“Creo que solo hay una cosa que podría lograr ese objetivo: que diga que se va a marchar. ¿El problema? Eso es justo lo único que Maduro no va a ofrecer", considera el británico Phil Gunson, experto del Crisis Group y que reside desde hace 26 años en Venezuela.
“Ya ha puesto muchas cosas sobre la mesa de negociación, en materia de energía y otros recursos naturales y no le funcionaron”, recuerda Gunson en referencia a rondas de contactos previas a la toma del timón de las negociaciones del secretario de Estado, Marco Rubio. “Y ya sabemos cómo plantea Rubio, que tiene un enfoque muy ideológico sobre el asunto: Maduro es, para Estados Unidos, el jefe de ese supuesto cartel de los Soles. Tiene que irse. No es negociable. Cualquier otra cosa se interpretará como un fracaso para él, y quién sabe si supondrá su fin al frente del Departamento de Estado”.
En la baraja del presidente de Venezuela hay, con todo, más opciones. En materia de inmigración, por ejemplo. También puede comprometerse a hacer más para frenar el narcotráfico, excusa que está empleando Washington en su campaña de ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales del Caribe, pese a que está demostrado que el papel de Venezuela en el tráfico de fentanilo es inexistente y poco considerable en el caso de la cocaína.
“Teniendo en cuenta que la de Trump es una presidencia hecha a golpe de telerrealidad, no es descartable que a Maduro le funcione convencer a Trump de que aceptará deportaciones de migrantes venezolanos más públicas y más numerosas que las actuales”, advierte Christopher Sabatini, investigador sénior para Latinoamérica de Chatham House.
El experto recuerda que el entonces candidato presentó a Venezuela durante la campaña que lo llevó de vuelta a la Casa Blanca como “un asunto de interés nacional, al argumentar que [la banda criminal con origen en el país sudamericano


