Miércoles, 17 Agosto 2022 11:02

Bienvenidos los que ganan mucho, porque compiten y son eficientes - Por Roberto Cachanosky

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En la Argentina se pretende “castigar” a las empresas con muy buenos balances con pagos anticipados de más impuestos 

Pocos días atrás, en un acto en Lomas de Zamora, el presidente Alberto Fernández afirmó que había empresas que ganaban “mucho” y que tenían que ganar los “justo”. Y luego, el secretario de Comercio, Matías Tombolini, afirmó: “En relación a los salarios que pagan, las empresas están ganando mucho”. 

Afirmar que alguien gana mucho, hablar de ganancia justa y relacionar ganancias con lo que se paga de salarios es típico de discursos de barricada sin ningún sustento científico para definir una tasa de rentabilidad de una inversión.

En primer lugar, hay dos tipos de rentabilidades que pueden obtener las empresas. Una haciendo lobby para que el Estado le otorgue a determinados empresarios o sectores empresariales protección arancelaria para restringir la competencia, subsidios, reservas de mercados y todo tipo de restricción al ingreso de nuevos competidores para que ese sector obtenga rentas que no podría obtener en condiciones de libre competencia.

En general, el tipo de declaraciones mencionadas anteriormente no están referidas a este tipo de rentabilidad, que son rentabilidades entre “socios del gobierno y socios pseudo empresariales”. Por el contrario, más de un dirigente político suele defender estas medidas proteccionistas y de restricciones a las competencias alegando que defienden los puestos de trabajo, cuando en rigor lo que están haciendo es dejar cautivo al consumidor de pseudo empresarios que no obtienen sus rentabilidades por eficientes, sino por ser buenos lobistas que consiguen el favor del funcionario de turno.

La otra forma de obtener rentabilidad es produciendo algo que la gente necesita, al precio y calidad que demanda. En otras palabras, son rentabilidades que surgen del empresario emprendedor que desarrolla su capacidad de innovación buscando qué necesidades insatisfechas tienen los consumidores. Asume el riesgo empresarial de invertir recursos y capital y corre el riesgo de ganar o perder.

Si una inversión resulta exitosa, es porque la ganancia la obtiene satisfaciendo necesidades que tenían los consumidores. En este caso ambas partes ganan. El consumidor porque puede acceder a bienes y servicios a los que antes no accedía, y el empresario porque obtiene su ingreso en forma voluntaria y no recurriendo al lobby ante funcionario público para que le otorgue algún privilegio para no competir. No gana a costa del consumidor, sino que gana favoreciendo al consumidor.

¿Puede darse en este caso que, sin restricciones a la competencia, un empresario obtenga más rentabilidad que otros sectores? Obvio, y bienvenida esa tasa de rentabilidad mayor porque justamente indica el camino para que otros empresarios copien al primero, es decir inviertan en esa actividad, aumenten la oferta y al aumentar la oferta de ese bien, baja el precio y la tasa de rentabilidad tiende a igualarse al resto de los sectores.

Justamente, el gran beneficio de los mercados libres, sin restricciones al ingreso de nuevos competidores, es que siempre van a existir emprendedores que buscarán obtener rentas extraordinarias, es decir, inventar negocios en los cuales se logren tasas de rentabilidad mayores a las del promedio del mercado. Eso hará que vaya descubriendo necesidades insatisfechas atrayendo nuevos competidores al mercado. Esas rentas extraordinarias, obtenidas por competencia y no por lobby, son las que permiten asignar eficientemente los escasos recursos productivos, porque atiende a las necesidades de los consumidores, no a la lapicera corrupta del funcionario de turno.

No podría haber una eficiente asignación de recursos sin rentas extraordinarias, sin esas que el gobierno dice que son muchas y que tienen que ser justas. Les rentas extraordinarias surgidas de la competencia son que las que crean puestos de trabajo, aumentan la productividad y mejoran el nivel de vida de la población.

El discurso de los especuladores, de los remarcadores de precios, de la guerra y la pandemia no pasa de ser un discurso que solo busca evitar que el gobierno asuma la responsabilidad de la destrucción monetaria.

El populismo siempre tiene que inventar un enemigo al cual echarle la culpa de todos los males, y los políticos populistas se presentan como los defensores de la mesa de los argentinos que vienen a combatir a los inescrupulosos empresarios que quieren ganar “mucho” y no tienen ganancias “justas”.

Basta con ver cómo viene evolucionando la inflación en Argentina y en los países vecinos como para que se desplome el argumento oficial del rol de los remarcadores de precios y las ganancias injustas.

Justamente en julio, al igual que en los meses anteriores, la inflación en la Argentina superó ampliamente la inflación de nuestros vecinos. Mientras aquí la inflación fue del 7,4% en nuestros vecinos fue sustancialmente mentor.

Como puede verse en el gráfico, los datos son demasiado elocuentes como para advertir que no es posible que los únicos empresarios que ganan “mucho”, remarcan indiscriminadamente los precios y tienen ganancias injustas están acá y en Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil solo están los empresarios asistidos por el Espíritu Santo.

En definitiva, la destrucción del peso por la emisión necesaria para financiar el gasto público trata de ser escondida bajo argumentos superficiales e inconsistentes como ganancias excesivas, especulación y demás adjetivos del discurso populista.

Las ganancias extraordinarias en un sistema de libre competencia y estabilidad monetaria sirven para asignar eficientemente los recursos productivos.

En cambio, más de un dirigente político no parece preocuparse por las ganancias que obtienen los sectores a los que les otorgan proteccionismo y subsidios para que tengan cautivos a los consumidores vendiéndoles productos de mala calidad y a precios más altos que los que obtendrían en condiciones de libre competencia.

Si de ganar “mucho” se trata, el problema está en los funcionarios que ganan fortunas solo para entorpecer a quienes producen. Esos son los que más caros le salen a la sociedad.

Roberto Cachanosky

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