Lunes, 24 Febrero 2020 21:00

El consumo no se recupera y pone nervioso al gobierno - Por Rodolfo Cavagnaro

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Las caídas de ventas y las subas de precios hacen que los esfuerzos del gobierno para dinamizar el mercado no se perciban.

 

La gran apuesta del gobierno de Alberto Fernández fue recuperar el consumo y para ello apuntó a favorecer a sectores postergados, a los cuales les arrimó recursos, sabiendo que no tienen capacidad de ahorro y que los nuevos ingresos los dedicarán al consumo.

La teoría oficial es que mayor consumo traería mayor producción, pero se olvidaron de contemplar el rol de la inversión y de la inflación.

Lo cierto es que los datos de los dos primeros meses no son buenos para el gobierno, ya que el consumo ha retrocedido en las mediciones interanuales y en las intermensuales, pese a la inyección de medidas para estimularlo. En diciembre y enero se dio a los jubilados que cobran la mínima bonos de $ 5.000, un poco menos a los que llegaban hasta $ 20.000. Se creó la tarjeta Alimentar, con la posibilidad de gastar en alimentos básicos $ 4.000 para los que tienen hijos menores de 6 años y de $ 6.000 a los que tienen más de dos hijos.

Se esperaba que con estas medidas se pudiera conseguir recuperar un consumo muy alicaído, que acompañaría, en diciembre, el pago del aguinaldo, pero las señales hasta el momento han sido negativas. En enero el consumo tuvo una caída del 4%. ¿Qué puede haber pasado para que toda esa plata adicional no haya traccionado la consumo?

Aparentemente la respuesta está en las subas de precios de los alimentos, muchos de los cuales escapan a cualquier racionalidad, pero que tiene una combinación de costos y expectativas. Es decir, muchos aumentos se producen “por las dudas”.

Durante los meses posteriores a las elecciones, y sabiendo que el gobierno dispondría de alguna medida tendiente a congelar precios de alimentos, la mayoría de las empresas se apuraron a aumentar sus precios suponiendo que tendrían que negociar una baja. Su sorpresa fue que no sólo se los convalidaron sino que, además, algunos tuvieron aumentos autorizados para lanzar el plan de Precios Cuidados.

Tan altos precios de las primeras marcas dieron oxígeno a las segundas marcas para subir y, si no lo hicieron ellas, fueron los mismos comerciantes los que los acomodaron.

Esto significa que, ante las expectativas de mayores recursos en el mercado, las empresas decidieron aumentar los precios en lugar de hacer crecer la producción.

Según datos de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), de Mendoza, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) subió un 100% entre Julio de 2018 y enero de 2020, un 30% más que la inflación promedio y un 40% más que los salarios del sector privado.

Estas subas de precios que superaron a los salarios o el atraso de los mismos respecto de la inflación terminan de explicar las razones por las cuales la mayor inyección de dinero a los consumidores no se tradujo en un aumento del consumo.

Además, muchos productos que están fuera del programa de Precios Cuidados han seguido subiendo, como los lácteos o fiambres, a pesar de que no hay aumentos de combustibles, de tarifas ni de salarios. El problema es que el gobierno no termina de dar señales claras para bajar las expectativas de inflación y estos aumentos “para cubrirse”, alterando el equilibrio de los precios relativos.

Por estos días muchos estudian este fenómeno causado por la inflación que hace que haya incertidumbre respecto de los costos y los precios y hasta se cuestionan algunos precios que se comparan. Hoy 1 kg de carne puede costar $ 300, mientras 1 litro de vino básico vale $ 60 y 1 kg de helado puede costar entre 700 y 900 pesos. Hay similitudes en los procesos industriales y en los tiempos de producción entre estos tres productos. Hay factores de mercado, competitivos y de expectativas que está jugando en contra.

El peso de la inflación

En Argentina vivimos en proceso inflacionario permanente, pero hace dos años estamos en recesión. En parte tiene que ver con que los salarios crecieron menos que la inflación y que las industrias no pueden pensar en inversiones con los altos costos del dinero, pero el eje del problema está en la suba de los precios.

Hoy hay muchas variables congeladas, como tarifas, precios de combustibles y hasta aumentos salariales, pero el proceso se mantiene constante y es más que una simple inercia. Es un problema de expectativas. En principio, las mismas están alimentadas por la fuerte emisión monetaria de noviembre, diciembre y enero que, como siempre, enriquece a los más grandes y empobrece a los más vulnerables.

El tema es fácil de constatar con los datos oficiales. El IPC de enero creció un 2,3%, pero en el desagregado se ve claramente que los precios regulados crecieron 1,1% y alimentos y bebidas no alcohólicas crecieron 4,7%. Aunque multiplicaran la lista de Precios Cuidados, las expectativas seguirían jugando en contra y eso haría que se mantuviera el impulso de los precios.

El último discurso del ministro Guzmán en el Congreso, anunciando que se sostendrá el déficit fiscal hasta 2026, es un anuncio no sólo de mayor emisión monetaria. También es un anuncio de que, haya o no acuerdo con los acreedores, no se pagará deuda por 4 años y, en lugar de ahorrar, el Estado aumentará el gasto usando lo que no paga. Con estos anuncios, no es posible esperar un mercado tranquilo y esto pone nervioso al gobierno.


Rodolfo Cavagnaro

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