Martes, 14 Julio 2020 21:00

Quien quiera oír, Que Oiga !!! – Por Guillermo J. Nogueira

 

Siguiendo la corriente de mi estado de ánimo hoy se suma el agobio al enojo y el hastío. Todo pasa por un virus y una pandemia. Como bien dice el colega Mario Borini hemos caído en una suma de errores al poner la mirada sobre el problema guiados casi exclusivamente por virólogos e infectólogos que producen respuestas coherentes con su saber.


Miran a la enfermedad exclusivamente como biólogos del ser humano. Investigan y conocen bastante de lo que pasa en el cuerpo y su preocupación es con la evolución, tratamiento y resultado, con un índice que marca el fracaso: la mortalidad.

En cambio los epidemiólogos ponen su esfuerzo y conocimiento en la transmisión por lo que además de la biología necesitan de la sociología, la antropología y aún de los historiadores y economistas. Harán uso juicioso y apropiado de las estadísticas, forma de pensamiento poco habitual al común de los ciudadanos.

Las visiones deben ser complementarias y no antagónicas, sin sesgos interesados y tenidas en cuenta por aquellos que en función de gobierno se ocupan de la salud. En nuestra costumbre de ignorar, reescribir interesadamente el pasado para disimular el presente que nos golpea y lastima, hablamos de cuarentenas, medicamentos, curvas e índices, para finalmente confundir el efecto con sus causas. Aspirina para la fiebre en vez del antibiótico apropiado para la infección y las medidas para evitar que se repita teniendo en cuenta su origen.

Miramos al número de camas, respiradores y equipamiento y al ver que son insuficientes y críticos no avanzamos en preguntarnos porque esto es así. Lo mismo con los recursos humanos y con la población en riesgo.

Simplemente tratamos de corregir mal y a las apuradas esas falencias que llevan muchos años de existencia con responsables fácilmente identificables. No investigar en las causas no es una actitud ingenua y por otro lado ya es un hábito institucional en una democracia de poco espesor y ética enclenque.

El sistema de salud no da para más y la situación socioeconómica tampoco. Si bien este es un estado generalizado, la pandemia lo ha puesto dolorosamente a la vista, junto con diferencias que históricamente están pendientes de solución como es la macrocefalia de la Capital Federal y el conurbano bonaerense. Alfonsín con visión de estadista propuso trasladar la capital, proyecto saboteado y abandonado que quedó relegado al olvido.

Hoy vemos que esta desproporción patológica hace la vida casi imposible allí y difícil en el resto del país. Es el lugar donde reside el problema más grave, no solo cuantitativamente. Peor aún, las diferencias históricas que se mantienen en lo cultural y lo socioeconómico obligan a soluciones diferenciadas que por falencias políticas llevan a enfrentamientos mal disimulados entre porteños y provincianos, especialmente en el AMBA.


Como bien decía el fundador de la Clínica Modelo de Morón, allá por 1970, el problema de la salud es insoluble pues involucra a tres protagonistas no confiables: el estado, las obras sociales y el sector privado ahora con empresas prepagas, seguros etc. Terminamos con un híbrido inmanejable.


Aparecen los sanitaristas que son arrastrados, a mi entender, por criterios de eficacia y eficiencia que terminan lamentablemente en evaluaciones de costos y beneficios. Las ventajas de evaluar, programar, administrar y decidir en consecuencia, se diluyen. La salud finalmente pasa a ser una mercancía más en el mercado. Los intereses y las demandas económicas son lo predominante.

En esa puja económica un estado ineficiente frente a empresarios o dirigentes prebendarios, lleva las de perder. Ni regula ni produce. La corrupción presente en los tres estamentos empeora las cosas. Los perjudicados son por supuesto los que requieren servicios de salud, en especial los más pobres. La industria farmacéutica con la excusa del costo en investigación y desarrollo, dejó de lado la idea del medicamento y sus descubridores como bien de la humanidad.

Cobra regalías y fija los precios, además de crear oligopolios. Otro aspecto fundamental a tener en cuenta es que la construcción y equipamiento hospitalarios son lo más barato, permiten innumerables cohechos y tienen rédito político. Por el contrario el funcionamiento es mucho más costoso y requiere buen gerenciamiento. Se suele citar que construir cuesta 1, equipar cuesta 2 y hacer funcionar cuesta 3. Con el agravante que 1 y 2 son costos calculables que se hacen una sola vez, en tanto que el funcionamiento y mantenimiento además de ser mayor, es un gasto constante y en aumento. Por eso tenemos muchos constructores e inauguradores y pocos o casi ningún responsable presupuestario y administrativo del funcionamiento. Fue un acierto de la gobernadora María Eugenia Vidal dedicarse a poner en condiciones y hacer funcionar bien lo existente en vez de reinaugurar por enésima vez.

Veremos que harán ahora con todo lo inaugurado y construido de apuro. Es probable que se desactive, o quede para varias inauguraciones más. Construir un hospital o centro de salud requiere un estudio previo serio e interdisciplinario. No debe ser un acto de voluntarismo o demagogia. Hay muchos ejemplos a lo largo del tiempo como han sido el Hospital Interzonal de Mar del Plata construido y mantenido cerrado por varios años, el Hospital llamado ahora Houssay construido según trascendidos por un gremio. Cerrado por más de 10 años.

Inaugurado, puesto en funcionamiento por poco tiempo y cerrado por dos veces y ahora pasado finalmente a PAMI a falta de otros interesados. Aún no funciona a pleno, su director acaba de renunciar y es uno de los focos de corona virus.

En Capital Federal, el ex Sanatorio Antártida de camioneros es otro ejemplo de inauguración sin funcionamiento, salvado por el estado ahora con la excusa de la pandemia. Otras instituciones privadas de menor peso económico cierran pues no pueden soportar la falta de recaudación.

Las obras sociales en especial las vinculadas con el estado como por ejemplo IOMA y PAMI tienen fondos importantes que por diversas razones administran muy mal y permiten nichos de corrupción notables. Por otro lado imponen sus reglas de juego por depender del gobierno de turno que las dicta. Para controlarlos se teje una maraña administrativa que es inútil, costosa y con consecuencias lamentables para los afiliados.

IOMA por ejemplo en este momento reitera una conducta que ya es habitual. Paga mal, tarde y finalmente no paga las prestaciones. Ha tenido atrasos de años. Cuando llega el agua al cuello negocia el pago del último período y pide un plan en cuotas con una quita que exige sea no inferior al 50%. Nuestra deuda externa sigue el mismo ejemplo o es al revés.

También hay prestadores buitres que compran al contado los bonos de las consultas a valor vil para luego lograr cobrarlos en el período habitual que va desde 60/90 días hasta 6 meses.

En un marco inflacionario se producen fortunas y miserias. Los prestadores se nuclean en federaciones, asociaciones o círculos para defender sus intereses. El nomenclador (lista de precios) es letra muerta, no se actualiza o lo hace tarde y mal, ni se respeta.

Entonces aparece el plus o el arancel diferenciado que es denunciado y el conflicto escala. Se amenaza primero y bastante después se suspenden las prestaciones. La respuesta de IOMA generalmente es tratar de romper el frente de los prestadores denunciando los convenios existentes y ofreciendo contratos directos a cada profesional o institución.

La amarga experiencia enseña que igualmente sigue pagando mal, tarde o nunca. Ante la negativa generalizada para atender, la respuesta es amenazar con traer médicos de otros lugares, cosa que ha sucedido alguna vez, multiplicando el conflicto. Todo esto es historia repetida. En la actualidad en Mar del Plata peligraron las diálisis por una deuda millonaria. Sumarle además la discriminación para algunos profesionales de la salud no médicos o el no reconocimiento de categorizaciones aprobadas por asociaciones profesionales o el Colegio de Médicos.

Esto no es privativo de IOMA ni de PAMI. Las Obras Sociales y las prepagas hacen cosas parecidas o iguales. Estas últimas con la excusa de tener a los mejores prestadores seleccionan a la población por el nivel económico. Son algo más solventes, sin embargo es excepcional que paguen honorarios acordes. Abusan de la infraestructura, de las condiciones de trabajo y de la publicidad.

Tal como hacía una marca que decía “caro, pero el mejor”. Algunos escándalos las han dejado algo expuestas. La pandemia muestra toda esta miseria pues al ser entidades con fines de lucro, dentro del criterio comercial contractual deben garantizarle prioridad a sus afiliados. La solidaridad pedida por el gobierno genera conflicto de intereses.

Los hospitales comunitarios sobreviven a duras penas brindando atención de excelencia al igual que algunas instituciones privadas. Estas últimas han tenido que adaptarse a veces traicionando el proyecto de sus fundadores. Hay más de un Favaloro.

Dr. Guillermo Javier Nogueira

Médico neurocirujano

Psicólogo

Top