Según dijo antes de la visita el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby, el presidente Biden no cree que «este sea el momento de seguir como siempre con Rusia, pues están matando a miles y miles de ucranianos, personas inocentes que no suponían ninguna amenaza para Rusia». «Rusia cruzó la frontera hace casi un año sin provocación ni excusa, y millones de personas se han visto obligadas a refugiarse dentro y fuera de su país», añadió Kirby en conversación con la prensa en Washington.
Lula ya convirtió a Brasil en un importante mediador en la escena internacional en su primera presidencia, entre 2003 y 2010, y lo hizo manteniendo el vínculo con EE.UU. y la Unión Europea y cultivando otros lazos con China y Rusia, quienes junto con Brasil, India y Sudáfrica mantuvieron la asociación BRICS de supuestas economías emergentes. Durante su mandato, Jair Bolsonaro mantuvo esa alianza y hasta fue anfitrión en 2019 de una cumbre a la que acudieron Vladímir Putin y Xi Jinping, que presiden los regímenes de Rusia y China.
El presidente brasileño ha anunciado medidas para combatir la desnutrición, la malaria y otros problemas de salud de los indígenas como consecuencia de la contaminación de la sangre con el mercurio usado en la minería ilegal
Tras su regreso al poder, Lula se ha negado a brindar ayuda militar o munición a Ucrania, como han hecho EE.UU. y sus aliados. Brasil cuenta con el ejército con más efectivos y mejor armado de toda América Latina. En una conversación con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, Lula dijo que su país no formará parte de las operaciones bélicas contra Rusia, pero que está dispuesto a participar activamente en la búsqueda de la paz. En una comparecencia del 30 de enero en Brasilia de la que informa 'Folha', Lula dijo: «Hay que crear un club de personas que van a querer construir la paz en el planeta».
La llegada de Lula al poder consuma un giro continental a la izquierda, y le añade un interlocutor fiable a Biden. Las relaciones del estadounidense con Bolsonaro eran en sus mejores días tensas.
Tras la jura de Lula en enero, una turba saqueó las sedes de los tres poderes en Brasilia, al estilo de la insurrección de 2021 en el Capitolio, y Biden se apresuró a apoyar públicamente a Lula y ofrecerle estrecha colaboración, según dijo en su día, «en la defensa de la democracia». Además, las demandas de EE.UU. de que se detenga la deforestación del Amazonas son ahora bien recibidas en Brasil, cuando Bolsonaro las criticaba por considerarlas una intromisión en la soberanía de su país.



