Lunes, 26 Octubre 2020 01:31

La ONU y Cuba, una vergüenza planetaria - Por Denis Pitte Fletcher

Escrito por Denis Pitte Fletcher

Con verdadero asombro leo en un periódico digital la insólita noticia: “Con 88 % de los votos, eligen a Cuba como miembro del Consejo de DD. HH. de la ONU”. 

Es evidente que la gran mayoría de países del mundo han sido colonizados por la ideología marxista, muchos de ellos socialdemocracia mediante, y que el cinismo y la hipocresía son la regla casi universal en el planeta Tierra.

Y asombra aún más ver cómo la izquierda latinoamericana aplaude a los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua o simplemente guarda sepulcral silencio ante las abrumadoras violaciones a los derechos humanos en esas tierras bajo bandera roja.

La realidad es que no tendríamos por qué asombrarnos, pues es evidente que en la búsqueda del ‘hombre nuevo’, mientras asesinaba a millones de seres humanos, el comunismo ha logrado la más abyecta expresión del hombre que es la obsecuencia pusilánime. Así, la mentira histórica, tal como la describiera Orwell en su famoso 1984, es hoy la esencia existencial del criminal régimen de Cuba.

Antes de la llegada al poder de Fidel Castro, en su libro El Cuarto Piso, Earl T. Smith, embajador de los Estados Unidos en Cuba, escribió lo siguiente:

“Si pudiera conseguir un jurado de doce personas imparciales, estaría dispuesto a apostar cien mil dólares a que puedo convencer a todos los miembros del jurado antes de 24 horas de que el movimiento de Castro está infiltrado y dominado por los comunistas”.

Pero los Estados Unidos no quisieron ver las verdaderas intenciones de Fidel y quitando a Batista del medio le abrieron el camino hacia la toma del poder. A partir de allí, la Unión Soviética pasó a ser vecina de América Latina y de América del Norte, extendiendo así sus fronteras y trayendo el terrorismo a nuestras tierras. La crisis de los misiles, que colocó al mundo al borde de la Guerra Nuclear, se dio precisamente en Cuba, a solo noventa millas de Miami.

Como me señalaba mi ya fallecido amigo Armando Ribas, las prevenciones de Smith fueron corroboradas en el primer discurso de Castro a su llegada a La Habana, después de haber hecho (a lo Mao Tse Tung) una gran marcha desde Oriente. Allí, por si había alguna duda, dijo: “Nosotros estamos aquí no por el Pentágono, sino en contra del Pentágono”. Y dicho y hecho, expulsó a la misión militar americana en la Isla.

Ya estaba consumada la toma de Cuba por el comunismo, y con él el consiguiente genocidio y la desesperada emigración de cubanos hacia Miami. El criminal Che Guevara fue el principal fusilador de opositores en La Cabaña, manifestando disfrutar de cada cubano que moría bajo sus balas. “Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando”, dijo alegremente en el famoso discurso de 1964 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Basta rever el anuario estadístico de las propias Naciones Unidas de 1959 para saber que más allá de los indudables problemas políticos que había en Cuba -que no se diferenciaban de los padecidos en el resto del continente al Sur del Río Grande-, la Isla tenía un nivel económico y social notablemente superior al resto de América Latina en 1958, Argentina incluida. No obstante, la realidad aparente era que Cuba era el burdel de Estados Unidos y el juego el paraíso de la mafia americana. Hoy, los datos de la situación del cubano ya no alcanzan ni al nivel de Haití, Cuba es el burdel del mundo, hasta el gobierno se ufana de la salud de las jineteras (prostitutas) y la mafia sigue impune en el poder.

La delincuencia en Cuba ha alcanzado cifras magnas y las ocho cárceles que Castro heredara en 1959 se han multiplicado a 250 cárceles con más de 255.000 presos, incluyendo obviamente a los presos políticos. Esta realidad es la consecuencia de un sistema que incita a un comportamiento dicotómico, por el cual el individuo signado por el miedo acepta un compromiso con el régimen político y al mismo tiempo ante la falta de recursos mínimos para sobrevivir se crea un mercado subterráneo de los bienes controlados por el Estado. Ante esa dramática situación, que hace de Cuba una cárcel, los cubanos tratan de escapar a otras tierras o aún directamente al éter. Así, el suicidio es la séptima causa de muerte en Cuba. Como dato histórico, en el 2003 se suicidaron 1.400 personas de las cuales el 73% eran menores de 30 años y en el 2004 el número se incrementó a 1.712. No poseo datos posteriores, pero barrunto que han ido en aumento.

La mentira de la salud

En Cuba, que ha sido señera del camino comunista en la región, la mentira más popular de los logros de la revolución es la que tiene que ver con la salud. Pero la realidad es la falta de medicamentos, no obstante que Estados Unidos ha permitido que éstos puedan ser enviados a Cuba. Más lamentable aún es que los medicamentos están disponibles para los extranjeros y no para los cubanos, que simplemente no los pueden pagar. Pues, como dijera Edmund Burke, “por tener derecho a todo se carece de todo”, y la carencia es la realidad del cubano frente a los derechos oficiales.

El gobierno cubano, como el venezolano y el nicaragüense, han tenido la osadía de decir que no existe la desaparición de personas o las torturas en sus países. El primer caso conocido fue el del propio Camilo Cienfuegos que hoy se usa políticamente por la dictadura cubana, y sobre la tortura lo supo bien mi querido amigo Huber Matos, comandante de la revolución junto a Fidel, quien estuvo preso y fue torturado durante 20 años en cárceles verdaderamente siniestras por el sólo hecho de criticar el rumbo comunista y antidemocrático que Castro le imprimió a su gobierno. Pero la tortura es vivir en Cuba o en Venezuela o en Nicaragua en un régimen oprobioso del cual hoy se han liberado parcialmente hasta los propios chinos.

La pobreza en Cuba no se debe el embargo americano, por más que considero esa medida errada pues da una imagen que exaltó a los Castro en lugar de perjudicarlos. Pero se miente igualmente al denominarlo bloqueo, pues si los Estados Unidos se hubieran decidido a un bloqueo, hace años que el gobierno castrista hubiera desaparecido de Cuba y hoy no estaría contaminando el continente. Cuba puede comerciar y de hecho lo hace con todo el resto del mundo y el cinismo europeo histórico -plasmado hoy en la resolución de la ONU- le permite hacer inversiones en un país en el que la palabra ‘derecho’ ha sido borrada del diccionario. Así, aceptan que el gobierno les robe a los trabajadores cubanos el producto de su trabajo, pues los dólares que se les pagan son tomados por el gobierno cubano que los convierte a una paridad falsa, que determina que hasta los médicos tengan salarios que rondan los U$S 5 por mes. Sí; cinco dólares al mes.

Mea culpa

Es importante citar un tramo del mea culpa de Miguel Ángel Quevedo (director del semanario Bohemia, donde mi amigo, el argentino Segundo José Freire, hacía las famosas portadas), antes de suicidarse:

“Para que los que puedan aprendan la lección… para que la prensa no sea más eco de la calle, sino un faro de orientación para esa calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie esos voceros de odio, cuyos frutos hemos visto que no podían ser más amargos.”

Así era el drama que generó Fidel Castro, vigente hasta el día de hoy.

Se argumenta desde Cuba que desde los Estados Unidos se transmiten 2.000 horas semanales por radio, y que también viola el espacio radioeléctrico cubano, enviando señales de televisión con propaganda antirégimen. Lo que no dice el gobierno cubano es cuál es la posibilidad que tienen los cubanos de enterarse de lo que pasa en el mundo a través de la radio, la televisión, la prensa y la internet cubana. Pues si hubiera libertad de prensa, no habría razones para tratar de violar la violación que hace el gobierno cubano del derecho de los cubanos a la información.

Después de 61 años, no puedo comprender que el mundo pretenda ignorar, aun después de la caída del Muro de Berlín, la tragedia del pueblo cubano y más aún que un régimen como el del castrochavismo se constituya hoy en miembro del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas.

Los Estados Unidos se encuentran hoy en etapa de profunda definición ante las próximas elecciones presidenciales. No se juega solamente la elección de determinada persona, sino la elección de la ideología subyacente. Biden y Harris son la izquierda demócrata que pactó con los Castro vía Obama, y que en la cercana historia han representado la antítesis de los valores de su Constitución norteamericana. Ante el avance del marxismo en el mundo, sólo Donald Trump puede asegurar el mantenimiento de las ideas de los Founding Fathers, de respeto a la vida, a la libertad y a la propiedad, y continuar siendo el centinela del mundo ante el avance global de las ideas socialistas. No olvidemos que, de no ser por los Estados Unidos el mundo sería nazi o comunista, es decir, que hablaríamos alemán y ruso. O, mejor dicho, guardaríamos obligado silencio en alemán y en ruso.

Hoy tenemos en la Argentina un presidente que detenta en la práctica plenos poderes y el país parece ignorar la admonición de Miguel Ángel Quevedo.

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