Netanyahu «dio la vuelta a la tortilla» mostrando al Presidente estadounidense que los riesgos eran limitados -las IDF habían limpiado el terreno de defensas antiaéreas iraníes- y los beneficios potencialmente «históricos». Jugó con su impaciencia y su gusto por las soluciones sencillas a problemas complejos. Queda por ver si Trump se dejó engañar por quienes le prometieron una salida de la guerra nada más entrar en ella. Su declaración de victoria insiste en que, para él, el asunto está cerrado: la misión ha tenido un éxito brillante, los bombarderos furtivos se han ido a casa, «ahora es tiempo de paz».
El Presidente espera que su demostración de fuerza sea suficiente y que no se vea arrastrado a uno de esos largos conflictos asimétricos en los que tanto perdieron sus predecesores. Describe una operación selectiva y limitada que Teherán se equivocaría al tomarla como una declaración de guerra o un deseo de derrocar al régimen. Pero no podemos cerrar un capítulo -el del programa nuclear iraní, supuestamente «aniquilado»- sin abrir otro. De ahí la advertencia de represalias contra objetivos estadounidenses, a las que el Pentágono ha prometido responder con contundencia.
Este sería el comienzo de la espiral descendente que la Administración Trump dice querer evitar. ¿Está dispuesto el Irán de los mullhas a empeorar las cosas cediendo a este reflejo? Hay otra vía menos espectacular, pero igual de preocupante a largo plazo: retirarse del Tratado de No Proliferación (TNP), pasar completamente a la clandestinidad y seguir el camino de Corea del Norte -que ha dotado a Pyongyang de unas sesenta bombas atómicas-. Tras su asombroso golpe, Trump aún tiene que trabajar para lograr la victoria.
Fuente: www.lefigaro.fr
Gentileza: Club Político Argentino


