Perú ha dado pasos notables en esa dirección, mientras Colombia y Chile sufren conflictos con finales abiertos. Finalmente, una corriente inversa parece asomarse con la reciente derrota de Correa en Ecuador y la menor fuerza de Evo en Bolivia. Pero el dato más relevante de la misma es el diálogo entablado entre Lula y Cardoso en Brasil. Dada la importancia de este país y de la figura de Lula en la región, esto significa un fuerte revés para el “frente populista latinoamericano”.
El hecho de que estos últimos cambios se hayan dado en democracia podría llevar a pensar que estamos frente a un electorado voluble que no sabe bien lo qué quiere. Sin embargo, se trata de mayorías ciudadanas que tienen claro qué esperan de la política: vivir sin penurias económicas y tener la posibilidad de ascender socialmente. Pero la complejidad de los cambios necesarios hace que tengan dificultades para evaluar las propuestas que les ofrecen las diferentes fuerzas políticas, lo que las obliga a seguir buscando. Es el precio por disfrutar de la democracia.
La responsabilidad por los sucesivos fracasos y cambios debe buscarse en la clase política de cada país, las que no han sido capaces (en los casos que haya voluntad) de llevar a la práctica programas adecuados para superar el subdesarrollo económico.
A la magnitud de la lucha por superar los obstáculos estructurales se suma que la misma debe darse con la oposición de las otras fuerzas políticas que buscan su fracaso. Todo esto lleva a la conclusión que resulta imprescindible la búsqueda de acuerdos para elaborar, y después ejecutar, un programa capaz de remover esos obstáculos responsables del desempleo, la pobreza y las malas condiciones de vida. Acuerdos que deben contener además políticas para que esa riqueza se distribuya equitativamente. Chile, sin acuerdo político se valió de una dictadura militar para alcanzar la primera parte del programa, pero no supo llevar a cabo la distribución correspondiente. A su vez, el populismo privilegió la distribución, pero al no resolver el estancamiento económico tiene poco para distribuir.
Una enseñanza que dejan estos procesos repetitivos y fracasados, y que sería bueno que nuestra clase política recogiera, es que deben dejarse de lado confrontaciones motivadas en una búsqueda del Poder que prioriza beneficios personales y partidarios en desmedro del bienestar de las mayorías.
El diálogo entre Lula y Cardoso, iniciado hace poco y que se va consolidando con nuevas declaraciones afines (entre ellas el reciente documento conjunto sobre el Mercosur), señala el camino a seguir. Esto permitirá además poner fin a formas autoritarias de gobierno, provengan de la derecha como en Brasil, o de la “izquierda” como en nuestro país.
*Socio del CPA



