Sábado, 08 Marzo 2025 22:30

Suma cero: El error de lógica que explica las malas ideas de Trump - Por Kiko Llaneras

Una mentalidad transaccional amenaza décadas de cooperación y orden mundial.

Donald Trump entiende las relaciones internacionales como una transacción: si la otra parte gana, es porque Estados Unidos pierde. Aplica una lógica de “suma cero”, que asume que los recursos son una cantidad fija —como un pastel a repartir—, de modo que cualquier beneficio implica siempre una pérdida para otro. Pero muchos problemas no tienen esa naturaleza. En política internacional, de hecho, esta mentalidad choca contra la evidencia histórica de las últimas ocho décadas.

Desde la segunda guerra mundial, Estados Unidos y Europa han promovido una idea revolucionaria: el beneficio mutuo. Crearon instituciones multilaterales (la ONU, la OTAN, el Banco Mundial) con la convicción de que cooperar traería seguridad, riqueza y bienestar. Hicieron surgir un sistema internacional abierto, regido por reglas claras, que impulsó el comercio y el intercambio.

El resultado fue un periodo excepcional de paz y crecimiento económico global. Según Our World in Data, las guerras se redujeron drásticamente, mientras el PIB per cápita se multiplicaba por cuatro en EEUU, por seis en Europa Occidental y por veinte en Asia Oriental. Como subrayó Fareed Zakaria en The New York Times, en ese periodo hubo muchos países que crecieron, pero “Estados Unidos dominó absolutamente el mundo”.

Sin embargo, Trump reniega de ese equilibrio. Su razonamiento parece sencillo: si Estados Unidos es el país más poderoso, debería imponerse siempre y lograr beneficios en cada transacción. Según él, todas estas reglas multilaterales limitan su poder. Y en parte tiene razón: Estados Unidos podría doblegar a muchos países, sobre todo a sus aliados en Europa y Asia, cuyas economías hiperconectadas los hacen especialmente vulnerables si Trump actúa como un matón.

El problema de este razonamiento es asumir que ganar por la fuerza una negociación implica obtener el mejor de los acuerdos posibles para tu propio interés. Imagina que usas tu fuerza para repartirte 100 euros con otra persona de forma ventajosa, con 75 para ti y 25 para ella. ¿Es una victoria? No necesariamente. Quizás al renunciar a la cooperación, has renunciado a generar 150 euros, que podríais haber repartido 100 a 50, saliendo todos ganando. A menudo la cooperación maximiza el resultado de todos. Además, esos acuerdos también traen beneficios de largo plazo: insistir en imponerte en cada negociación debilita tus relaciones, destruye la confianza y evapora la posibilidad de pactos en el futuros. Como advertía Zakaria: “Si miras cada relación como una transacción aislada, para obtener pequeñas ventajas inmediatas, destruyes alianzas estratégicas”.

El error de Trump es usar una lógica de suma cero para resolver problemas de suma positiva. Y no es un error exclusivo suyo, sino habitual en argumentarios simplistas de izquierdas y derechas.

Es la misma falacia de asumir que los inmigrantes o la Inteligencia artificial destruirán necesariamente el empleo (como si la economía tuviese un tamaño fijo). Es la falacia de pensar que el derecho a portar armas aumenta tu seguridad o que el éxito de una empresa solo beneficia a sus accionistas. Es el mismo error de quienes asumen que cualquier redistribución es ineficiente —porque va contra la productividad o el mérito—, sin pensar en todo el ingenio que nos perdemos por los ‘Einsteins’ que se crían sin oportunidades. Ver la realidad en suma cero es un atajo simplista, por tanto, popular. Pero nuestras sociedades son complejas y dinámicas, y casi nunca admiten las lógicas del que reparte tierras sobre el mapa.

Más allá: una amenaza al orden mundial

La lógica transaccional de Trump se extiende peligrosamente más allá de lo económico. La prueba son las recientes negociaciones para un acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia, en las que EEUU demandó, según denunció Zelenski, que Ucrania pagase con sus recursos de tierras raras por la asistencia militar ya prestada. Según un tenebroso Martin Wolf, Trump ha decidido “abandonar Ucrania y también su rol en el mundo desde la postguerra”. A cambio, actúa como si quisiera convertir a su país en algo vulgar: otra gran potencia, guiada por lógicas de suma cero e indiferente a todo salvo su interés inmediato.

Además, Trump no solo apuesta por el nacionalismo económico frente a la cooperación, sino que también muestra una inquietante afinidad con líderes autoritarios que ven nuestro sistema como débil y caduco. Como concluye Wolf en su texto, ante este abandono del liderazgo estadounidense, Europa enfrenta un dilema existencial: “estará a la altura de las circunstancias o se desintegrará. Los europeos necesitarán una cooperación mucho más sólida, en un marco robusto de normas liberales y democráticas. Si no lo hacen, serán despedazados por las grandes potencias mundiales”.

Aunque sabéis que suelo ser optimista, hoy no puedo serlo. El orden global parece genuinamente amenazado. No recuerdo un peligro tan claro contra los valores que han definido Occidente durante décadas, esenciales para el progreso que tantas veces he defendido.

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