Domingo, 09 Agosto 2020 21:00

Un Bolsonaro de bolsillo- Por Daniel Zolezzi

 

Bolsonaro llegó a la presidencia de Brasil, porque la gente estaba harta de una clase política que no lo representaba y que, además, estaba sumida en la corrupción. Al elegir a este militar retirado, la ciudadanía creyó que se recuperaría algo de moralidad en la administración pública y que se garantizarían ciertas pautas de seguridad. Se verá, cuando finalice su mandato, si realmente sucedió algo de eso.

Razones similares han dado lugar a que en Europa creciera la llamada “nueva derecha” y a que en Estados Unidos – nada menos – llegara a la presidencia un outsider del establishment político y financiero, como el discutido y pintoresco Donald Trump.

Bien. Si observamos la situación de nuestro país, el terreno está generosamente abonado para que aparezca un candidato “anti sistema” o, al menos, “ajeno al sistema”. En pocos lugares del mundo los políticos viven tan de espaldas a la realidad y tan ocupados en enriquecerse ilícitamente.

Alguien, en la mesa chica del poder K – tal vez su misma líder – ha advertido que ese espacio está vacante. Y se ha propuesto llenarlo. Eso sí, con alguien que maneje la Vice. Un Bolsonaro de bolsillo. Que marche dentro del andador de Cristina. Ese sería Sergio Berni, ministro de Seguridad de Kiciloff.

Claro que – como duro frente al delito – la carrera de Berni ofrece agujeros negros. Él se ha definido como “soldado de Cristina”. Y como médico militar - que ha sido - no ignora el grado de sumisión y de obediencia que un soldado debe a su jefe (o a su jefa).

Y resulta que las presidencias K han sido las más corruptas por las que ha transitado nuestra sufrida Argentina. Habiéndose proclamado subordinado de una Vice – procesada en un cúmulo de causas penales – la disposición de Berni a combatir el delito, al menos, el que se cometa en cierto nivel, resulta absolutamente increíble. Rateros son una cosa, poderosos otra.

Como si fuera poco, Berni ha salido a apoyar al intendente de José C. Paz, Mario Ishii. Sí, el que reprochaba a los conductores de ambulancias que hacían un reclamo sindical, sin tener en cuenta que él “los bancaba cuando ellos distribuían falopa” (con esas ambulancias).

Para hacerlo, no se le ocurrió a Berni nada mejor que repetir una muletilla política. Dijo que a Ishii “lo habían sacado de contexto”. Como si esa frase pudiera insertarse en algún contexto que no sea el que Ishii los autoriza a traficar droga. Usando para ello, no faltaba más, las ambulancias. Que así, distraídas de su destino específico, pueden llegar tarde o nunca a cumplirlo.

Por eso, el embrionario “hombre de orden” no resulta creíble. Aunque polemice con la inconcebible Ministra de Seguridad, Sabina Frederic. No hay “duro” provincial contra garantista nacional. Ambos responden a la misma patrona. Uno directamente, la otra a través del Presidente intermediario.

¿Puede imaginarse que Berni, una vez lanzado al espacio político, adquiera vuelo propio? ¿Qué intente buscar los votos de la gente que quiere algo de orden en nuestro desquiciado país?

Puede ser. Pero le será muy difícil conseguirlo, toda vez que “sus muchachos”, es decir, los de la Cámpora, no pueden abandonar el barco K, a cuyo destino están atados de pies y manos. No son creíbles en ningún otro lugar.

La jugada tiene su cierto ingenio. Total, en la tripulación de ese barco encuentran lugar tanto Milani como Bonafini. Eso sí, tan plural tripulación responde a un férreo timón. El que empuña Cristina. Su Bolsonaro no asomará nunca del bolsillo de la capitana.

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