Las palabras, a veces, nos permiten vislumbrar qué piensa una persona, cuál es su visión sobre el mundo que la rodea, qué ambiciona y a qué le teme, cómo se ve a sí misma y qué piensa de sus interlocutores. Incluso cuando exagera, se equivoca, selecciona ciertos datos por conveniencia o miente, sus palabras pueden revelar qué quiere destacar u ocultar y qué considera una amenaza. Y el presidente Javier Milei no es la excepción.
Su paso por Wall Street y las últimas entrevistas que concedió resultan sintomáticas.
- Afirmó que la Argentina disfruta de niveles máximos de consumo y que la economía informal “está volando”, aunque los indicadores oficiales de actividad y consumo muestran una caída desestacionalizada del 2,9% mensual y un retroceso interanual del 1,4% en julio, y las ventas de supermercados retrocedieron 2,1% interanual.
- Afirmó que su gestión sacó a 9 millones de argentinos de la pobreza, cifra que con el paso de las semanas fue elevando hasta los 15 millones, aunque las cifras oficiales sobre la pobreza son más complejas: bajó a 28,2% en el segundo semestre de 2025 y volvió a subir a 32,3% en el primer semestre de 2026. Es decir, hubo una reducción sustancial respecto del pico de 2024, pero también un nuevo deterioro durante este año.
- Afirmó que el país creció 6,7% durante su primer año de gestión y “arriba del 4%” durante 2025, pero las cifras oficiales muestran que la economía cayó 1,3% en 2024 y creció 4,4% en 2025, lo que deja un crecimiento acumulado cercano al 3% entre ambos años, lejos de una suba de 10 puntos.
- Afirmó que la Argentina está “en niveles máximos de PBI per cápita”, aunque las cifras oficiales muestran que durante el primer semestre de este año resultó 5,4% por debajo del verdadero récord, registrado en 2011.
- Afirmó que su gestión echó a “10.000 terroristas el año pasado” y que este año ya echaron otros “20.000”, venidos para “dinamitar el modelo argentino”, aunque los datos oficiales de la Dirección Nacional de Migraciones muestran que 772 personas fueron expulsadas de la Argentina durante 2025 por cometer todo tipo de delitos, pero no por terrorismo.
Podríamos seguir con los ejemplos, pero el patrón resulta claro: Milei combina indicadores parciales, comparaciones discutibles y afirmaciones incompatibles con los registros públicos. Y si alguien contrapone cifras oficiales a sus dichos, sea en Wall Street o en la Argentina, su reacción es cuestionar esas mediciones. Textual, dijo este domingo que “los indicadores están arrojando cualquier cosa”.
Así, sus afirmaciones nos permiten vislumbrar cómo razona el presidente, cómo interpreta el contexto en que se mueve, cómo lidia con las circunstancias que le son adversas y cómo aborda los desafíos que debe (o debería) afrontar. Porque no es cuestión de determinar si una afirmación presidencial es cierta o falsa. También importa cómo reacciona Milei cuando la realidad contradice el relato épico que quiere construir.
De hecho, la dicotomía entre la realidad y lo que él se dice o nos dice que pasa abre varias disyuntivas. ¿Milei realmente cree que hay un boom de consumo, que la economía rompe récords, que la pobreza baja y que hay una conspiración internacional que ha enviado al menos 30.000 “terroristas” durante los últimos años para boicotear su gestión? ¿Cree eso y más, como que el presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva financió con 1000 millones de dólares la campaña presidencial de su rival, Sergio Massa, en 2023? ¿O nos miente?
Si lo cree, es preocupante. Porque al mando tendríamos a un presidente que toma decisiones públicas que afectan nuestras vidas y patrimonios apoyado en información errónea o en una interpretación de la realidad que soslaya los datos que la contradicen, sin que sus funcionarios, allegados y familiares de máxima confianza lo hayan corregido. O peor aún, que sí le han transmitido los datos correctos y él los descartó.
Y si cree lo que dice, sabe cuáles son los datos correctos y nos miente, también es preocupante. Por un lado, porque tendríamos a un presidente que quiere engañarnos, sea para obtener réditos políticos, sociales o electorales. Por el otro, porque más pronto que tarde, los ciudadanos, los inversores y los analistas internacionales terminan por detectar que es de noche aunque él nos diga que brilla el sol, cercenando así su credibilidad.
Y existe una tercera posibilidad: que no mienta ni desconozca los datos, sino que haya construido un sistema de interpretación en el que los indicadores que contradicen su relato simplemente dejan de ser considerados válidos. En ese caso, el problema ya no sería solamente una afirmación falsa o exagerada, sino la relación misma entre el poder y los instrumentos con los que ese poder mide la realidad.
La historia argentina y global está plagada de líderes que perduraron y ganaron elecciones apoyados en creencias falsas o mentiras. Pero, ¿a qué costo y con qué consecuencias para ellos y sus países? Por lo pronto, tras la visita de Milei a Wall Street, JP Morgan recortó su proyección de crecimiento para la Argentina durante 2026 del 2,7% al 1,5% y proyectó una contracción anualizada del 4% en el tercer trimestre. Muy lejos del “boom” y los “récords” presidenciales.
Fuente: https://elpais.com/argentina/2026-09-30/milei-contra-los-datos-que-ocurre-cuando-el-presidente-cuestiona-el-termometro.html

El presidente argentino combina indicadores parciales, comparaciones discutibles y afirmaciones incomprobables. Si cree que son ciertos, es preocupante; si miente, también. 