Domingo, 17 Abril 2022 01:06

Putin continúa con las purgas y reduce su círculo en medio del repliegue en Ucrania - Por Patricio Porta

El líder ruso proyectó una guerra relámpago que terminó convirtiéndose en una trampa para sus soldados, y ahora está apostando al liderazgo militar de Alexander Dvornikov para ordenar las acciones en Ucrania. 

Las versiones sobre el arresto de un histórico asesor de Vladimir Putin y el nombramiento de un general formado en Chechenia y Siria al frente de Ejército confirman un cambio de estrategia respecto a Ucrania. Las agencias occidentales de inteligencia vienen insistiendo en la idea de que el presidente decidió la invasión en base a información parcial y ajustada a lo que sus asesores creían que el líder quería escuchar. Es un riesgo en cualquier sistema verticalista y autocrático.

Putin proyectó una guerra relámpago que terminó convirtiéndose en una trampa para sus soldados, y ahora está apostando al liderazgo militar de Alexander Dvornikov para ordenar las acciones en Ucrania. Dvornikov centraliza el mando en el país vecino luego de su experiencia en Siria, donde garantizó la continuidad del dictador Bashar Al Assad a través de bombardeos aéreos y la devastación total de zonas civiles, un estilo que estrenó en Chechenia y que se replica en las ciudades ucranianas.

¿Qué está pasando en el Kremlin?: Exilios y purgas en el círculo rojo de Putin

El presidente ruso descubrió sobre la marcha que había sobrestimado la capacidad de sus tropas al tiempo que subestimaba la resistencia de su rival. Y alguien tiene que pagar por los errores de cálculo. El primero fue el general Sergei Beseda, el jefe del departamento de inteligencia internacional del FSB (Servicio Federal de Seguridad), creado por Putin cuando era director del organismo y orientado a la contrainteligencia en las antiguas repúblicas soviéticas como Ucrania.

El número dos de Beseda, Anatoly Bolukh, y el resto del equipo fallaron a la hora de determinar las capacidades militares de Ucrania y los requerimientos para asegurar el éxito de una "operación especial" rápida. También perdieron sus puestos y están en prisión, según medios rusos. Ya en el terreno, la responsabilidad recayó en el subcomandante de la Guardia Nacional, el general Roman Gavrilov, apartado del cargo y detenido. El Kremlin juega con la opacidad y la desinformación para esconder sus internas, si bien las señales dicen más que una confirmación o un desmentido.

El presidente ruso descubrió sobre la marcha que había sobrestimado la capacidad de sus tropas al tiempo que subestimaba la resistencia de su rival. Y alguien tiene que pagar por los errores de cálculo. El primero fue el general Sergei Beseda, el jefe del departamento de inteligencia internacional del FSB

El reciente nombramiento de Dvornikov coincide con la noticia de la supuesta detención de Vladislav Surkov, una figura central del círculo rojo de Putin. Porque así como hay culpables entre los uniformados, también los hay entre los consejeros. Surkov es el arquitecto del sistema político que permitió al presidente gobernar Rusia por más de dos décadas: elecciones sin transparencia, una oposición moldeada por el Kremlin y ningún tipo de división de poderes. Una suerte de reedición actualizada del modelo zarista.

Surkov no fue solo el creador de esa democracia simulada, como la describe el periodista Peter Pomerantsev en su libro La nueva Rusia, sino el encargado de orientar al presidente en su política hacia Ucrania, como antes lo había hecho con Abjasia y Osetia del Sur, las regiones de Georgia donde Rusia promovió el separatismo. Por lo tanto, el nombre de Surkov es indisociable del destino de Moscú en territorio ucraniano.

Surkov comparte la visión ultranacionalista que se ilusiona con recuperar la "grandeza" rusa a expensas de la soberanía de sus vecinos. En la víspera de la invasión llegó a pedir la anexión total de Ucrania, Bielorrusia y los países bálticos: el supremacismo ruso no conoce de fronteras. Es la misma lógica que defienden otros personajes próximos a Putin, como el expresidente Dmitri Medvédev, el líder checheno Ramzan Kadyrov y el titular del Parlamento, Viacheslav Volodin.

El presunto arresto domiciliario de Surkov -la información la dio a conocer un dirigente opositor ruso- sería una venganza del Ministerio de Defensa, que siempre ha desconfiado del rol del asesor presidencial. Los militares rusos creen que Surkov se desentendió tras la anexión de Crimea en 2014 y protagonizó un fracaso rotundo a la hora de negociar con los ucranianos durante los Acuerdos de Minsk.

La misma percepción tuvo Putin, que ya en febrero de 2020 lo retiró de sus funciones. Surkov había promovido la ocupación de Crimea, ni siquiera reconocía el derecho de Ucrania a ser un país soberano y tampoco supo consolidar la conducción de los separatistas prorrusos en el Donbás. Mientras tanto, los militares rusos tuvieron que sostener un enfrentamiento ininterrumpido con las fuerzas ucranianas.

El presunto arresto domiciliario de Surkov -la información la dio a conocer un dirigente opositor ruso- sería una venganza del Ministerio de Defensa, que siempre ha desconfiado del rol del asesor presidencial. Los militares rusos creen que Surkov se desentendió tras la anexión de Crimea en 2014 y protagonizó un fracaso rotundo a la hora de negociar con los ucranianos durante los Acuerdos de Minsk.

Lo cierto es que las purgas y deserciones están reduciendo el círculo de Putin y enfrentando al presidente con el propio sistema que lo sostuvo en el cargo hasta ahora. Surkov es una pieza clave como lo fue Anatoly Chubais, el ideólogo de las privatizaciones durante la era Yeltsin, sin las cuales no habría oligarcas rusos ni aliados poderosos en torno al Kremlin. Fue el primero en dimitir semanas atrás. Luego se exilió.

Qué hay detrás de la inesperada resistencia de Ucrania al Ejército de Putin

Putin accedió a reposicionar sus tropas en la zona del Donbás, un principio de salida decorosa de Ucrania, ya que no hay posibilidad de un paso atrás. Las sanciones están asfixiando a la economía rusa, las bajas son más de las que el Ministerio de Defensa está dispuesto a admitir y la masacre de Bucha, un crimen imposible de ocultar pese a las acusaciones de "montaje", incluso puede convencer a algunos socios de Moscú sobre un cambio de postura en la ONU.

La presión crece y Putin ya no puede ignorarla. La estrategia de repliegue en las zonas separatistas del Este ucraniano puede apurar un acuerdo con el gobierno de Kiev en torno a la neutralidad militar, la seguridad regional y los límites territoriales. El Kremlin habla cada vez menos de "desnazificación" y tampoco presume logro alguno de su Ejército. Esos cambios ya se reflejan en el mando militar y en particular en el entorno de Putin.

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