El ex juez de la Corte Suprema y personero del kirchnerismo y de la izquierda argentina, Eugenio Raúl Zaffaroni, ha expresado que es imprescindible e inevitable una nueva Constitución.
La reforma de la Constitución ha sido un objetivo central de los gobiernos kirchneristas, pues la actual Constitución de 1853, reformada en 1994, impone un claro límite el poder de los gobernantes y claras garantías a lso derechos de los ciudadanos. Es contra esos límites y esas garantías que desean alzarse los amantes del castrochavismo.
Para entender mejor el peligro extremo que supone esta avanzada es útil recordar cuál es el fundamento de una Constitución, cuál es su objeto, su razón de ser, pues resulta palmario que para el común de las personas la Constitución es algo que no tiene mayor importancia. Quien piensa en el día a día cómo ganarse el sustento no está preocupado por el texto de la Carta Magna, ni por su contenido ideológico.
La Historia ofrece miles de ejemplos de pueblos dominados por el poder político absoluto, como los monarcas europeos de la Edad Media donde existía el derecho divino de los reyes, esto es, que, al ser los representantes de Dios en la Tierra, no veían limitado su poder terrenal, decidiendo impunemente sobre la vida, libertad y patrimonios de las personas. Fue contra ese sistema que se produjo la Glorious Revolution de 1688 en Inglaterra, donde por primera vez y en forma incruenta se limitaban las prorrogativas del monarca.
Es que, tal como lo afirma Jesucristo, "el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra". El ser humano es falible, corruptible, abusador de su poder y con tendencia a desconocer los derechos de los demás. Los delincuentes comunes son una versión clara de esa falibilidad. Y fue John Locke quien en sus Tratados sobre Gobierno Civil y en la Carta sobre la Tolerancia enseñó que efectivamente los hombres son falibles, y que los monarcas no eran otra cosa que hombres.
De allí provino la idea del límite al poder y de la necesidad de un texto legal que imprimiera en letras de molde ese límite. ¿Pero qué cosa era lo que el poder no podía violar de allí en más?
Y aquí pasamos a la cuestión de los derechos individuales, que según Locke eran el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad, y el más importante de todos, el derecho a la propia búsqueda de la felicidad. El hombre tiene derecho de perseguir su felicidad, y debe hacerlo libremente, sin que los gobernantes interfieran con su proyecto de vida, que debe tener como único límite los similares derechos de las demás personas.
Es decir, que los intereses individuales o particulares no son contrarios per se al interés general sino que, al contrario, y tal como decía Adam Smith "al buscar su propio interés, el hombre a menudo favorece el de la sociedad mejor que cuando realmente desea hacerlo".
Trascendente
Lo trascendente es que ya no era el gobernante quien debía decidir el destino de las personas. Cada cual decidía su futuro, qué estudiar, a qué labor u oficio dedicarse para progresar económicamente, cómo gastar o invertir sus ganancias, qué hacer para sentirse feliz.
Sin embargo, ese sistema carecía de la herramienta clave para que el límite al poder fuera efectivo, incluso en las democracias. Porque si bien el Parlamento era el otro poder que limitaba al rey, el Parlamento no tenía límites y sus decisiones, donde se representaba a las mayorías, podían ser arbitrarias y violadoras de los derechos.
De allí que la verdadera revolución se produjo en los Estados Unidos de Norteamérica, donde diría que se inventó el sistema. Los Founding Fathers diseñaron una Constitución dando origen a un Poder Judicial independiente, no elegidos sus miembros por la vía del sufragio universal, sino por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado.
Y ese Poder Judicial tenía la facultad, el poder, de declarar nulas las leyes del Poder Legislativo o las decisiones del Poder Ejecutivo que violaran los derechos individuales de las personas. Esos derechos individuales fueron incorporados expresamente a la Constitución mediante diez enmiendas en lo que se denominó la Carta de Derechos.
En otras palabras, también las mayorías circunstanciales quedaban limitadas en su poder, pues tampoco las mayorías podían violar los derechos de los individuos. Se pasó así de la democracia absolutista europea a la democracia constitucional, donde se garantizaban los derechos individuales y se limitaba el poder político mediante el denominado Rule of Law, es decir, la revisión judicial de las leyes.
Los Estados Unidos no sólo crearon una nueva forma de gobierno, sino un nuevo propósito del gobierno: ser garante de los derechos individuales, sin involucrarse en la vida de las personas más allá de lo necesario para asegurar que esos derechos no sean violados.
La Prosperidad
Este sistema creó un ambiente de gran confianza en los ciudadanos. Y ese ambiente dio inicio a la mayor creación de riqueza que se haya conocido en la historia de la humanidad, pues el ser humano, sabiéndose así protegido en sus derechos a la libertad y a la propiedad, daban rienda suelta a su creatividad y a su voluntad en la búsqueda de su propia felicidad.
El sistema norteamericano es sin duda el mejor sistema del mundo. Al punto de que todos los países que decidieron adoptarlo, pasaron de la pobreza a la riqueza en muy pocas décadas. Y así fue el caso de la Argentina, que desde la sanción de la Constitución en 1853 en que se copia el sistema norteamericano, hasta principios de 1900, produjo un salto cósmico que la catapultó a ser la sexta o séptima potencia mundial, con un ingreso per cápita superior a muchos países de Europa, y compitiendo a su vez con los Estados Unidos en cuanto a la atracción de inmigrantes que venían a trabajar y progresar en libertad.
Quienes inventaron la Constitución norteamericana eran personas que no vivían de la política y que tenían un alto nivel moral, que los llevó a crear un sistema donde ellos mismos quedaban limitados. Es decir, que obraron con una gran generosidad política y pensaron más en el país que en el interés directo de ellos mismos. Un verdadero milagro de la historia. Y ese milagro fue también producido en la Argentina de la mano de Urquiza y de Alberdi, de Sarmiento y de Mitre, de Roca y de Alvear.
Vestidos de demagogia
Pero para quienes viven del Estado y de la política, estos límites al poder no son precisamente bien recibidos. De allí el ataque de todos los socialistas, comunistas, fascistas, nacionalistas y nazis contra las ideas de la democracia liberal, republicana y constitucional. Y ese ataque vino vestido con el traje de la demagogia.
Fue así que se creó la noción de los derechos sociales. Entregas de dinero que el gobierno les hace a los pobres, sustrayéndosela compulsivamente en forma previa a quienes produjeron ese dinero. Es decir, no son derechos en el sentido exacto de la palabra, sino prebendas.
Los derechos individuales son de naturaleza negativa, lo que significa que la sociedad está obligada a no atacar o violar, es decir, son derechos que imponen una abstención en los demás. En cambio, los derechos sociales son de naturaleza positiva, pues obligan a la sociedad a proporcionar a los beneficiarios ciertos bienes materiales aunque no tengan derecho a ellos. Es la gran trampa creadora de miseria y opresión.
Existe así entre ambos tipos de derechos una incompatibilidad de naturaleza, pues para cumplir con los derechos sociales la sociedad debe violar los derechos individuales, esto es, arrebatar compulsivamente a ciertos individuos parte de sus bienes para entregárselos a otros individuos bajo la forma de ayuda social. Se destruyen los derechos individuales en aras de un bien superior: el del pueblo.
Y allí, en consecuencia, los límites al poder desaparecen. Un ejemplo actual y patente de lo que ocurre en Venezuela, donde al país más rico de América Latina se lo ha convertido en pocos años en el tercero más pobre y opresivo, luego de Haití y de Cuba. Pues cuando se violan los derechos de los que satisfacen las necesidades, el sistema se hace ineficiente por falta de incentivos para producir. Y ello sin mencionar la cuestión moral involucrada, pues se vulnera el derecho de propiedad de un modo paladino.
El Peligro
Zaffaroni pretende eliminar los derechos individuales. Lo ha dicho expresamente en varias ocasiones, sosteniendo que los derechos sociales o humanos deben estar por encima de los derechos a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad. Y de esta manera se otorga al gobernante el poder político absoluto.
Quien resulte elegido por la mayoría del pueblo, tendría vía libre para confiscar bienes, aplicar tributos abusivos, encarcelar a los opositores, expulsarlos del país, obtener la impunidad por los delitos de gobierno, asegurar la impunidad a los correligionarios, y a ejecutar cuanto acto resulte conveniente a los intereses del gobernante. Y no es exageración lo que digo: allí tienen, reitero, a Venezuela luego de la reforma de su Constitución a manos del chavismo.
En Venezuela no existen los derechos individuales y por consiguiente el límite al poder. Y allí están los resultados del socialismo real, no del socialismo teórico y romántico que olvida que la violación al derecho de propiedad desarticula todos los incentivos para producir riqueza.
Cuando el kirchnerismo muestra su deseo de reformar la Constitución, no está haciendo más que buscar transformarnos en Venezuela. Los gobernantes llenos de riqueza, poder e impunidad, y los ciudadanos destruidos por la miseria. Cuando los derechos individuales son relativizados o desconocidos, se pierde la civilización y volvemos a la barbarie.



