Domingo, 04 Octubre 2026 12:38

La economía real en jaque y Milei en guerra - Por Eduardo van der Kooy

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04 jm2El Presidente dice que todo irá mejor en la Argentina si resulta reelecto pero los indicadores productivos y sociales siguen en caída.   Al plan de estabilización le falta una plataforma política sólida.   Milei habla de presuntos intentos de golpe y de terrorismo.

La política argentina suele ofrecer espectáculos de contrastes marcados. El peso del debate público reside ahora en la economía, verdadera irritación para Javier Milei. Paradójico: aquél resultó su caballito de batalla que le permitió irrumpir y llegar al poder en 2023. El tiempo de sus promesas bautismales, algunas de las cuales cumplió, se ha consumido. Promete ahora que habrá que esperar hasta 2028 y si gana la reelección se podrá asistir a los mejores años de prosperidad de la historia de nuestro país. Aquellos 18 meses felices que prometió Luis Caputo en abril fueron a parar a un cesto. 

La entendible obsesión por la situación económica parece facilitar el extravío de otro componente fundamental para que cualquier plan de estabilización tenga éxito. Se trata de la política. De la necesidad de motorizar diálogos y consensos que ayuden a la contención del desasosiego social que todo ensayo de transformación estructural produce en una sociedad.

El coloquio de IDEA en Mar del Plata fue un escenario perfecto de contrastes. La ansiedad empresaria frente al próximo año electoral. El mensaje presidencial desde París que aportó poco y las repetidas patinadas verbales de “Toto” Caputo. “Vamos muy bien, pero nos preparamos para lo peor”, soltó. La excepción, tal vez, resultó la asistencia de Patricia Bullrich, defensora del rumbo, pero esquiva ahora de la necedad. Su almuerzo se convirtió en una romería.

El magisterio, en aquel sentido, correspondió a un invitado del exterior. El ex presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, dejó clara la distancia sideral que media entre el republicanismo de orfebrería y la pirotecnia de saldo. ¿Qué dijo el dirigente del Partido Blanco? Una compilación de rarezas para la Argentina.

Que el Presidente tiene que ser un factor primario de unión y no de separación. Que es muy inconveniente alimentar antagonismos solo para “descomprimir una presión momentánea” que irremediablemente fractura la convivencia. Que hace falta tener paciencia, prudencia y equilibrio. Que cada palabra que se dice como Presidente tiene impacto y consecuencias. Recordó que la estabilidad no constituye un milagro instantáneo, sino es el producto de una construcción colectiva donde las reglas no se negocian según el humor del líder de turno.

Sería un error suponer, como muchos se tientan, que la explicación de Lacalle Pou se circunscribiría solo a Uruguay, una nación de 3,5 millones de habitantes. Siempre ese volumen induce a pensar, con dosis de frivolidad, que los asuntos públicos resultan en ese marco más sencillos y menos traumáticos. México ensayó su plan de estabilización con un Pacto de Solidaridad que el entonces presidente Miguel de la Madrid, en los 80, celebró con empresarios, campesinos y sindicatos. Israel en aquella misma década lo logró con un acuerdo de unidad entre Likud y Laboristas con fuerte respaldo de la Histadrut, la central obrera. Brasil siguió un camino similar en los 90 con Fernando Henrique Cardoso y el PT de Lula da Silva, bajo la gestión de Itamar Franco.

Podrá señalarse, con razón, que tanto Brasil como Israel afrontan ahora elecciones en medio de una fuerte polarización y ausencia de armonía. Karma ahistórico para los brasileños. Clima de época que para la Argentina viene casi de su existencia. En la comparación afloran las diferencias: tanto Brasil como Israel (este país, además, en guerra permanente) sobrellevan su revulsión política sobre bases económicas que, en lo esencial, logran perdurar.

La fotografía presente de la Argentina no tiene ninguna similitud con esa descripción. Existe un gobierno libertario desordenado que bien podría definirse como “central mercadista”. Aunque recurre a las herramientas del Estado cuando se encuentra en apremios. Como contraparte, sobrevive una oposición principal, el kirchnerismo, anclado anacrónicamente en el “central estatismo”, del cual no logra salir por ausencia de ideas y prevalencia de liderazgos añejos. Entre uno y otro bando no se vislumbra todavía absolutamente nada.

Ese vacío constituye por ahora un enorme hándicap para el gobierno de los hermanos Milei. Porque, lo demuestran todos los trabajos de opinión pública, el 70% de los ciudadanos no parece dispuesto al retorno de un pasado que resultó ruinoso. ¿No lo es también en la coyuntura el tránsito económico de la propuesta libertaria? Se trata del gran interrogante contra el cual debe luchar el oficialismo, que brega por la reelección presidencial.

Esa dificultad posee un añadido político que el Gobierno acostumbra a administrar mal. Frente a la adversidad de muchos indicadores económicos y sociales Milei tiene una inclinación a reacciones equívocas o desmesuradas. Las formas hacen al fondo de las cosas, aunque muchos dirigentes ex republicanos que ahora abrevan en el oficialismo sostengan lo contrario.

Como ocurrió en los tramos de estancamiento de Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Mauricio Macri, la realidad económica impone un enfriamiento que el manual libertario no contemplaba en su fase de promesas.

Valdría repasar algunos datos. El PBI cayó un 0,6% en el segundo trimestre. La actividad económica descendió un 2,9% en julio y volvió a niveles de febrero de 2025. El JP Morgan, que establece la marca de riesgo país que vuelve a estar encima de 600 puntos, recortó su proyección de crecimiento anual del 2,7% al 1,5%. La inversión registró un derrumbe interanual de, 5,4% en agosto y acumula un retroceso del 7,9% en los primeros ocho meses del año. La pobreza trepó un 4% en el primer semestre y superó el 32%. El Fondo Monetario Internacional (FMI) aconsejó al Gobierno que trate de extender los beneficios de los enclaves productivos (energía, minería, agro) a los sectores más desprotegidos.

La singularidad de Milei, que se traduce en el fondo en un problema político, es que frente a aquella realidad en vez de ensayar algún cambio o una reparación, descalifica las estadísticas. Teorización extrema empujada al absurdo: si los datos no coinciden con el modelo, el problema sería de los datos. El líder libertario habría incorporado una novedad al libreto. Empezó a construir presuntas sospechas de complot en su contra. Sostuvo, por caso, en su intervención en IDEA, que en sus tres años de poder habría sufrido siete intentos de golpes de Estado. Seguramente fomentados –aunque no lo precisó-por lo que llama la “vieja política”.

Aquella denuncia parece engarzarse con una retórica que en las últimas semanas viene subiendo de tono. Dos terrenos registran esa novedad. La seguridad interna y, por momentos, el giro malvinero que tuvo el Presidente cuando descubrió que había quedado descolocado frente a la emocionalidad social. Fue cuando ignoró la reivindicación de las islas Malvinas que sucedió en el Mundial en Estados Unidos luego de la fantástica victoria de la Selección de fútbol frente a Inglaterra.

La residencia de Olivos, según su propia confesión, se habría transformado en un cuartel. Milei adujo supuestas amenazas en su contra para despedir a todo el personal civil y sustituirlo por militares. Aunque el trasfondo sería la falta de transparencia en el manejo de gastos. La información dura dejó solo espacio a rumores. Un guardia habría recibido en su teléfono una intimación de la agrupación islámica Hezbollah, contra la cual batalla Israel. El propio Presidente habría detectado un mensaje amenazante en su celular. ¿Habrá sido la primera vez?

Karina, la secretaria general, dispuso algunas medidas que llamarían la atención. La adquisición de aparatos especiales que permitirían detectar casi cualquier material peligroso. Desde droga y precursores químicos hasta sustancias que pudieran utilizarse para envenenar comidas. Ya está en uso un escáner facilitado por la industria farmacéutica. Esa batería de prevenciones extremas se aplicaría también en la Casa Rosada.

El Presidente comunicó, por otra parte, que en los últimos dos años habían sido deportados 30 mil terroristas que pretenderían derrocar su modelo. El portavoz, Adrián Ravier, se montó en una nube cuando los periodistas le preguntaron. El Ministerio de Seguridad tiene constancia de 700 deportaciones al año por problemas de documentación. El último informe oficial sobre el tema ocurrió en agosto en la Comisión Bilateral de Seguimiento de los organismos de Inteligencia. En la ocasión brindó un informe el segundo de la SIDE, José Lago Rodríguez, que reporta al joven asesor presidencial Santiago Caputo. O no está al tanto de las cosas, o las cosas no son como afirma Milei. Sostuvo que no hay detectada en el país ninguna actividad de células terroristas. Que el vínculo con la Triple Frontera estaría apagado.

La oposición observa que ese clima de presunta militarización se acoplaría, contradictoriamente, con la nueva política que el Gobierno desarrolla por las Malvinas. Tanto Milei como su canciller, Pablo Quirno, repiten sensatamente que ningún reclamo en ese conflicto se apartará de la vía pacífica. El proyecto de la ley de Defensa de la Soberanía despierta, sin embargo, sospechas. Apuntadas quizás antes al frente interno que al externo.

El asunto fue el que detonó un escándalo ordinario en Diputados entre la izquierda, libertarios y kirchneristas. La oposición coloca el foco en el Consejo de Seguridad Nacional como un órgano que mutaría su carácter asesor por otro de facultades ejecutivas ampliadas. Que podrían entrar en colisión, incluso, con el Congreso.

El debate coincide con el fallo de la Corte Suprema que devolvió vigencia al decreto sobre la supuesta extranjerización de tierras. Tal decisión repuso la idea de unidad opositora para tumbar el decreto en Diputados y completar el camino abierto en el Senado en marzo del 2024. En simultáneo, el jueves 15, con otra marcha callejera por el financiamiento universitario.

Una pinza perfecta que el Gobierno pretende desactivar.

Eduardo van der Kooy  
Fuente: https://www.clarin.com/opinion/economia-real-jaque-milei-guerra_0_qj4eAb2IxP.html

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