Habría mostrado a la comunidad internacional un aparente talante “democrático” y, en la misma medida, habría logrado desmentir a todo el que lo calificaba como dictador. Además, muy probablemente hubiera conseguido una amnistía por medio de una negociación que le habría permitido retirarse a algún país aliado que le habría dado asilo. Ahora todo esto lo echó a la basura. Él prefirió huir hacia adelante y dar un salto al vacío perdiendo la oportunidad de ganar el reconocimiento y legitimidad que tanto buscaba con estos comicios.
Después del aislamiento internacional y las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea durante el fallido gobierno interino de Juan Guaidó, Maduro tuvo un respiro cuando con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca el nuevo gobierno estadounidense comenzó a flexibilizar las restricciones al petróleo y el gas. Entonces se dio cuenta que necesitaba abrirse al mundo para tener nuevamente acceso a los mercados internacionales.
Fue así como dio inicio a un nuevo ciclo de diálogos con Washington y con la oposición venezolana, llegando finalmente a la firma del Acuerdo de Barbados que no tardó en violar. Sin embargo, EE. UU. le dio otra oportunidad y mantuvo vigentes licencias individuales a algunas compañías petroleras para que sigan operando el país, pero con el mega fraude electoral cometido en las últimas horas por el régimen, el dictador parece que solo logrará extender su agonía.
Aunque Maduro hizo todo por organizar una elección con apariencia de democracia para intentar recuperar legitimidad y reconocimiento en la comunidad internacional, al punto que no se atrevió a inhabilitar la tarjeta de la Unidad para sacar del juego a Edmundo González en la recta final de la elección, como se temía, seguramente le habría salido menos cara una farsa electoral como la de 2018, cuando se declaró reelecto en unos comicios sin la participación de la oposición.
El costo político de este fraude electoral será mucho más alto. Al menos una veintena de países condicionan el reconocimiento del resultado a la publicación de las actas y una auditoria con observación internacional y las protestas espontáneas ya se propagan por estas horas a todos los rincones del país.
De esta manera, las manifestaciones de calle y la presión internacional no vendrán solas. Nicolás Maduro se encamina nuevamente al asilamiento internacional y el desconocimiento de su mandato, al que hace cinco años se sumaron más de 60 países. El retorno de las sanciones está a la vuelta de la esquina y al calificativo de dictador se le suman los de sátrapa y tirano.
Si bien la oposición no consiguió que el CNE controlado por la dictadura reconociera su contundente victoria, la avalancha de votos de este domingo acorraló a un Maduro que había ganado cierto margen de maniobra, pero ahora vuelve a sus peores momentos de sostenimiento en el poder únicamente por la fuerza.



