Economía

La táctica negacionista del Presidente busca disimular los conflictos internos del Frente de Todos; no sólo implica desconocer el resultado de las urnas, sino también la necesidad de tender puentes entre oficialismo y oposición 

Las elecciones dejaron un gusto amargo en los mercados, que castigaron los precios de los bonos y las acciones en forma dramática, con caídas que oscilaron entre 10 y 20%.  

El borrador del programa prevé bajar el rojo fiscal primario (antes del pago de la deuda) a razón de 0,5 puntos porcentuales por año. El Fondo no cuestiona ese gradualismo, sino que se financie con emisión monetaria. También pide un dólar oficial más alto y un consenso político interno en la Argentina. 

El deterioro del nivel salarial afecta a una gran proporción de trabajadores argentinos y también a los jubilados. Datos preocupantes 

Resolver desequilibrios económicos difíciles de sostener en el tiempo en un contexto que combina simultáneamente un gobierno con reducido capital político después de elecciones de medio término y negociaciones de un programa con el FMI, representa un desafío mayor.

Estas supuestas estrategias de largo plazo están basados en ideas intervencionistas en las que una mente iluminada decide qué hay que producir, a qué precios vender y en qué calidades hacer los productos 

La decisión de Alberto Fernández de cerrar con el FMI abre el debate de fondo que la coalición de Gobierno venía eludiendo. Gobernabilidad y futuro político.

 

Mientras escribía esta nota no podía dejar de recordar al célebre Alberto Olmedo representando al emperador de Costa Pobre, una nación especializada exclusivamente en la producción de bananas. 

Horacio Rodríguez Larreta, Elisa Carrió, María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo, Ricardo López Murphy, sus equipos técnicos y otras espadas de Juntos por el Cambio debaten desde hace meses sobre la etapa que se abre a partir de lo que ocurrió anoche.

La realidad golpea la puerta de la Casa de Gobierno desde hoy. El sueño se acabó. El llamado de Alberto Fernández a la oposición a una "agenda compartida" es el llamado a la agenda "kompartida". Fracasa sin arrancar. Se llama a un diálogo criticando a los que se invita a dialogar y manteniendo lo hecho hasta ahora: no ajustar el gasto público, emitir más, criticar al FMI y esperar a que llegue un crecimiento de la economía que todo lo arregle. Pero los tiempos, como las reservas, se agotan. 

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