Martes, 08 Septiembre 2026 20:18

Trump y otra ayuda para Milei - Por Carlos Pagni (EL PAIS – España)

El descontento del presidente estadounidense con Gran Bretaña por negarse a participar en la guerra de Irán da oxígeno al líder argentino.

Donald Trump es generoso con Javier Milei. En 2025, un mes antes de las elecciones parlamentarias, le salvó del abismo financiero con un cheque de 20.000 millones de dólares. Ahora le alcanzó otra ayuda, aunque mucho más modesta y problemática.

 

Como una derivación del conflicto que el presidente de los Estados Unidos mantiene con los gobiernos laboristas del Reino Unido, quedó reinstalada en la agenda argentina la disputa de soberanía por las islas Malvinas. Milei aprovechó la escena para recuperar oxígeno en un ciclo de declinación política. La película todavía no terminó.

El origen inmediato de esta historia está en el conflicto de los Estados Unidos con Irán. El 19 de febrero pasado, medios británicos publicaron que el gobierno laborista de Keir Starmer había negado a Trump un permiso para utilizar la isla Diego García como base para un ataque sobre ese país.

Esa isla está en el océano Índico y forma parte de un archipiélago bajo soberanía británica. Pero los Estados Unidos tienen allí una base militar que solo pueden operar con el visto bueno británico y en situaciones defensivas. Cuando Trump pidió el permiso, Starmer se lo negó alegando que Estados Unidos no estaba bajo ataque iraní. Fue un doble agravio. No solo le restaba un recurso militar importantísimo, sino que definía a los Estados Unidos como agresor en el enfrentamiento.

A comienzos de marzo se filtró un email del Pentágono en el que se sugería que los Estados Unidos podían dejar de ser neutrales en el conflicto de Malvinas. Es decir, podría inclinarse por la Argentina enfrentando a un aliado de la OTAN.

Mientras tanto, Trump reforzó su exigencia de que los integrantes de la OTAN aporten a su sostenimiento, antes de 2030, el 3% de su PBI. El Reino Unido, que enfrenta problemas fiscales originados, sobre todo, en el sistema previsional, se resiste a hacer ese aporte. Promete contribuir con el 3,5% del PBI, pero en 2035. Es una discusión algo abstracta, porque depende de cuál sea el gobierno que suceda a Trump en Washington.

Andy Burnham, también laborista, sucedió a Starmer. El veto sobre la utilización de Diego García, que fue un gran agravio para Trump, se flexibilizó. El argumento: Irán estaba atacando intereses militares en la región del Golfo Pérsico. El presidente norteamericano siguió con su enojo. La semana pasada le preguntaron si pensaba revisar su posición frente al diferendo de Malvinas. Dio una respuesta ambigua, típica de ese negociador casi extorsivo que es Trump: “Yo siempre reviso mis posiciones”.

En Buenos Aires le tomaron la palabra. Quien advirtió más temprano el valor de esa declaración para el gobierno de Milei fue el asesor de marketing Santiago Caputo. Experto en comunicación, montó de inmediato una escenografía con centro en un discurso del presidente. Había que apresurarse.

Como suele suceder, Trump podría cambiar de opinión. ¿O no revisa todo lo que dice, como él mismo confesó? Milei habló el jueves por la noche. Caputo comenzó a tuitear frases más o menos altisonantes. Por ejemplo, que “Inglaterra es el pasado y la Argentina es el futuro” y que ahí está la razón de por qué Trump podría dejar de ser neutral. Algo que Trump nunca afirmó con claridad.

Milei advirtió que, dado que el gobierno está en una posición de debilidad frente a la opinión pública, la “malvinización” de la escena podría aportar oxígeno. Ninguna fuerza política, por opositora que sea, se siente cómoda discutiendo con un gobierno que defiende la soberanía sobre Malvinas.

Aferrado a la ambigua frase de Trump, Milei hizo varios anuncios. Uno, el endurecimiento de las sanciones para las empresas que hagan negocios autorizados por el gobierno kelper de Malvinas. El emprendimiento más importante que se lleva a cabo por concesión del gobierno local de las islas es la exploración e inminente explotación de Sea Lion.

Es una zona de producción de petróleo en la que viene trabajando un consorcio entre la israelí Navitas Petroleum (65%) y la británica Rockhopper (35%).

La paradoja es que Milei quedará enfrentado a intereses del país al que se siente más cercano: Israel. Pero nada es lineal en esta historia. Porque, a raíz de que en septiembre de 2025 el Reino Unido reconoció la existencia de un Estado palestino, el segundo hijo de Benjamin Netanyahu, Yair, tuiteó en aquel momento que para él “las Malvinas forman parte de la Argentina”.

La otra iniciativa alentada por Milei es la construcción de una base naval en la provincia de Tierra del Fuego para abastecimiento de buques y también de las bases de la Antártida. Esa base es del máximo interés de los Estados Unidos, sobre todo cuando los chinos insinuaron que podrían intervenir en su montaje.

El tráfico de barcos por el extremo sur sería crucial si un día se desata un conflicto bélico con China. Entre otras cosas, porque el Canal de Panamá carece de calado para el cruce de los portaaviones norteamericanos de gran porte.

La reacción del gobierno ante las declaraciones de Trump tiene varias derivaciones. Una es muy novedosa y, si se quiere, inquietante: por primera vez en democracia se asocia la reivindicación de la soberanía de Malvinas a una mayor fortaleza militar de la Argentina.

Es algo que no está en el discurso de Milei, pero sí en los tuits que emitió el impulsivo asesor Caputo: para defender la soberanía hay que tener un aparato militar respetable. Es una afirmación que seguramente tendrá registro en Chile y Brasil. Chile, que, como se sabe, tiene una alianza con el Reino Unido que se proyecta en la relación con el gobierno de las islas. También aquí la afinidad ideológica se cruza con la tensión diplomática.

Esta línea de militarización del discurso soberanista hace juego con una declaración de Trump. Cuando una periodista británica le preguntó por el tema, él cuenta que en 1982 había estado en la Argentina, viendo cómo el Reino Unido había resuelto el problema, es decir, la invasión argentina, rápido y bien. “Pero hoy ustedes no podrían hacerlo porque son otro país”, agregó Trump. Por un lado, se advierte el interés por menospreciar al Reino Unido. Por otro lado, sugiere que no descarta un escenario bélico. La frontera discursiva se ha corrido.

Las afirmaciones e insinuaciones de Trump arman un enredo. Los conservadores británicos le piden, a través de la prensa afín, que no los obligue a enfrentar a Milei. O a perder votos ante los laboristas por ser amigos de Milei.

Es una cuestión que tomó temperatura: el presidente tenía previsto viajar a Londres en la última semana de octubre, a la realización de una “Argentina Week” para seducir a inversores. Pero ahora el viaje está puesto bajo examen por la Cancillería. Todavía hay que dejar pasar un tiempo para saber qué efecto tendrá en Washington la arremetida argentina contra Londres: ¿Trump quería llegar tan lejos en su discusión con los laboristas?

Es posible que la intervención de Trump exceda la tensión con el Reino Unido y que también tenga que ver con el criterio de “América para los americanos”, es decir, con la política de zonas de influencia que se intenta establecer a escala global. Es un desafío para países como Brasil, que hasta ahora tiene un gobierno, el de Lula da Silva y el PT, no alineado con Washington.

Un indicio: el martes y miércoles de la semana pasada visitaron Brasilia varios legisladores de la oposición, y algunos aliados del oficialismo, en un gesto de amistad hacia el vínculo bilateral. Las relaciones entre Brasil y Argentina están congeladas por los insultos de Milei a Lula da Silva. Uno de los temas que el canciller Mauro Vieira habló con esos legisladores fue la conveniencia de desarrollar políticas de cooperación en el Atlántico Sur.

Otra dimensión interesante, que cobra relieve en la nueva escena montada por el gobierno argentino: los Estados Unidos, a través de su presidente, insinuaron que podrían dejar la neutralidad, pero sin definir nada concreto ni inmediato. En cambio, China tiene una posición de abierto apoyo a la Argentina, votando siempre en las Naciones Unidas a favor de que el Reino Unido comience a negociar sobre el diferendo.

Es una posición simétrica a la de la Argentina en el caso de Taiwán, en el que adhiere a la posición de Pekín de “una sola China”. Los estadounidenses y los chinos compiten por la influencia de sus países sobre América Latina.

Si el país es Argentina y la cuestión es la disputa por Malvinas, los chinos sacan ventaja. Incomodísima situación para Milei.

Fuente: https://elpais.com/argentina/2026-09-08/trump-y-otra-ayuda-para-milei.html  

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