Domingo, 02 Octubre 2022 22:54

Elecciones en Brasil 2022

Escrito por NewYorkTimes.com

América Latina observa con atención las elecciones presidenciales en Brasil, la democracia más poblada de la región. Por eso, The New York Times ofrece a los lectores hispanohablantes su cobertura también en español.

El presidente de derecha iba rezagado en las encuestas el año pasado y se arriesgaba a perder en primera vuelta. Horas después del cierre de urnas, la contienda se dirigía a balotaje.

Durante meses, encuestadores y analistas habían dicho que el presidente Jair Bolsonaro estaba condenado. Se enfrentó a una desventaja amplia e inquebrantable en la contienda presidencial de Brasil, y en las últimas semanas, las encuestas sugirieron que incluso podría perder en la primera ronda, con lo que habría concluido su presidencia después de solo un mandato.

En cambio, era Bolsonaro quien estaba celebrando. Aunque el contendiente, Luiz Inácio Lula da Silva, un expresidente de izquierda, terminó la noche con más votos, Bolsonaro superó con creces los pronósticos y envió la contienda a una segunda vuelta.

Da Silva recibió el 48,4 por ciento de los votos el domingo, frente al 43,23 por ciento de Bolsonaro, con el 99,87 por ciento de los votos contados. Lula da Silva necesitaba superar el 50 por ciento para ser elegido presidente en la primera vuelta.

Se enfrentarán el 30 de octubre en la que se considera la votación más importante en décadas para el país más grande de América Latina.

Esto se debe, en parte, a las visiones marcadamente diferentes que los dos hombres tienen para este país de 217 millones de habitantes, y a que Brasil se enfrenta a una serie de desafíos, como las amenazas medioambientales, el aumento del hambre, una economía tambaleante y una población profundamente polarizada.

Bolsonaro le dijo a los periodistas el domingo por la noche que “superó las mentiras” de las encuestas y que sentía que ahora tenía una ventaja en la segunda vuelta. Incluso con los resultados favorables, también sugirió que podría haber habido fraude y advirtió que esperaría a que los militares verificaran los resultados.

“Siempre existe la posibilidad de que suceda algo anormal en un sistema completamente computarizado”, dijo.

Durante meses, Bolsonaro había dicho que las encuestas estaban subestimando su apoyo y como evidencia apuntaba a sus enormes mítines. Sin embargo, todas las encuestas confiables lo mostraban en desventaja. El domingo quedó claro que tenía razón. Con la mayoría de los votos contados, se desempeñó mejor en los 27 estados de Brasil de lo que Ipec, una de las encuestadoras más prestigiosas de Brasil, había pronosticado un día antes de las elecciones.

Parece que los encuestadores estimaron mal la fuerza de los candidatos conservadores en todo el país. Los gobernadores y legisladores respaldados por Bolsonaro también superaron las expectativas de las encuestas y ganaron muchas de sus contiendas el domingo.

Cláudio Castro, gobernador del estado de Río de Janeiro, fue reelecto de forma contundente, con el 58 por ciento de los votos, 10 puntos porcentuales por encima de lo previsto por el Ipec. Al menos siete exministros de Bolsonaro también fueron elegidos para el Congreso, entre ellos su exministro de Medioambiente, quien supervisó la deforestación vertiginosa en la Amazonía, y su exministro de Salud, quien fue criticado de manera generalizada por la demora de Brasil en la compra de vacunas durante la pandemia.

Frente a la casa de Bolsonaro, en un barrio acomodado junto a la playa en Río de Janeiro, sus seguidores se reunieron para celebrar, bailar y beber cerveza. Muchos llevaban camisetas verde amarela de la selección nacional de fútbol de Brasil, que se ha convertido en una especie de uniforme para muchos de los seguidores de Bolsonaro. (El presidente usó una para votar, sobre lo que parecía ser un chaleco antibalas o un chaleco protector).

“Esperábamos que tuviera una ventaja del 70 por ciento” de los votos, dijo Silvana Maria Lenzir, de 65 años, una mujer jubilada que llevaba calcomanías del rostro de Bolsonaro que cubrían su pecho. “Las encuestas no reflejan la realidad”.

Aún así, durante las próximas cuatro semanas, Bolsonaro tendrá que recuperar terreno frente a Lula da Silva, quien obtuvo más votos el domingo. Bolsonaro está tratando de evitar convertirse en el primer presidente en funciones que pierde su candidatura a la reelección desde el inicio de la democracia moderna en Brasil, en 1988.

Al mismo tiempo, Da Silva intenta completar un sorprendente resurgimiento político que hace años parecía impensable.

Aunque terminó la noche como el candidato más votado, el discurso que pronunció ante sus seguidores tomó un tono sombrío. Pero dijo que agradecía la oportunidad de debatir ahora con Bolsonaro frente a frente.

“Podemos comparar el Brasil que él construyó y el Brasil que construimos nosotros”, dijo. “Mañana comienza la campaña”.

Antiguo obrero metalúrgico y líder sindical que estudió hasta quinto grado, Da Silva dirigió Brasil durante su auge en la primera década del siglo. Luego fue condenado por cargos de corrupción después de dejar el cargo y pasó 580 días en prisión. El año pasado, el Supremo Tribunal Federal anuló esas condenas, al dictaminar que el juez de sus casos era parcial, y los votantes apoyaron al hombre conocido simplemente como Lula.

Los dos hombres son los políticos más prominentes —y polarizantes— del país. La izquierda brasileña ve a Bolsonaro como una amenaza peligrosa para la democracia del país y su posición en la escena mundial, mientras que los conservadores del país ven a Da Silva como un exconvicto que fue parte central de un vasto esquema de corrupción que ayudó a corromper las instituciones de Brasil. Muchos votantes han dejado claro que se alinean contra un candidato más que en apoyo del otro.

Los brasileños fueron a las urnas el domingo en una contienda que ha polarizado al país y que se espera tenga como consecuencia un nuevo presidente. El elegido estará obligado a lidiar con una crisis económica, el aumento en la deforestación de la Amazonía y las dudas persistentes por la salud de la mayor democracia latinoamericana.

La elección sucede en un momento clave para Brasil, en el que el aumento en los precios de alimento y combustible, así como una dolorosa desaceleración económica han dificultado la vida de muchos brasileños.

También hay grandes preocupaciones ambientales y del clima. La deforestación en la Amazonía está en niveles que no se habían visto en 15 años bajo el mandatario de ultraderecha, Jair Bolsonaro, quien considera que la selva debe abrirse a la minería, la agricultura y la ganadería y quien ha debilitado las protecciones ambientales.

¿Quiénes son los candidatos?

La elección es un duelo entre Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva, un expresidente de izquierda que gobernó de 2003 a 2010. Los votantes buscan dilucidar cómo es que los dos principales candidatos planean abordar distintos desafíos y devolver a Brasil al camino del crecimiento.

El domingo, ninguno de los candidatos recibió más del 50 por ciento de los votos, por lo que los dos candidatos se enfrentarán el 30 de octubre en una segunda vuelta.

Una vez elegido, el nuevo presidente tomará juramento el 1 de enero.

¿Qué propone Bolsonaro?

Bolsonaro ha prometido a las familias necesitadas que les dará alrededor de 113 dólares mensuales en efectivo, ampliando así una política temporal que se creó inicialmente para mitigar las penurias de la pandemia.

El titular también planea crear empleos a través de la eliminación de restricciones burocráticas, los recortes fiscales y la inversión en tecnología. Bolsonaro ha gastado considerablemente en prestaciones sociales y apoyos para el combustible previo a las elecciones luego de impulsar la eliminación temporal de límites al gasto público.

Si bien promete combatir con mayor agresividad los crímenes ambientales, ha cuestionado los datos que muestran un aumento importante de la deforestación durante su presidencia y sostiene que Brasil tiene derecho al “uso sustentable de sus recursos naturales”.

¿En qué consiste la plataforma de Da Silva?

Da Silva presidió una época dorada de crecimiento en sus dos periodos presidenciales, cuando un auge de las materias primas convirtió a Brasil en una historia de éxito a nivel mundial. Promete un regreso a esos días de gloria.

El candidato de izquierda promete aumentar los impuestos a los ricos. Sus planes incluyen un vale mensual de 113 dólares que compite con el propuesto por Bolsonaro.

Da Silva también ha prometido ajustar el salario mínimo mensual de Brasil de acuerdo con la inflación, revivir un plan de vivienda para los pobres y al mismo tiempo garantizar la seguridad alimentaria para las personas que pasan hambre.

Sobre la Amazonía, el candidato de izquierda ha insinuado que se enfrentará a los crímenes ambientales perpetrados por milicias, invasores de tierras, leñadores y otros.

¿Cómo funciona el sistema electoral?

Los brasileños emitirán el voto en máquinas electrónicas, un sistema que opera hace más de 20 años y que ha sido protagonista de las afirmaciones de Bolsonaro de que existe el riesgo de que se amañe la elección.

La semana pasada, el partido político de Bolsonaro emitió un documento que aseguraba, sin aportar pruebas, que un grupo de empleados de gobierno y contratistas tenían el “poder absoluto de manipular los resultados electorales sin dejar huella”.

Fue uno de los ataques más significativos contra el sistema electoral de Brasil hasta el momento. El partido dijo que había llegado a esa conclusión tras una auditoría del sistema electoral que había encargado en julio.

La autoridad electoral de Brasil respondió diciendo que las conclusiones del documento eran “falsas y deshonestas” y señaló que eran “un intento claro de obstaculizar y trastornar el curso natural del proceso electoral”.

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva salió de prisión en 2019 y busca otro mandato.

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