El nuevo gobernador de Odesa, recién nombrado por el presidente Volodímir Zelenski, es Maxim Márchenko, excomandante del grupo ultranacionalista Batallón Nacional Aidar.
En Moscú le consideran un nazi. Si Odesa cayese en manos del Ejército ruso, tendría más fácil completar la toma de toda la parte sur de Ucrania, que perdería muy probablemente la salida al mar Negro como ya ha sucedido con el de Azov.
Al este de Odesa, el alcalde de Jersón, Ígor Kolijáyev, ha mantenido conversaciones con las tropas rusas, pero aclaró que no era para negociar nada. «No les prometí nada, solamente les trasladé que estoy interesado en el funcionamiento normal de nuestra ciudad», aseguro Kolijáyev a través de Facebook. «Les pedí simplemente no disparar a la gente (…), no tenemos tropas en la ciudad, solo civiles».
Según el alcalde, se han pactado con el Ejército ruso un toque de queda entre las ocho de la tarde y las seis de la mañana, el restablecimiento del transporte público y la actividad de empresas y comercios. «Los militares no serán provocados, los vehículos deberán circular a baja velocidad y estar listos para mostrar en cualquier momento lo que llevan dentro», avisó. «Seguimos bajo bandera ucraniana y, para que siga siendo así, tendremos que cumplir sus condiciones».
El dispositivo militar ruso controla las principales instalaciones de la ciudad, el puerto fluvial en el río Dniéper, la estación de ferrocarril, los centros de comunicaciones, edificios oficiales y otros emplazamientos de importancia. La provincia de Jersón, que limita al sur con Crimea, también está bajo el completo control de las fuerzas rusas.
Ayer se supo que el martes falleció en Járkov en un bombardeo Marina Fénina, una observadora de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Járkov lleva varios días sometida a duros bombardeos de las tropas rusas.
Ayer fueron alcanzadas por las bombas la catedral de Járkov y tres escuelas. En la misma región, en la localidad de Izium, son ya ocho los muertos, dos de ellos niños, por un ataque aéreo ruso que impactó contra un edificio de viviendas, según asegura el rotativo ruso ‘Nóvaya Gazeta’, que cita al vicealcalde de la localidad, Vladímir Matsokin.
Sin luz ni calefacción
En Chernígov, al norte de Kiev, las autoridades locales daban cuenta ayer de una treintena de civiles muertos. El gobernador de la región, Viacheslav Chaus, escribió en Telegram que «muchos edificios residenciales y escuelas resultaron dañados (…) y no hay instalaciones militares cerca. Lo que hay son hospitales, escuelas, guarderías y edificios altos». Según la agencia ucraniana Unian, el alcalde de Chernígov, Vladislav Atroshenko, denunció que están «siendo bombardeados con proyectiles de gran calibre (…) igual que durante los ataques de los nazis contra nuestra ciudad en 1941». Una de las bombas cayó en un depósito de combustible causando un enorme incendio, según el canal de Telegram Shot, que difunde un vídeo del desastre.
Mariúpol, en la parte de Donbass bajo control de Kiev y a orillas del Mar de Azov, sigue rodeada por las tropas rusas y las fuerzas separatistas de Donetsk, pero no ha sido tomada todavía. Según su alcalde, Vadim Boichenko, la ciudad está sin calefacción, electricidad y suministro de agua. El Ejército ucraniano resiste, pero cada vez son más fuertes los bombardeos.
Al comienzo de una nueva reunión de su Consejo de Seguridad, Putin afirmó que la operación «avanza según lo planeado» contra los «neonazis» con la intención de apoyar a los ucranianos, quienes, dijo, «forman con los rusos un solo pueblo». Aseguró que no «cederá» en su empeño de acabar con «los neonazis y los mercenarios extranjeros», quienes «utilizan a los civiles como escudos humanos».
Según el Pentágono, el 90 por 100 del contingente ruso ya está en Ucrania y se han lanzado 480 misiles, informa Javier Ansorena. El convoy que se dirige a Kiev sigue estancando por problemas de suministro y la mayor parte del sistema antiaéreo de Ucrania sigue siendo «viable».



