Domingo, 26 Junio 2022 10:30

El sistema de precios está chiflado y no se sabe si algo es caro o barato - Por Marina Dal Poggetto

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La brecha del dólar permitió negocios muy lucrativos que pueden terminarse en cualquier momento. La nominalidad destruyó el sistema de precios. 

El fructífero juego para una parte del sector privado de arbitrar entre brechas: tomando pesos baratos en el sistema financiero local, comprando dólares oficiales al Banco Central (BCRA), con una brecha promedio de 80% para pagar importaciones y/o cancelar deudas en divisas, y vendiendo la producción en el mercado de precios “descuidados” frente a políticas de estímulo a la demanda que los convalidan y una economía cada vez más cerrada, pareciera estar encontrando límites económicos y políticos, con serios riesgos de coordinar un desplome en la demanda de pesos y un brusco parate en la actividad. 

Límites económicos producto de la escalada en la inflación que, en junio, habría seguido corriendo a un ritmo del 5% mensual según nuestro relevamiento de precios, aún con un dólar oficial y tarifas que vienen por detrás, de la dificultad del BCRA para recomponer reservas en el trimestre de oro con precios de la soja muy altos y la reciente ruptura del mercado de deuda en pesos coordinada por la evidencia que la promesa al FMI de corrección fiscal gradual no va a estar.

Y también por errores propios en el manejo de la liquidez de corto plazo de una empresa pública que desarmó fondos t+1 frente a un mercado atragantado de bonos en pesos del Tesoro producto de la inconsistencia fiscal mencionada y de la falta de horizonte originada en la discusión abierta de cómo salir del cepo en una próxima gestión y qué hacer con la deuda de pesos.

Límites políticos detrás de las críticas de la vicepresidenta al mal uso de las lapiceras por parte de los funcionarios para asignar la escasez en mercados regulados, y la convicción detrás, de que lo que está mal es la falta del “control de policía”, no los incentivos perversos que generan las brechas derivadas del esquema de represión financiera adoptado para seguir procrastinando.

Peor aún, la visión de que ni el déficit fiscal ni la emisión monetaria tienen relación alguna con la inflación, volviendo la discusión absurda cuando del otro lado de la grieta sólo reconocen el origen monetario de la inflación corriendo el foco sobre el despelote distributivo que hoy existe detrás de un sistema de precios que está literalmente chiflado.

Frente a la nominalidad actual, la lógica empresaria es subir precios con el pelotón “todos los días”, como dijo Federico Braun en un sincericidio que le dio letra a la vicepresidenta. Es que, si acumulas atrasos en tus precios, la capacidad para recuperar lo perdido a esta nominalidad se complica y además corres el serio riesgo de descapitalizarte. Y si te equivocaste y te pasaste de largo con los precios, siempre hay mecanismos para regular la demanda vía descuentos, promociones y/o financiamiento. Literalmente, hoy no hay referencias de precios, nadie sabe si un producto o servicio es caro o barato.

Producto de los controles, de la suma de ineficiencias y el arbitraje de brechas para manejar un balance del BCRA al que le sobran pesos y le faltan dólares, hoy tenemos precios de los bienes ridículamente caros, tarifas ridículamente baratas e ingresos de la población (sobre todo la no protegida por los sindicatos) que corren bien por detrás de la inflación.

Una de las primeras lecciones que aprendemos los economistas es que no se pueden controlar precios y cantidades en simultáneo. Y que cada vez que intentas fijar un precio durante mucho tiempo por debajo de su equilibrio generas distorsiones que van desde una escalada en cuenta de subsidios (si el Estado compensa el diferencial entre el precio y los costos), subsidios cruzados entre consumidores (cuando las empresas compensan dentro de su canasta precios cuidados con precios descuidados o cuando el precio al contado es igual al financiado con la inflación actual), y fundamentalmente escasez cuando los esquemas de subsidios no aparecen y se pretende que el costo lo absorba el sector privado.

Nadie va a vender a pérdida y/o por debajo del costo de reposición sin compensar por otro lado. Pero, además, los esquemas de compensación mencionados generalmente terminan perjudicando a los sectores de menores recursos, que son los que no tienen tarjetas de crédito para pagar en cuotas y/o no acceden a los supermercados donde se concentran los precios cuidados.

El caso más visible de la escasez hoy es el del gasoil; a $ 130 no hay para todos, a $ 240 el gasoil es ilimitado. Otro es la escasez de alquileres con contratos a tres años e indexación anual frente a la abundancia de alquileres temporarios con ajuste cada tres meses.

La falta de turnos de médicos en las cartillas de las prepagas y obras sociales que convive con el turno automático cuando se paga la consulta. O la más reciente dificultad de las empresas y Fondos Comunes de Inversión para colocar pesos en plazos fijos a tasas reguladas por encima de la tasa de Leliq (corregida por Ingresos Brutos), frente a la contrapropuesta de los bancos de colocar una parte en plazo fijo y otra parte en plazo fijo precancelable con una tasa no regulada más baja.

Frente a esta coyuntura no hay margen para un programa de estabilización gradual. No hay financiamiento disponible para recomponer el balance del BCRA, y no hay margen para corregir los precios relativos en cuotas cuando la inflación corre al ritmo actual como quedó demostrado con el programa con el FMI.

La discusión es qué clase de shock, cómo se amortiguan los efectos distributivos del mismo y cómo se evita una ruptura de contratos. Obviamente, hay una agenda pendiente para aumentar la productividad de la economía, y eso implica que las capas de ineficiencias (incluyendo la estructura tributaria) sean limadas y esto requiere una serie de reformas para las cuales hay que generar consensos.

Con un horizonte de sólo 18 meses al cambio de gobierno, y la incapacidad para generar consensos dentro de la propia coalición de gobierno, no hay ningún margen para pensar en esta agenda. En el medio, la dinámica nominal sigue pasando factura, y la prioridad hoy es suturar la caída en la demanda de pesos que coordinó el cimbronazo de la deuda de dos semanas atrás.

El Ministro salió a avisar que él no va a reperfilar, y si bien no hay margen para financiar la brecha de pesos con financiamiento monetario directo (ni en el acuerdo con el FMI, ni en la carta orgánica del BCRA), encontró un mecanismo transitorio para financiar al Tesoro a partir de la compra de bonos del BCRA en el mercado secundario y el posterior canje de deuda dada la imposibilidad de este último de participar en las emisiones primarias.

Ahora bien, la intervención en el mercado de bonos tiene que ser coordinada para asegurar que los pesos que emite (ya van más de $ 400.000 millones desde el 8 de Junio) tengan adónde ir. Los pesos fueron fundamentalmente a fondos de Money Market que a su vez volvieron a los bancos que a su vez volvieron a comprar instrumentos del BCRA en un camino inverso al que intentaba el propio programa con el FMI.

Sin señales fiscales contundentes y algún grado de cooperación en la transición, la recuperación del mercado de deuda en pesos no es intuitivo, sobre todo si en vez de calmar las aguas con los mecanismos mencionados, se intentan atajos para presionar a los bancos que aumenten su exposición al riesgo Tesoro. El canal de conexión es la brecha cambiaria, y como ya vimos en el pasado, cada vez que la brecha cambiaria salta, la inflación también salta un escalón.

Marina Dal Poggetto  
Directora Ejecutiva de Eco Go Consultores y coautora de “Tiempo Perdido”

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