Miércoles, 22 Septiembre 2021 00:59

Biden sobre China: «No buscamos otra Guerra Fría» - Por Javier Ansorena

Escrito por Javier Ansorena

En su primer discurso ante la ONU, el presidente de EE.UU. se refirió una y otra vez, de forma velada, a su gran competidor global. 

Joe Biden no mencionó a China ni una sola vez ayer en su debut en la Asamblea General de la ONU. Pero el gigante asiático era sin duda el elefante en la habitación, en este caso, en la sede de la organización internacional en Nueva York. El presidente de EE.UU. se refirió una y otra vez de forma velada a su gran competidor global, en un discurso que dejó claro que la Administración Biden ha pivotado de forma definitiva sus prioridades hacia la región Índico-Pacífico.

Al contrario, apenas mencionó a sus socios tradicionales europeos -ni de forma abierta ni velada-, ni mostró interés en reconducir de forma pública la crisis abierta con Francia -entre sus principales aliados históricos- tras el acuerdo para la venta de submarinos de propulsión nuclear a Australia.

«Estamos en un punto de inflexión en la historia», dijo Biden, al mismo tiempo que reconoció que «EE.UU. se está centrando en las prioridades y en las regiones del mundo, como la Índico-Pacífico, que son más importantes hoy y mañana». El presidente de EE.UU. aseguró que lo hará «con nuestros aliados y socios y a través de la cooperación con organizaciones multilaterales como la ONU» pero, como acaba de demostrar con la alianza Aukus -con Reino Unido y Australia para contener a China en la región-, también lo hace de espaldas a socios tradicionales como la Unión Europea.

Sobre esta última, hizo una breve mención para calificarla de «socio fundamental para un amplio rango de asuntos importantes a los que se enfrenta el mundo hoy».

Una vieja sintonía

Si Biden trató ayer de pasar de puntillas por las turbulencias que sufre su relación con sus socios europeos, éstos no han querido dejarlo pasar. Francia ha dejado clara su indignación por Aukus, un acuerdo por el que ha perdido un contrato multimillonario con Australia para la fabricación de submarinos y en el que no se ha tenido en cuenta su presencia en la región Índico-Pacífico, la mayor para cualquier país europeo.

Los grandes actores de la Unión Europea han mostrado su apoyo. «Uno de los estados miembros ha sido tratado de una forma inaceptable, necesitamos saber qué ha pasado y por qué», dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Desde Alemania, su ministro para Asuntos Europeos, Michael Roth, aseguró que «hay que reconstruir la confianza» con EE.UU. y reconoció que «no será fácil».

Biden hizo ayer llamamientos a la unidad, al multilateralismo y a la cooperación entre socios. Sonaba a una versión del ‘America is back’ (‘EE.UU. ha vuelto’) que pronunció poco después de llegar a la Casa Blanca y con el que quiso marcar distancias con la línea proteccionista, bilateral y aislacionista que defendía su antecesor, Donald Trump. En la política real, sin embargo, Biden no está tan lejos de Trump en lo que tiene que ver con sus socios europeos: no ha acabado de eliminar los aranceles comerciales, la escasa comunicación y coordinación para la salida de Afganistán ha provocado desconfianza y lo ha rematado con la afrenta a Francia por los submarinos.

Lo que nunca ha escondido Biden es que su mirada está puesta en otra parte del mundo. Cuando desgranó los grandes desafíos -pandemia, cambio climático, terrorismo- muchos están relacionados de forma directa con China. Por ejemplo, «gestionar los cambios en las dinámicas de poder globales» o «dar forma a la legislación internacional en asuntos clave como ciberseguridad o tecnologías emergentes».

De forma específica, habló de desarrollar «nuevas normas sobre comercio global y crecimiento económico», una referencia inequívoca a China, que amenaza con quitar a EE.UU. la posición de primera potencia económica en las próximas décadas. Biden habló en concreto de «igualar el terreno de juego, para que no esté inclinado de forma artificial para ningún país en particular, a coste de otros». «Todos los países tienen el derecho y la oportunidad de competir de forma justa», añadió. «Nos esforzaremos en asegurar que los derechos laborales básicos, la protección medioambiente y la propiedad intelectual sean protegidos».

Nuevos desafíos

El único ataque directo a China fue mencionar a Xinjiang, la región autónoma al Oeste del país, dentro de la necesidad de «denunciar la opresión a minorías raciales, étnicas y religiosas».

«No buscamos una nueva Guerra Fría, ni un mundo dividido en bloques rígidos», dijo el presidente de EE.UU., en un momento en el que las dinámicas de la política exterior empujan hacia ese tipo de conflicto entre Washington y Pekín. El secretario general de la ONU, António Guterres, que abrió las intervenciones, aludió a esta creciente rivalidad entre EE.UU. y China sin mencionarlos: «Será imposible resolver los dramáticos desafíos económicos y de desarrollo si las dos mayores economías del mundo están enfrentadas».

Biden aprovechó el discurso para defender la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán. «Por primera vez en veinte años EE.UU. no está en guerra», dijo sobre una promesa electoral que hizo como candidato y que cumplió con una salida caótica y trágica del país. «Pasamos página», aseguró. «La fuerza, energía, compromiso, voluntad y recursos inigualables de nuestra nación se ponen ahora en lo que tenemos delante, no lo que estaba detrás».

Entre esos desafíos, Biden hizo mucho hincapié en la pandemia y, sobre todo, en cambio climático. Habló poco después de que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en el discurso inaugural del debate de la Asamblea General, asegurara que el mundo está en ‘código rojo’ y retratara una situación límite.

Biden anunció que EE.UU. duplicará la financiación a países en desarrollo para enfrentar el cambio climático, dentro del objetivo global de la ONU de recaudar 100.000 millones de dólares para este objetivo.

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