Lunes, 27 Septiembre 2021 10:35

Scholz devuelve la sonrisa a la socialdemocracia: “La CDU debe ir a la oposición” - Por Luis Doncel

Escrito por Luis Doncel

El candidato del SPD, vencedor en las elecciones, aspira a formar un tripartito con verdes y liberales, aunque Laschet no tira la toalla. 

Hace tiempo que la casa Willy Brandt, sede berlinesa del Partido Socialdemócrata (SPD), no vivía un día tan feliz. Un hombre y dos mujeres, cada uno con un ramo de flores en la mano, eran en la mañana de este lunes la imagen de la victoria. Olaf Scholz, vencedor por la mínima en las elecciones federales del día anterior, comparecía junto a Franzisca Giffey y Manuela Schwesig, también ganadoras en los comicios del domingo en Berlín y en el pequeño Estado oriental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. El SPD tiene motivos para celebrar.

Tras dos décadas de derrotas, Scholz reivindica ahora que los alemanes le han dado la confianza para formar un tripartito con Los Verdes y los liberales del FDP. “Los votantes han hablado con claridad. Han reforzado a los tres partidos y por lo tanto tenemos un mandato muy claro para que entre los tres construyamos el próximo Gobierno”, ha dicho el candidato del partido que el domingo obtuvo el 25,7% de los votos frente al 24,1% de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Armin Laschet. Es una diferencia pequeña, de menos de dos puntos. Pero, según Scholz, estos resultados envían el mensaje de que la CDU “debe ir a la oposición”.

Los socialdemócratas se sienten con la legitimidad para liderar el Gobierno por primera vez desde que en 2005 Gerhard Schröder perdiera —también por la mínima, en ese caso con un margen aún más estrecho, de solo ocho décimas— frente a una Angela Merkel que parecía muy debilitada. Pero eso no quiere decir que el escenario esté despejado. Porque pese a que la CDU haya encajado los peores resultados de su historia, Laschet ha dejado claro que no piensa rendirse. Tiene motivos para ello. La salida del Gobierno supondría, muy probablemente, su muerte política.

La batalla será dura. Y Scholz tiene de su parte la legitimidad de haber quedado primero y de haber subido cinco puntos su porcentaje de votos, frente al castigo inédito a la CDU de Laschet. Pero la ley alemana es clara: será canciller quien tenga más diputados a su favor, y en ese juego entran los dos candidatos. No sería la primera vez que el jefe de Gobierno no procede del partido más votado. Ocurrió en tres ocasiones, entre los años sesenta y ochenta, cuando los liberales prefirieron apoyar a los socialdemócratas Willy Brandt y Helmut Schmidt frente a los candidatos de la CDU.

Comienza el cortejo

Precisamente a ese “exitoso” pasado de cooperación social-liberal con los cancilleres Brandt y Schmidt y a la experiencia de Gobierno con Los Verdes bajo Gerhard Schröder se ha referido este lunes Scholz para resaltar las bases negociadoras que ahora se abren. El hombre clave en esta pelea es Christian Lindner, líder de los liberales, en principio más cercano a la CDU.

Lindner, que aspira a convertirse en ministro de Finanzas, insiste en que en ningún Gobierno en el que él participe habrá subidas de impuestos y que el control de las finanzas públicas será férreo. Los Verdes —liderados por Annalena Baerbock, que podría ser ministra de Exteriores, y Robert Habeck, que tendrá un papel muy relevante— resaltan, por su parte, que con ellos Alemania tiene que lograr la neutralidad climática en los próximos 20 años, lo que supondría adelantarse cinco años respecto al objetivo comprometido por el SPD.

Scholz ha sido muy claro: los tres partidos pueden ponerse de acuerdo en ideas que suponen un avance para Alemania: los ecologistas insistirán en los aspectos relacionados con el cambio climático y los liberales en la modernización del país.

El debate de los candidatos del domingo dejó claro que verdes y liberales entran en las negociaciones con mucha fuerza. Y tanto Scholz como Laschet parecen dispuestos a darles lo que pidan con tal de conseguir su objetivo de llegar a la cancillería. Por ahora ambos han empezado un juego de seducción a sus posibles socios. Y cada uno achaca al otro maltrato a los liberales. Scholz ha recordado las experiencias negativas del FDP en negociaciones previas con la CDU. Y Laschet ha sacado a relucir las palabras de Nobert Walter-Bojans, copresidente del SPD, en las que denominaba la visión de la economía de los liberales como “vudú”.

Lindner, el ojo de todas las miradas, ha anunciado que primero hablará con Los Verdes y que solo después de que ellos se hayan puesto de acuerdo atenderán las llamadas del SPD y la CDU. Los dos pequeños partidos —ya no tan pequeños— saben que tienen la sartén por el mango y piensan exprimir al máximo ese poder.

La batalla en la familia democristiana ya se intuye desde Múnich. Ahí se reúne en la mañana de este lunes la dirección de los socialcristianos bávaros de la CSU, el partido hermano de la CDU. El presidente del grupo parlamentario, Alexander Dobrindt, ha criticado la campaña de los democristianos, entre otras cosas, por la debilidad de su candidato. Y el presidente del partido, Markus Söder, ha pedido no relativizar la importancia de la derrota. Laschet es consciente de que tiene que lograr a toda costa convencer a verdes y liberales para elegirle a él como compañero de baile en lugar de a Scholz.

Todo esto acaba de empezar. El baile de sillas, de cargos y de negociaciones se va a alargar durante semanas. Scholz, que en la noche electoral dijo que confía en cerrar un acuerdo antes de la Navidad, anuncia que las negociaciones se llevarán con “pragmatismo y calma”. Los alemanes saben ya qué comida han pedido, pero desconocen cuál es el plato que van a recibir.

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