuerdo con el FMI y el plan de ajuste fiscal de Nicolás Dujovne en el gobierno de Mauricio Macri, bajaron los decibeles de la inflación.

A principios de 2019, se produjo un rebrote inflacionario: en marzo la suba de precios fue de 4,7%. Después de este amague, se volvió al 3% mensual hasta las PASO de agosto de ese año.

Luego de esas PASO 2019, creció la incertidumbre política, se suspendió el acuerdo con el FMI, saltó el tipo de cambio y vino otro fogonazo inflacionario.

En agosto 2019, la inflación fue 4% y 5,9% en septiembre. Octubre fue un mes de 3,3% pero noviembre y diciembre volvió a trepar. Las medidas de emergencia de aquella transición política - económica (reperfilamiento de la deuda en pesos, control de cambios, etc.) intentaron moderar la escalada inflacionaria. La tasa de inflación quedó más alta pero finalmente no se espiralizó. Luego, la pandemia puso más paños fríos (transitorios) a la suba de los precios.

Estas aceleraciones de la tasa de inflación duraron pocos meses, pero elevaron el piso anual al entorno del 50% pero no generaron dinámicas inestables ni terminaron en realimentaciones riesgosas; o sea, no terminaron en una espiral de precios, salarios y tipo de cambio. Habrá que seguir de cerca el fogonazo actual para ver su magnitud y dinámica.

El gran desafío político y económico para el gobierno es que la suba de febrero y marzo empalme a lo largo del segundo trimestre con tasas de inflación más bajas, que se corte la escalada alcista. Lo positivo hasta ahora es que las subas de los últimos años no mutaron en una espiral inflacionaria.

Carlos Arbía

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