San José 1111 se ha convertido en un lugar de peregrinación para el kirchnerismo en el último año.
En ese domicilio de Buenos Aires, en un segundo piso con balcón, cumple arresto domiciliario la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner por una condena de corrupción.
Este 10 de junio se cumple un año desde que la Corte Suprema de Justicia de Argentina dejó firme la sentencia a seis años de cárcel e inhabilitación política de por vida contra Kirchner y sus seguidores volverán a congregarse allí para clamar por la inocencia de la expresidenta y exigir su liberación.
La consigna “Cristina libre”, en cambio, incomoda a parte de la dirigencia peronista que piensa ya en las elecciones presidenciales de finales de 2027.
El núcleo duro del kirchnerismo exige a cualquiera que quiera ser candidato que presione para su puesta en libertad. El resto del peronismo hace malabarismos para evitar una promesa que podría ser contraproducente en una contienda electoral: la idea de un indulto a la líder política que más ha polarizado a la sociedad argentina en las últimas dos décadas posiblemente movilizaría a votantes antikirchnernistas a las urnas.
El hijo de la expresidenta, Máximo Kirchner, resumió días atrás el sentir de quienes la rodean. Para el diputado y líder de la agrupación La Cámpora, tanto el expresidente Mauricio Macri como el actual jefe de Estado de Argentina, Javier Milei, tienen más posibilidades de un triunfo electoral si la referente opositora tiene vetada su participación como candidata.
Pero no son los únicos que sacan partido de su inhabilitación, señaló a través de las redes: “En nuestro espacio también hay favorecidos. Por eso no piden por su libertad. Por eso critican cuando nosotros lo hacemos y se inventan argumentos de escasa creatividad, pero de gran miserabilidad, para justificar su comportamiento”.
El dardo tenía un destinatario: el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. El exministro de Economía de Kirchner, hoy principal referente del peronismo, ha definido como “injusta” y “un disparate” la condena a la expresidenta, pero evita dar una respuesta concreta cuando le preguntan si, en caso de llegar a la Casa Rosada, la indultaría. Según Kicillof, cualquier perdón presidencial requeriría “hablar con ella” para ver qué pretende, pero también darse cuenta de que su condena responde “a un problema mucho más amplio” que tiene que ver con los intereses de un sector del Poder Judicial.
¿Quiere Kirchner un indulto? Durante años, la exmandataria se opuso de forma tajante. Esa medida de gracia supondría reconocerse culpable de haber concedido de manera irregular medio centenar de obras públicas a un empresario amigo, Lázaro Báez, en la provincia patagónica de Santa Cruz, cuna del kirchnerismo. Kirchner siempre ha defendido su inocencia y, agotadas las instancias en Argentina, recurrió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Detrás de esa negativa se han escudado varios referentes peronistas con aspiraciones presidenciales, como el exministro de Economía, Sergio Massa, para descartar un posible indulto futuro. Pero en las últimas semanas, otros se han mostrado a favor, como Juan Grabois: “La libertad de Cristina la tiene que garantizar el próximo presidente”.
En su entorno reina el silencio. De cara a la movilización que preparan para el 20 de junio en Parque Lezama se limitan a reclamar su libertad sin condiciones —“No hay democracia con Cristina proscripta”, sostiene el exsecretario de Presidencia Oscar Parrilli—, pero evitan cerrar la puerta al indulto como antes.
Salidas y visitas restringidas
El énfasis, en vísperas de la concentración, está puesto en denunciar las condiciones en que cumple arresto domiciliario. Kirchner sólo puede salir de casa por cuestiones médicas y recibir visitas dos días a la semana durante dos horas. “La someten a un régimen de aislamiento, totalmente arbitrario y restrictivo en comparación con las condiciones de detención que aplican a narcotraficantes y genocidas”, denuncia su hijo.
Pese al régimen estricto impuesto por la justicia, Kirchner no quiere saber nada de trasladarse a El Calafate, la ciudad en el extremo sur de la Patagonia argentina que ella llama “su lugar en el mundo”. En Buenos Aires se mantiene cerca de sus hijos y también de los dirigentes políticos de su confianza que la mantienen al día de todos los movimientos.
Entre quienes la visitan no está Kicillof. Su último encuentro fue el pasado octubre, en San José 1111, y culminó sin avances en una relación que lleva tiempo sometida a un gran tironeo. El gobernador bonaerense, uno de los nombres que más suenan para encabezar una candidatura peronista el año que viene, intenta distanciarse de Kirchner para mostrarse como una alternativa a las políticas de recorte del Estado de Javier Milei.
Los ataques del núcleo duro kirchnerista a la figura del gobernador alimentan una pelea interna que lleva más de una década sin lograr resolver la sucesión de Kirchner en el peronismo. Menos expuestos, otros referentes del espacio que encabeza hoy la oposición apuestan a un futuro en el que la expresidenta deje de ser imprescindible.
Fuente: https://elpais.com/argentina/2026-06-10/cristina-libre-el-clamor-que-incomoda-al-peronismo-a-un-ano-de-la-condena-a-kirchner.html


